La constituyente, algo inevitable
El país se desenvuelve nuevamente en una vorágine de problemas institucionales, sociales, económicos, políticos, unidos al deterioro de la credibilidad en gran sector dirigencial, tanto en el sector público como en el privado, lo que incide en el comportamiento ciudadano y lesiona gravemente la imagen nacional. Tenemos que revisar la agenda de todos los panameños, para hacer conciencia de los asuntos que provocan el malestar colectivo, a fin de imponer las acciones, que si bien no logran una solución radical, proveen las posibilidades y mecanismos para resolver el problema que nos asfixia.
Repetidamente hemos sugerido, entre otras medidas, la elección de una Asamblea Constituyente para someter a su consideración y aprobación un nuevo estatuto orgánico del estado panameño.
Las justificaciones las hemos expuesto en conferencias que hemos dictado en varios seminarios gremiales y universitarios, además de las opiniones que nos han permitido exponer sobre el tema, los distintos medios de comunicación que albergan con frecuencia mis escritos. Desde antes de la toma de posesión de nuestra Sra. Presidenta, advertí la dificultad que enfrentaría en su gestión, bajo el título "Ingobernabilidad a la vista". Igualmente expuse mis apreciaciones sobre los "Temas del diálogo" y el vaticinio de los resultados que se confirman a cada instante.
Mientras no logremos modificar la Carta Magna, estaremos atados a situaciones que limitan la acción gubernamental, que frenan cualquier programa, porque tenemos por un lado, un sistema presidencialista con sus defectos, y un aparato legislativo diseñado para que crezca junto con la población, sumado todo ello a la necesidad de mejorar estructuralmente el Organo Judicial. Todo ello tiene que ser fruto de una entrega al país, de una constitución elaborada sin apasionamientos, divorciada del interés partidario particular, con ausencia de distintivos personales o políticos, pero con un acentuado patriotismo, para lo cual estoy seguro que contamos con el aporte de panameños ejemplares. No dudo que prominentes miembros, tanto del partido PRD como del arnulfismo y de los otros colectivos, han aceptado la necesidad de una nueva constitución. Existe alguna divergencia en el procedimiento, que no debe detener la medida, por cuanto que lo que nos interesa es el nuevo estatuto. Si revisamos las reformas parciales, ya hemos creado una cultura de rechazo, porque no se introducen las modificaciones que son necesarias y sólo se proponen las que interesan a determinados grupos.
Es indispensable revisar lo relativo al indulto, la censura a los funcionarios, la alternabilidad en los cargos públicos, las autonomías de las instituciones descentralizadas y su efectividad, lo relativo a la descentralización de la administración, adecuación del régimen municipal a la misma, la integración del Organo Legislativo, establecer su número de miembros y formas de elección en forma diferente, eliminar la partidocracia, considerar nuevos métodos para seccionar los magistrados de la Corte Suprema, etc.
Todo lo anterior nos obliga a una Asamblea Constituyente, en la que todos los panameños, sin distingos ni intereses partidarios o gremiales, sumemos esfuerzos y aportes, para dotar al país de un moderno instrumento que organice a Panamá como Estado y reafirme la calidad democrática de nuestra nación. Tenemos que convencernos que sin la Asamblea Constituyente, seguiremos marchando con la pesada carga de ingobernabilidad que soporta la ciudadanía. Hagamos todos un alto y pensemos en el futuro del país, pero con ánimo de obsequiar a las generaciones venideras, las posibilidades de un mejor desarrollo, con estructuras políticas, sociales y económicas mejor diseñadas. No nos resistamos a la solución, si sabemos que no hay otra forma de avanzar.
Repetidamente hemos sugerido, entre otras medidas, la elección de una Asamblea Constituyente para someter a su consideración y aprobación un nuevo estatuto orgánico del estado panameño.
Las justificaciones las hemos expuesto en conferencias que hemos dictado en varios seminarios gremiales y universitarios, además de las opiniones que nos han permitido exponer sobre el tema, los distintos medios de comunicación que albergan con frecuencia mis escritos. Desde antes de la toma de posesión de nuestra Sra. Presidenta, advertí la dificultad que enfrentaría en su gestión, bajo el título "Ingobernabilidad a la vista". Igualmente expuse mis apreciaciones sobre los "Temas del diálogo" y el vaticinio de los resultados que se confirman a cada instante.
Mientras no logremos modificar la Carta Magna, estaremos atados a situaciones que limitan la acción gubernamental, que frenan cualquier programa, porque tenemos por un lado, un sistema presidencialista con sus defectos, y un aparato legislativo diseñado para que crezca junto con la población, sumado todo ello a la necesidad de mejorar estructuralmente el Organo Judicial. Todo ello tiene que ser fruto de una entrega al país, de una constitución elaborada sin apasionamientos, divorciada del interés partidario particular, con ausencia de distintivos personales o políticos, pero con un acentuado patriotismo, para lo cual estoy seguro que contamos con el aporte de panameños ejemplares. No dudo que prominentes miembros, tanto del partido PRD como del arnulfismo y de los otros colectivos, han aceptado la necesidad de una nueva constitución. Existe alguna divergencia en el procedimiento, que no debe detener la medida, por cuanto que lo que nos interesa es el nuevo estatuto. Si revisamos las reformas parciales, ya hemos creado una cultura de rechazo, porque no se introducen las modificaciones que son necesarias y sólo se proponen las que interesan a determinados grupos.
Es indispensable revisar lo relativo al indulto, la censura a los funcionarios, la alternabilidad en los cargos públicos, las autonomías de las instituciones descentralizadas y su efectividad, lo relativo a la descentralización de la administración, adecuación del régimen municipal a la misma, la integración del Organo Legislativo, establecer su número de miembros y formas de elección en forma diferente, eliminar la partidocracia, considerar nuevos métodos para seccionar los magistrados de la Corte Suprema, etc.
Todo lo anterior nos obliga a una Asamblea Constituyente, en la que todos los panameños, sin distingos ni intereses partidarios o gremiales, sumemos esfuerzos y aportes, para dotar al país de un moderno instrumento que organice a Panamá como Estado y reafirme la calidad democrática de nuestra nación. Tenemos que convencernos que sin la Asamblea Constituyente, seguiremos marchando con la pesada carga de ingobernabilidad que soporta la ciudadanía. Hagamos todos un alto y pensemos en el futuro del país, pero con ánimo de obsequiar a las generaciones venideras, las posibilidades de un mejor desarrollo, con estructuras políticas, sociales y económicas mejor diseñadas. No nos resistamos a la solución, si sabemos que no hay otra forma de avanzar.