La competencia logró descifrar el código genético
Chicago (AIPE)- La competencia estimula los nuevos descubrimientos al incitar a un mayor esfuerzo y fomentar enfoques alternos en los retos científicos y en los problemas industriales. Un buen ejemplo de cómo la competencia puede producir resultados extraordinarios lo encontramos en los esfuerzos de la última década por trazar el mapa y la secuencia del genoma humano de entre 60 mil y 100 mil genes.
En 1990, el Instituto Nacional de la Salud y el Departamento de Energía de Estados Unidos iniciaron el Proyecto del Genoma Humano en colaboración con el gobierno británico y algunas empresas privadas. Estos entes públicos y privados decidieron no competir entre sí, sino más bien aportar sus científicos y conocimientos a un programa conjunto para descubrir los misterios del genoma humano. Anunciaron que les llevaría hasta el año 2005 hacerlo, pero que tan tremenda proeza podría tomar aun más tiempo.
Parecía que ese gran proyecto oficial sería el mejor camino porque podría escoger el mejor enfoque, a la vez que evitar la duplicación de esfuerzos y la falta de colaboración que surgiría con programas separados, en competencia. Sin embargo, la gran importancia de la competencia fue una vez más demostrada por el reto lanzado por un científico algo controversial, J. Craig Venter.
Ocho años después de comenzado el proyecto oficial, una pequeña empresa dirigida por Venter, Celera Genomics fue fundada por la compañía PE Corp. para desarrollar su propio mapa del genoma humano, en competencia directa con el proyecto patrocinado por el gobierno. Venter se jactaba de que su grupo lo completaría para el año 2000 o 2001, varios años antes que sus rivales. Tal pronóstico era descartado por la comunidad científica como poco realista y exageradamente optimista.
Pero en poco tiempo, Venter reveló que su empresa estaba avanzando a mayor velocidad que el proyecto oficial. Celera tomó el camino del uso intenso de computadoras, basado en técnicas de secuencias desarrolladas por sus propios científicos, usando también la base de datos producida por el proyecto gubernamental. Aunque la competencia entre dos diferentes enfoques condujo a amargos pleitos públicos entre Venter y el Dr. Francis S. Collins, director Instituto Nacional de Investigaciones del Genoma Humano, el más rápido adelanto de Celera aguijoneó el trabajo oficial.
Celera dio un salto adelante al utilizar 300 muy veloces secuenciadoras del ADN. Esto provocó que el proyecto gubernamental adquiriera unas 200 de estas máquinas. Y como ahora podían avanzar más rápidamente, el grupo gubernamental comenzó a pronosticar que completaría el proyecto en fechas más próximas. Hace un par de meses, el presidente Clinton y los encargados de ambos programas anunciaron conjuntamente que prácticamente habían logrado completar el mapa genético humano. Al lograr adelantar el proceso de comprensión del código genético -la esencia de la "vida"- en varios años, la competencia aportada por Celera puede salvar miles de vidas con el más temprano descubrimiento de nuevas maneras de prevenir y curar enfermedades mortales.
Los deportistas saben que logran correr o nadar más rápido cuando confrontan la competencia de formidables oponentes. Pero este trazado competitivo del genoma humano se basó en otra gran carrera científica anterior en descubrir la estructura del ADN. En su encantador libro, La doble hélice, James Watson describe cómo a principios de los años 50 la competencia entre el grupo bajo él y Francis Crick con el grupo dirigido por Linus Pauling hizo que ambos trabajaran más duro en resolver el misterio del ADN. Watson y Crick ganaron esa competencia y al poco tiempo recibieron el premio Nobel por sus magníficos logros, un premio que ellos sabían iría a manos del ganador de la carrera.
Algunos funcionarios públicos han expresado preocupación por el plan de Celera de patentar y obtener ganancias por la información lograda, aunque la empresa ha prometido dar a conocer todo su conocimiento científico básico. Tales críticas ignoran la importancia de los incentivos en provocar que los científicos y las empresas hagan grandes esfuerzos en lograr tales descubrimientos. Celera no hubiese encarado la tarea de trazar el mapa del genoma humano y, por lo tanto, no hubiese retado exitosamente al proyecto oficial y hacerlo avanzar más rápidamente si no esperara obtener ganancias por sus descubrimientos.
Las empresas farmacéuticas y biotécnicas están compitiendo en muchas carreras para desarrollar nuevos medicamentos, nuevas técnicas y nuevos procedimientos en la lucha contra las enfermedades. Los victoriosos generalmente reciben patentes que les permiten obtener ganancias al gozar de derechos de propiedad exclusivos durante un tiempo. El sistema de patentes reconoce que si bien la competencia en descubrir nuevos métodos y productos a menudo significan alguna duplicación de esfuerzos, también produce mayor diversidad de enfoques y ejerce presión en los participantes a avanzar con rapidez.
Con sus recursos y estructura de incentivos, quizá el consorcio internacional fue sabio en establecer un solo programa
para trazar el genoma humano. Pero el mundo entero tuvo suerte en que el proyecto oficial no gozara de un monopolio, ya
que fue una empresa privada pequeña la que aportó la muy necesaria competencia, dinámica y poderosa. (c)
www.aipenet.com
Premio Nobel 1992, profesor de economía de la Universidad de Chicago.
