La clonación en Panamá
L a imperante necesidad de adaptarnos a las exigencias globales, produce situaciones contradictorias en nuestro suelo. Por un lado, estamos confrontando problemas nacionales profundos en educación, desempleo y corrupción, lo cual exige mejor legislación. Pero, por otro, es necesario tomar la iniciativa para mantenernos a la par de las exigencias mundiales, justificación que da luz verde a la promulgación de normas como la Ley No. 3 de 15 de enero de 2004, "que prohíbe toda forma de clonación humana y dicta otras disposiciones".
La vigencia de dicha ley ha despertado el debate y la adversidad de grupos que consideran que la mencionada ley se ha desarrollado sin la debida consulta, que cómo gestores interesados, debieron integrar la cadena multidisciplinaria que estableciera los lineamientos del tema.
La génesis de esta disyuntiva es razonable si observamos que la tendencia mundial no se ha unificado sobre el particular, muchos expertos se abstienen de participar por las controvertidas posiciones que se manejan en los distintos países del orbe, no hay nada concluyente, y nadie es dueño de la verdad absoluta; sin embargo, la clonación humana conlleva intrínsicamente factores económicos y legales bien definidos, los cuales un país como el nuestro, no está preparado para afrontar. Por lo que la álgida decisión de prohibir la clonación en Panamá, para la creación de otro ser humano, la observo como la solución salomónica de una disyuntiva moral que evoca de lo más profundo del hombre.
Solventado lo primero, nos deja el camino abierto para la argumentación sobre la disposición de la reparación de órganos como prevención y cura de enfermedades, la llamada "clonación terapéutica".
El espíritu de la ley sólo permite que se efectúe dicha clonación en el interesado, lo que impide la experimentación, que como paso del método científico, se debe desarrollar para lograr el perfeccionamiento de la técnica.
Hoy, diversos países han desarrollado lo que ellos denominan la "célula madre", a partir de la cual se pretenden desarrollar otras células específicas, lo que implica que aún faltan muchas etapas para lograr los efectos terapéuticos concretos. Si a lo anterior le sumamos la prohibición de cualquier interés lucrativo para quien otorgue el consentimiento, tendríamos una situación utópica, ya que la industria farmacéutica, invierte en investigación con el interés de que al desarrollar algún proceso, posteriormente obtenga un retorno económico por el tiempo y costo de la inversión.
Reconozco que el talón de Aquiles está condicionado por fuertes matices morales, y hasta que no sea debidamente evaluado será objeto de presiones de diversos sectores.
También, la ley esboza que la persona que incurra en alguna de las prohibiciones será sancionado con una multa hasta de un millón de dólares, queda por reglamentar los mecanismos que establecerán las penas, incluyendo la identificación del juzgado que lo resolverá, y el tipo de fiscalía que manejará los casos que surjan, habrá que definir si se puede perseguir de oficio, e inclusive normar si la sanción será únicamente económica o incurrirá en pena privativa de la libertad.
Soy de la opinión que todo método o procedimiento médico no debe ser patentado, porque cumple un fin superior, como bien lo señala la ley panameña sobre propiedad industrial, donde no considera como invención todos los métodos de tratamiento quirúrgico o terapéutico, aplicables al cuerpo humano.
No obstante, aun cuando se ha manipulado gran cantidad de datos y se han abierto nuevos horizontes, pudiéramos inferir que la caja de Pandora también se ha develado, por lo que no puedo dejar pasar la gran interrogante sobre la presunta invasión a la privacidad, la cual inició desde los años 1990 con el proyecto del "Genoma Humano", misma que sentó las bases para lo que hoy se ventila como clonación, debido a que dicho precepto de privacidad queda a todas luces violado, cuando a través de estos mecanismos desglosan nuestra información genética; con efectos que pueden manifestarse, por ejemplo, al momento que se aplica a una plaza de trabajo o se solicita un seguro de vida u hospitalización, ya que el acceso de terceras personas a nuestra cadena genética puede evidenciar posibles enfermedades a las cuales seríamos propensos, pero que no necesariamente lleguemos a padecer.
Dicho análisis tiene la otra cara de la moneda, con la cual se permitiría la prevención de posibles padecimientos a razón de nuestra disposición genética.
Por consiguiente, es muy importante que la legislación con la cual se vaya a reglamentar la materia, no adolezca del debido proceso de investigación e información que le atribuyen a la precitada ley; ya que la misma no puede ser vulnerable y escueta, al intentar sentar las bases de un tema tan controversial como este; aprovechando la oportunidad para hacer una amplia consulta, de manera que estructuremos un sistema legal propenso a la inversión y de acuerdo a la evolución de las demandas en el ámbito internacional, pero que siempre respete la dignidad y la vida humana.
