La contaminación de los valores
El mundo en que vivimos ha estado cambiando desde hace mucho tiempo, sin que queramos aceptar lo complejo en que se está convirtiendo y resultará para las futuras generaciones. No más ayer era detestable el divorcio, el adulterio, el embarazo precoz y en mujeres solteras, las relaciones y uniones entre personas del mismo sexo, la eutanasia y el aborto, sin embargo, hoy se dice que hay que plantearlo desde diversas perspectivas.
Hoy en día, es usual que los(las) jóvenes salgan a fiestas u otros lugares para divertirse, que tomen bebidas alcohólicas, que tengan frecuentemente relaciones sexuales, y que algunos excepcionalmente consuman drogas o como se haya denunciado mesas atrás, lleguen hasta la prostitución.
Por otro lado, la moda de hoy y de ayer es diferente para las mujeres, niñas y jóvenes, así como para los varones, pues en el caso de las primeras, si bien las faldas o trajes hasta la rodilla no han desaparecido, no es la moda preferida, ya que la tendencia es la de usar una vestimenta para "lucir" el cuerpo en todo su esplendor, no importa lo atrevida, ridícula o corta que sea, mientras que en el caso de los jóvenes, llama la atención, los pantalones anchos y sin basta.
Y es que, en efecto, dicen que hay que estar a la moda, y lo anticuado es vestirse con decencia, en consecuencia es normal observar en el sexo femenino de cualquier edad jeans apretados, blusas cortas, sweaters apretados o escotados, minifaldas, aunque después en el último caso, quieran alargarla al sentarse.
En este contexto, las personas se han ido acostumbrando a una manera de vivir, llegando a imitar comportamientos que rayan en lo absurdo y criticable, y que a la vez, por parte de otros, resulta censurable, cuando se cometen graves faltas que riñen contra la moral y que por regla general, pasan desapercibidas por los mismos, pues las personas ya se han contaminado negativamente de su medio ambiente y de los medios de comunicación.
Ahora bien, todo lo anterior tiene su origen en que nos enfrentamos a un mundo globalizado donde más velozmente se infiltran y se asoman estos cambios, con nefastos efectos sobre los valores morales de las personas, así como también porque los estados están asumiendo la adopción de leyes con miras a garantizar los derechos de ciertos grupos de individuos, o simplemente por razones sociales.
De esta manera no resulta extraño que el fármaco Ru-486, empleado en Europa desde hace varios años, y que permite la interrupción del embarazo de manera temprana sin intervención quirúrgica, haya sido aprobado su empleo en Estados Unidos, ni tampoco que la "píldora del día después" haya llegado a las escuelas francesas, para ser administrada por enfermeras escolares, sin autorización de los padres, medida en que, en el último caso, tiene como objetivo reducir los embarazos no deseados en las adolescentes.
Ciertamente, que no criticamos la adopción de éstas por parte de los estados, pues sus razonamientos no se plantean desde el punto de vista moral, aunque en el ámbito religioso y desde la perspectiva de los derechos humanos, resulte detestable, pues deja en cierta medida una puerta abierta para atacar la vida de los "nasciturs".
En síntesis, los tiempos están y seguirán cambiando, y les compete especialmente a los padres, el cultivar en sus hijos la formación moral y cristiana que desean inculcarles a éstos, en la espera de que quizás estos principios los acompañen a lo largo de sus vidas.
Hoy en día, es usual que los(las) jóvenes salgan a fiestas u otros lugares para divertirse, que tomen bebidas alcohólicas, que tengan frecuentemente relaciones sexuales, y que algunos excepcionalmente consuman drogas o como se haya denunciado mesas atrás, lleguen hasta la prostitución.
Por otro lado, la moda de hoy y de ayer es diferente para las mujeres, niñas y jóvenes, así como para los varones, pues en el caso de las primeras, si bien las faldas o trajes hasta la rodilla no han desaparecido, no es la moda preferida, ya que la tendencia es la de usar una vestimenta para "lucir" el cuerpo en todo su esplendor, no importa lo atrevida, ridícula o corta que sea, mientras que en el caso de los jóvenes, llama la atención, los pantalones anchos y sin basta.
Y es que, en efecto, dicen que hay que estar a la moda, y lo anticuado es vestirse con decencia, en consecuencia es normal observar en el sexo femenino de cualquier edad jeans apretados, blusas cortas, sweaters apretados o escotados, minifaldas, aunque después en el último caso, quieran alargarla al sentarse.
En este contexto, las personas se han ido acostumbrando a una manera de vivir, llegando a imitar comportamientos que rayan en lo absurdo y criticable, y que a la vez, por parte de otros, resulta censurable, cuando se cometen graves faltas que riñen contra la moral y que por regla general, pasan desapercibidas por los mismos, pues las personas ya se han contaminado negativamente de su medio ambiente y de los medios de comunicación.
Ahora bien, todo lo anterior tiene su origen en que nos enfrentamos a un mundo globalizado donde más velozmente se infiltran y se asoman estos cambios, con nefastos efectos sobre los valores morales de las personas, así como también porque los estados están asumiendo la adopción de leyes con miras a garantizar los derechos de ciertos grupos de individuos, o simplemente por razones sociales.
De esta manera no resulta extraño que el fármaco Ru-486, empleado en Europa desde hace varios años, y que permite la interrupción del embarazo de manera temprana sin intervención quirúrgica, haya sido aprobado su empleo en Estados Unidos, ni tampoco que la "píldora del día después" haya llegado a las escuelas francesas, para ser administrada por enfermeras escolares, sin autorización de los padres, medida en que, en el último caso, tiene como objetivo reducir los embarazos no deseados en las adolescentes.
Ciertamente, que no criticamos la adopción de éstas por parte de los estados, pues sus razonamientos no se plantean desde el punto de vista moral, aunque en el ámbito religioso y desde la perspectiva de los derechos humanos, resulte detestable, pues deja en cierta medida una puerta abierta para atacar la vida de los "nasciturs".
En síntesis, los tiempos están y seguirán cambiando, y les compete especialmente a los padres, el cultivar en sus hijos la formación moral y cristiana que desean inculcarles a éstos, en la espera de que quizás estos principios los acompañen a lo largo de sus vidas.