En 1990, el Instituto Nacional de la Salud y el Departamento de Energía de Estados Unidos iniciaron el Proyecto del Genoma Humano en colaboración con el gobierno británico y algunas empresas privadas. Estos entes públicos y privados decidieron no competir entre sí, sino más bien aportar sus científicos y conocimientos a un programa conjunto para descubrir los misterios del genoma humano. Anunciaron que les llevaría hasta el año 2005 hacerlo, pero que tan tremenda proeza podría tomar aun más tiempo.
Parecía que ese gran proyecto oficial sería el mejor camino porque podría escoger el mejor enfoque, a la vez que evitar la duplicación de esfuerzos y la falta de colaboración que surgiría con programas separados, en competencia. Sin embargo, la gran importancia de la competencia fue una vez más demostrada por el reto lanzado por un científico algo controversial, J. Craig Venter.
Ocho años después de comenzado el proyecto oficial, una pequeña empresa dirigida por Venter, Celera Genomics fue fundada por la compañía PE Corp. para desarrollar su propio mapa del genoma humano, en competencia directa con el proyecto patrocinado por el gobierno. Venter se jactaba de que su grupo lo completaría para el año 2000 o 2001, varios años antes que sus rivales. Tal pronóstico era descartado por la comunidad científica como poco realista y exageradamente optimista.
Pero en poco tiempo, Venter reveló que su empresa estaba avanzando a mayor velocidad que el proyecto oficial. Celera tomó el camino del uso intenso de computadoras, basado en técnicas de secuencias desarrolladas por sus propios científicos, usando también la base de datos producida por el proyecto gubernamental. Aunque la competencia entre dos diferentes enfoques condujo a amargos pleitos públicos entre Venter y el Dr. Francis S. Collins, director Instituto Nacional de Investigaciones del Genoma Humano, el más rápido adelanto de Celera aguijoneó el trabajo oficial.
Celera dio un salto adelante al utilizar 300 muy veloces secuenciadoras del ADN. Esto provocó que el proyecto gubernamental adquiriera unas 200 de estas máquinas. Y como ahora podían avanzar más rápidamente, el grupo gubernamental comenzó a pronosticar que completaría el proyecto en fechas más próximas. Hace un par de meses, el presidente Clinton y los encargados de ambos programas anunciaron conjuntamente que prácticamente habían logrado completar el mapa genético humano. Al lograr adelantar el proceso de comprensión del código genético -la esencia de la "vida"- en varios años, la competencia aportada por Celera puede salvar miles de vidas con el más temprano descubrimiento de nuevas maneras de prevenir y curar enfermedades mortales.
Los deportistas saben que logran correr o nadar más rápido cuando confrontan la competencia de formidables oponentes. Pero este trazado competitivo del genoma humano se basó en otra gran carrera científica anterior en descubrir la estructura del ADN. En su encantador libro, La doble hélice, James Watson describe cómo a principios de los años 50 la competencia entre el grupo bajo él y Francis Crick con el grupo dirigido por Linus Pauling hizo que ambos trabajaran más duro en resolver el misterio del ADN. Watson y Crick ganaron esa competencia y al poco tiempo recibieron el premio Nobel por sus magníficos logros, un premio que ellos sabían iría a manos del ganador de la carrera.
Algunos funcionarios públicos han expresado preocupación por el plan de Celera de patentar y obtener ganancias por la información lograda, aunque la empresa ha prometido dar a conocer todo su conocimiento científico básico. Tales críticas ignoran la importancia de los incentivos en provocar que los científicos y las empresas hagan grandes esfuerzos en lograr tales descubrimientos. Celera no hubiese encarado la tarea de trazar el mapa del genoma humano y, por lo tanto, no hubiese retado exitosamente al proyecto oficial y hacerlo avanzar más rápidamente si no esperara obtener ganancias por sus descubrimientos.
Las empresas farmacéuticas y biotécnicas están compitiendo en muchas carreras para desarrollar nuevos medicamentos, nuevas técnicas y nuevos procedimientos en la lucha contra las enfermedades. Los victoriosos generalmente reciben patentes que les permiten obtener ganancias al gozar de derechos de propiedad exclusivos durante un tiempo. El sistema de patentes reconoce que si bien la competencia en descubrir nuevos métodos y productos a menudo significan alguna duplicación de esfuerzos, también produce mayor diversidad de enfoques y ejerce presión en los participantes a avanzar con rapidez.
Con sus recursos y estructura de incentivos, quizá el consorcio internacional fue sabio en establecer un solo programa
para trazar el genoma humano. Pero el mundo entero tuvo suerte en que el proyecto oficial no gozara de un monopolio, ya
que fue una empresa privada pequeña la que aportó la muy necesaria competencia, dinámica y poderosa. (c)
www.aipenet.com
Premio Nobel 1992, profesor de economía de la Universidad de Chicago.