La conquista es interminable
Cada año por el mes de octubre, las ancianas Kuna, Ngöbe, Naso, Buglé, Emberá, Wounan Bri Bri, queman las hojas de ají, fuman su tabaco, danzan el baile de las mariposas, tejen la chácara, para que nunca vuelva a suceder el día del holocausto y aquella fecha nos recuerde a miles de hermanos y hermanas, sabios y sabias, médicos y médicas botánicas indígenas que ofrendaron sus vidas en la lucha-produciendo historia. Esta historia siempre presente evoca la leña incandescente, provoca esperanza abierta y convoca la lucha por más vida digna.
Los ríos y veredas son testigos mudos de este día en que se apagó el abuelo sol de protesta; el hermano luna perdió su color para apoyar las huidas; los cerros y montañas en su vientre tienen escritas en letras indelebles: el hambre, acoso, lucha, estrategias de nuestros pueblos. Es la historia siempre presente. Sin embargo, poco ha cambiado desde esta época.
Las estructuras socio-económicas de Panamá siguen movidas por este espíritu conquistador que cabalga hoy con nuevos bríos y con nombre propio: globalización de matriz neoliberal. Este sistema, además de ser económico, forma en ideas, valores y visión única de ver el mundo y humanidad.
El dinamismo arrollador del neoliberalismo destruye hoy la riqueza biológica y cultural del mundo material y espiritual, resultado de tres mil años de vida de intercambiado de genes, especies, ecosistemas y pueblos con diversas lenguas, historias y modos distintos de habérselas con la realidad.
La presencia de los pueblos Ngöbe, Emberá, Buglé, Wounaan, Naso, Kuna y Bri Bri, constatan multiculturalidad y presentan a pueblos que se resisten a morir. "Quemaron nuestras ramas y cortaron el tronco, pero no pudieron secar nuestras raíces", dirá un poema que recorren el mundo transcriptas en camisetas. Y es en estos territorios donde se asientan la mayor parte de esta diversidad.
Esta multiculturalidad, desde la conquista hasta nuestros días, no es reconocida, al contrario sus derechos anteriores, previos a la creación de la República, son negados por la política gubernamental de integración que promueve uniformidad y homogeneiza a los primeros pobladores.
Esta práctica se mantiene a pesar de los discursos gubernamentales que manifiestan "buena voluntad", en apoyar a los pueblos indígenas pero quedan en folklor y colorismo.
Para corroborar lo anterior preguntémonos, ¿cuántos proyectos desde 1903, han pasado por las Comarcas y territorios indígenas. Dónde sus resultados? ¿Cuántos programas de capacitación se han realizado por las instituciones nacionales e internacionales en sus territorios?
Con estos programas ¿Se ha disminuido o erradicado la pobreza extrema? ¿Nuestro sistema es equitativo y justo con estas comunidades? ¿Sus habitantes están capacitados para defenderse en nuestra sociedad competitiva? ¿Son sostenibles sus comunidades?
¿La educación forma desde la identidad que los ayuda a enfrentar el reto del tercer milenio? Desgraciadamente, la respuesta es No.
Si leemos los informes de la OIT, UNICEF, UNESCO, Ministerio de Salud, Banco Mundial, presentan el mapa del empobrecimiento y exclusión en los territorios indígenas. Dirá un intelectual o consultor nacional o internacional, "ellos les gusta vivir así"; "es su cultura"; ¡Pobres ignorantes!
No basta, pues, tener leyes, organismos e instituciones para los pueblos indígenas, sino qué se hace para aplicarlas y qué programas y proyectos planeados, ejecutados y evaluados desde y con estas comunidades.
Mientras la modernización de Panamá, construye grandes carreteras y corredores, hoteles y edificios que deslumbran, carros de lujo por nuestras calles; computadoras e internet; ¿llegan los beneficios de la globalización a los empobrecidos de este país?
Cada día a nivel nacional aumenta la pérdida gradual de identidad como pueblos, añorando a soldados gringos; la participación política es electoral; cada vez está agónica y moribunda la democracia panameña en lo que se refiere a lo social y económico. Nuestras estructuras políticas, comunitarias y locales cada vez más se debilitan. ¿Acaso la conquista no es interminable?. La nueva conquista hace de las suyas.
En este sentido, si de veras queremos cortar la unión umbilical, con esta historia nefasta, debemos modernizar nuestro país en principio reconociendo y permitiendo que los pueblos indígenas reproduzcan su autonomía desde la unidad en la diversidad.
La autonomía de los pueblos indígenas debe ser una forma de lucha por una democracia participativa, alimentado con el caudal comunitario frente a una sociedad cada vez individualista; animado por la solidaridad frente al desamparo de la cantidad de empobrecidos y excluidos.
