La conducta criminal de un conductor
Los conductores transportistas del volante han estado provocando terror y tragedias de forma temeraria a la población panameña. Por la falta de una verdadera sanción moral y judicial, humildes panameños han perdido la vida. Pero de este asunto tan sólo se habla de manera circunstancial, como ocurren con algunas cosas en mi país, dependiendo de los intereses de grupos y nada más. El desorden hace pensar que las reglas de juegos no están del todo claras por los muchos hechos dolorosos que estas personas cometen.
El servicio de pasajeros debe estar en cabezas equilibradas y, partiendo de lo que esto significa, las autoridades debieron hace tiempo tomar acciones, para que sean profesionalizados y preparados para esta rutina diaria. Muchos de estos conductores, la mayoría, son personas que sólo poseen la habilidad de conducir un vehículo, sin la debida preparación mental y capacidad intelectual y de buenos modales para conducirse frente a los ciudadanos que los abordan.
Las autoridades deben exigir a los dirigentes de este servicio que eduquen a sus miembros, con una educación de respeto a la vida, un riguroso examen de docencia en la escuela vial que incluya cómo dar servicio al público, manejo defensivo, relaciones humanas, un certificado estricto de salud mental cada seis meses, en que los especialistas de la conducta humana testifiquen que dicho conductor está apto para tan delicada labor.
Ahora bien, no sólo me he de referir a los transportistas sino también a toda aquella persona que conduce irresponsablemente un vehículo en este país. Lo sorprendente de este tipo de conductores es que se hinchan de poder y se transforman y manifiestan conductas agresivas y tienden a reaccionar con respuestas fisiológicas asociadas con la hostilidad y el desafío. El conducir para ellos es una fuente constante de estrés que, con el paso del tiempo, los afecta psicológicamente.
La conducción agresiva puede ser causada por los viajes cada vez más largos, la congestión del tráfico y el comportamiento de otros conductores, por su propio estado de ánimo y sus reacciones, velocidad excesiva, hacer cambios de carril peligrosos, giros inapropiados, ignorar el derecho de paso, desobedecer las señales de tráfico, adelantamientos peligrosos, tocar la bocina, hacer gestos ofensivos o insultar a otros conductores. No hay que confundir la conducción agresiva con la furia del conductor que es un acto criminal en el que un conductor trata de herir o matar intencionalmente a otro conductor, pasajero o peatón.
La conducción no es una carrera; no debe ser una competencia para ver quién termina primero o de actuar de modo descortés para ahorrarse unos minutos. Mantenga la tranquilidad en el camino y viva y deje vivir para trabajar y disfrutar un día más.
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