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La comunicación presidencial


La presidenta Moscoso se ha quejado, reiterada y amargamente, del mal trato que siente que le han otorgado, frente a su gestión pública, los medios de comunicación social. Recordamos que al ex mandatario Endara tampoco le fue muy bien con los comunicadores y en sus últimos dos años recibió palizas fuertes. La tarea de "vender la imagen del gobierno" ha sido una especie de epidemia endémica, porque también Pérez Balladares tuvo serios encontrones, especialmente por su carácter, con distintos periodistas.
¡Cuán difícil es conciliarse a nivel promedio con la prensa en general! Es natural que los mandatarios deseen una prensa animosa, estimulante para la gestión que realizan.
Los que tenemos alguna experiencia en comunicación y los periodistas profesionales, sabemos cuánto se llenan de remitidos, circulares, memorandos, faxes de distintos despachos públicos, las redacciones de radio, prensa y televisión. Normalmente, es fastidioso y aburrido que hayan deseos de reproducir papeles enviados por docenas, casi siempre simple propaganda, que adolecen de dinámica y novedades, por lo cual suelen terminar en la basura.
Martín Torrijos, nuestro flamante presidente electo, tendrá uno de sus más grandes desafíos en esa misma tarea, poder comunicar lo que hará él y su equipo de gobierno. Necesita verdaderos magos en esa función. Para que dicho lenguaje sea efectivo, diga lo que diga, tendrá que comenzar por ser creíble para los comunicadores y, para tal efecto, los coordinadores tendrán que ser suficientemente potables para los periodistas, lo que ya es un enorme desafío porque, como en otros gremios, entre comunicadores y periodistas existen celos.
Además de que el lenguaje sea creíble, tiene que ser inteligente, dinámico, por lo cual esa costumbre de circulares, memorandos, etc., debiera ser remplazada por algún tipo de comunicación más directa y motivadora. Hay muchos "especialistas en la comunicación", pero aún con ellos suele ocurrir que algunos no saben comunicarse a nivel emocional.
Bien conocido es lo heterogeneidad de los periodistas, sus distintos colores, los temperamentos hipersensibles de muchos. Recuerdo que el General Omar Torrijos, haciendo abstracción de sabor político, colocó muchos años atrás a un profesional con altísimas calificaciones técnicas en una alta posición del engranaje estatal, habida cuenta de que era uno de los más preparados. Poco tiempo después me comentaba: "!Qué problema!, este señor no tiene competencia como técnico, como profesional; pero tengo que hacerle yo su trabajo, porque sus secretarias me llaman tres veces al día; ni ellas ni el público aguantan su trato". Como resultado tuvo algún tiempo después que buscar un pretexto para sacarlo. Gran lección de lo que significa inteligencia intelectual, racional, y la enorme brecha que existe con el manejo adecuado de las emociones, asunto que todos debemos repasar constantemente.
Buena parte del quid del asunto radica en la personalidad del funcionario, en su sentido humano, sencillez o, por lo contrario, su arrogancia. Panamá gradúa constantemente empleados públicos que olvidan que son instrumentos de servicio, que el Estado somos todos, que todos pagamos sus sueldos con nuestros impuestos cancelados, y que, además, los cargos son bastante pasajeros; lo decimos porque es tan frecuente encontrar secretarias de secretarias que a la vez son secretarias de altos funcionarios, que al instalarse en sus cargos de inmediato asimilan ese mal generalizado de la prepotencia del que tiene que atender a otro, y en vez de dar gracias a Dios porque les pone en disposición de servir, de otorgar buen trato, extender con humildad la mano al que lo requiere, adoptan aires de hijas de Napoleón con Josefina.
Pienso que en un país donde seguirá siendo tan difícil, tan casi imposible, casi, no imposible, llevar soluciones a las mayorías, ofrecer empleos, mejoras económicas, seguridad social amplia, educación, etc., al menos la sencillez, lo accesible, el trato humano de los funcionarios y funcionarias, lograrían llevar eso que todos apreciamos: el trato afable, cordial, especialmente de quienes han sido elegidos o nombrados para eso, para servir precisamente. Ojalá el nuevo Presidente, que ofreció una cátedra de buenos modales y se distanció del insulto en su campaña, que toleró ofensas, mande una clara línea de buen trato a los ciudadanos. Ello, seguro, será recogido por los comunicadores. Y ya será un logro.

101 años de Panamá América

 
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