Así pues, debemos fincar nuestra fortaleza en la historia de lo autóctono, fomentar la esperanza en nuestras escuelas; aprender de los pueblos indígenas en lugar de combatirlos; incorporar los usos y costumbres de los pueblos indígenas ya que da plena realización de la igualdad y la libertad de los individuos redistribuye el poder, y termina con el espíritu conquistador.
Organismo privado que promueve el conocimiento indígena y solidaridad entre los pueblos.
Los ríos y veredas son testigos mudos de este día en que se apagó el abuelo sol de protesta; el hermano luna perdió su color para apoyar las huidas; los cerros y montañas en su vientre tienen escritas en letras indelebles: el hambre, acoso, lucha, estrategias de nuestros pueblos. Es la historia siempre presente. Sin embargo, poco ha cambiado desde esta época.
Las estructuras socio-económicas de Panamá siguen movidas por este espíritu conquistador que cabalga hoy con nuevos bríos y con nombre propio: globalización de matriz neoliberal. Este sistema, además de ser económico, forma en ideas, valores y visión única de ver el mundo y humanidad.
El dinamismo arrollador del neoliberalismo destruye hoy la riqueza biológica y cultural del mundo material y espiritual, resultado de tres mil años de vida de intercambiado de genes, especies, ecosistemas y pueblos con diversas lenguas, historias y modos distintos de habérselas con la realidad.
La presencia de los pueblos Ngöbe, Emberá, Buglé, Wounaan, Naso, Kuna y Bri Bri, constatan multiculturalidad y presentan a pueblos que se resisten a morir. "Quemaron nuestras ramas y cortaron el tronco, pero no pudieron secar nuestras raíces", dirá un poema que recorren el mundo transcriptas en camisetas. Y es en estos territorios donde se asientan la mayor parte de esta diversidad.
Esta multiculturalidad, desde la conquista hasta nuestros días, no es reconocida, al contrario sus derechos anteriores, previos a la creación de la República, son negados por la política gubernamental de integración que promueve uniformidad y homogeneiza a los primeros pobladores.
Esta práctica se mantiene a pesar de los discursos gubernamentales que manifiestan "buena voluntad", en apoyar a los pueblos indígenas pero quedan en folklor y colorismo.
Para corroborar lo anterior preguntémonos, ¿cuántos proyectos desde 1903, han pasado por las Comarcas y territorios indígenas. Dónde sus resultados? ¿Cuántos programas de capacitación se han realizado por las instituciones nacionales e internacionales en sus territorios?
Con estos programas ¿Se ha disminuido o erradicado la pobreza extrema? ¿Nuestro sistema es equitativo y justo con estas comunidades? ¿Sus habitantes están capacitados para defenderse en nuestra sociedad competitiva? ¿Son sostenibles sus comunidades?
¿La educación forma desde la identidad que los ayuda a enfrentar el reto del tercer milenio? Desgraciadamente, la respuesta es No.
Si leemos los informes de la OIT, UNICEF, UNESCO, Ministerio de Salud, Banco Mundial, presentan el mapa del empobrecimiento y exclusión en los territorios indígenas. Dirá un intelectual o consultor nacional o internacional, "ellos les gusta vivir así"; "es su cultura"; ¡Pobres ignorantes!
No basta, pues, tener leyes, organismos e instituciones para los pueblos indígenas, sino qué se hace para aplicarlas y qué programas y proyectos planeados, ejecutados y evaluados desde y con estas comunidades.
Mientras la modernización de Panamá, construye grandes carreteras y corredores, hoteles y edificios que deslumbran, carros de lujo por nuestras calles; computadoras e internet; ¿llegan los beneficios de la globalización a los empobrecidos de este país?
Cada día a nivel nacional aumenta la pérdida gradual de identidad como pueblos, añorando a soldados gringos; la participación política es electoral; cada vez está agónica y moribunda la democracia panameña en lo que se refiere a lo social y económico. Nuestras estructuras políticas, comunitarias y locales cada vez más se debilitan. ¿Acaso la conquista no es interminable?. La nueva conquista hace de las suyas.
En este sentido, si de veras queremos cortar la unión umbilical, con esta historia nefasta, debemos modernizar nuestro país en principio reconociendo y permitiendo que los pueblos indígenas reproduzcan su autonomía desde la unidad en la diversidad.
La autonomía de los pueblos indígenas debe ser una forma de lucha por una democracia participativa, alimentado con el caudal comunitario frente a una sociedad cada vez individualista; animado por la solidaridad frente al desamparo de la cantidad de empobrecidos y excluidos.
Así pues, debemos fincar nuestra fortaleza en la historia de lo autóctono, fomentar la esperanza en nuestras escuelas; aprender de los pueblos indígenas en lugar de combatirlos; incorporar los usos y costumbres de los pueblos indígenas ya que da plena realización de la igualdad y la libertad de los individuos redistribuye el poder, y termina con el espíritu conquistador.
Organismo privado que promueve el conocimiento indígena y solidaridad entre los pueblos.