Caminemos con leyes vanguardistas en la región como la de la clonación en Panamá, pero nunca olvidemos que tenemos que seguir creando el marco jurídico que promueva la equidad, desarrollo económico y social, además de fortalecer la democracia como sistema de gobierno; no hay dudas, que nos hace falta mucho por hacer para corregir la injusticia, las enfermedades y la impunidad en el país, sólo así podremos contribuir a la dignidad del ser humano, mientras tanto todo será una utopía.
La vigencia de dicha ley ha despertado el debate y la adversidad de grupos que consideran que la mencionada ley se ha desarrollado sin la debida consulta, que cómo gestores interesados, debieron integrar la cadena multidisciplinaria que estableciera los lineamientos del tema.
La génesis de esta disyuntiva es razonable si observamos que la tendencia mundial no se ha unificado sobre el particular, muchos expertos se abstienen de participar por las controvertidas posiciones que se manejan en los distintos países del orbe, no hay nada concluyente, y nadie es dueño de la verdad absoluta; sin embargo, la clonación humana conlleva intrínsicamente factores económicos y legales bien definidos, los cuales un país como el nuestro, no está preparado para afrontar. Por lo que la álgida decisión de prohibir la clonación en Panamá, para la creación de otro ser humano, la observo como la solución salomónica de una disyuntiva moral que evoca de lo más profundo del hombre.
Solventado lo primero, nos deja el camino abierto para la argumentación sobre la disposición de la reparación de órganos como prevención y cura de enfermedades, la llamada "clonación terapéutica".
El espíritu de la ley sólo permite que se efectúe dicha clonación en el interesado, lo que impide la experimentación, que como paso del método científico, se debe desarrollar para lograr el perfeccionamiento de la técnica.
Hoy, diversos países han desarrollado lo que ellos denominan la "célula madre", a partir de la cual se pretenden desarrollar otras células específicas, lo que implica que aún faltan muchas etapas para lograr los efectos terapéuticos concretos. Si a lo anterior le sumamos la prohibición de cualquier interés lucrativo para quien otorgue el consentimiento, tendríamos una situación utópica, ya que la industria farmacéutica, invierte en investigación con el interés de que al desarrollar algún proceso, posteriormente obtenga un retorno económico por el tiempo y costo de la inversión.
Reconozco que el talón de Aquiles está condicionado por fuertes matices morales, y hasta que no sea debidamente evaluado será objeto de presiones de diversos sectores.
También, la ley esboza que la persona que incurra en alguna de las prohibiciones será sancionado con una multa hasta de un millón de dólares, queda por reglamentar los mecanismos que establecerán las penas, incluyendo la identificación del juzgado que lo resolverá, y el tipo de fiscalía que manejará los casos que surjan, habrá que definir si se puede perseguir de oficio, e inclusive normar si la sanción será únicamente económica o incurrirá en pena privativa de la libertad.
Soy de la opinión que todo método o procedimiento médico no debe ser patentado, porque cumple un fin superior, como bien lo señala la ley panameña sobre propiedad industrial, donde no considera como invención todos los métodos de tratamiento quirúrgico o terapéutico, aplicables al cuerpo humano.
No obstante, aun cuando se ha manipulado gran cantidad de datos y se han abierto nuevos horizontes, pudiéramos inferir que la caja de Pandora también se ha develado, por lo que no puedo dejar pasar la gran interrogante sobre la presunta invasión a la privacidad, la cual inició desde los años 1990 con el proyecto del "Genoma Humano", misma que sentó las bases para lo que hoy se ventila como clonación, debido a que dicho precepto de privacidad queda a todas luces violado, cuando a través de estos mecanismos desglosan nuestra información genética; con efectos que pueden manifestarse, por ejemplo, al momento que se aplica a una plaza de trabajo o se solicita un seguro de vida u hospitalización, ya que el acceso de terceras personas a nuestra cadena genética puede evidenciar posibles enfermedades a las cuales seríamos propensos, pero que no necesariamente lleguemos a padecer.
Dicho análisis tiene la otra cara de la moneda, con la cual se permitiría la prevención de posibles padecimientos a razón de nuestra disposición genética.
Por consiguiente, es muy importante que la legislación con la cual se vaya a reglamentar la materia, no adolezca del debido proceso de investigación e información que le atribuyen a la precitada ley; ya que la misma no puede ser vulnerable y escueta, al intentar sentar las bases de un tema tan controversial como este; aprovechando la oportunidad para hacer una amplia consulta, de manera que estructuremos un sistema legal propenso a la inversión y de acuerdo a la evolución de las demandas en el ámbito internacional, pero que siempre respete la dignidad y la vida humana.
Caminemos con leyes vanguardistas en la región como la de la clonación en Panamá, pero nunca olvidemos que tenemos que seguir creando el marco jurídico que promueva la equidad, desarrollo económico y social, además de fortalecer la democracia como sistema de gobierno; no hay dudas, que nos hace falta mucho por hacer para corregir la injusticia, las enfermedades y la impunidad en el país, sólo así podremos contribuir a la dignidad del ser humano, mientras tanto todo será una utopía.