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La Comisión Nacional de Folclor


La muerte de Carlos Isaac "Ñato Califa", y los once integrantes de su conjunto, en un accidente de tránsito a mediados de este mes, provocó que por un instante apenas el país entero volviera los ojos hacia esos panameños y panameñas que se distinguen por arar en el mar: los folcloristas.
Son artesanos de la música, del canto, de la pintura y las tradiciones. Son apasionados de la creación popular que, a cambio de casi nada, mantienen viva una pequeña de luz de la identidad nacional. No obstante la indeferencia generalizada, los trabajadores del folclor no cejan, y se mantienen con fidelidad religiosa a la sombra del acordeón, el sombrero pinta´o, y la máscara de diablo espejo.
Fue una lástima que, luego de la partida inesperada de "Toño", la Comisión desacelerara su paso, hasta llegar a la inacción total. Como consecuencia, el tema folclor volvió una vez más al rincón oscuro de una forma muy sutil de discriminación.
Ahora que la Comisión ha vuelto a reverdecer su agenda, sería oportuno que el ministerio de Educación la utilice para que la atención de los panameños al tema no palidezca. Para eso, hay que proveer a esta entidad de fondos suficientes para promocionar los valores autóctonos, esos que nos permiten levantar la cabeza con dignidad porque tenemos algo nuestro, que nos ayudan a reconocernos como parte de un solo cuerpo con características propias, lleno de color y formas particulares, un todo único arrullado por el gorjeo melodioso de la titibúa: Panamá.

101 años de Panamá América

 
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