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La coyuntura sanitaria


No tengo duda que en este país, la mayoría de los ciudadanos pensantes está de acuerdo en que el modelo ideal del sistema nacional de salud, es uno que sea de carácter público, de financiamiento estatal y de cobertura universal e integral. Sus recursos deberían proceder de un fondo común, que corresponda a un impuesto sanitario y a las cuotas del programa de enfermedad y maternidad de la CSS. Todo panameño tendría el derecho de ser atendido en todos los niveles de prevención y complejidad de manera equitativa. Pero de este punto final a la coyuntura en la que nos encontramos, hay una gran distancia en cantidad y calidad de decisiones y acciones.

Todo proyecto por más beneficioso que sea, debe pasar por el filtro de la factibilidad; técnica, económica y administrativa y el de la viabilidad; política, institucional y cultural.

Para los recién llegados al tema procedentes del área clínica, política o empresarial, quizás les resulte difícil entender que una decisión puede ser posible en cuanto a su factibilidad, pero ser imposible de ejecutar en el momento actual, de acuerdo a su viabilidad, que tiene como causa, la crisis crónica del sistema sanitario panameño, por incapacidad y complacencia administrativa acumulada durante décadas y la ausencia de un Plan Nacional de Salud, que defina cuáles son los productos e impactos a alcanzar, por lo menos en las cuatro esferas prioritarias del universo sanitario.

Esas son: metas y objetivos de los Compromisos y Acuerdos concertados en el marco nacional e internacional (ej. metas del milenio), los grupos prioritarios definidos de alto riesgo según los indicadores conocidos de morbilidad, mortalidad y discapacidad, las principales patologías de naturaleza infecciosa o no infecciosa, producidas por la convivencia social y por alteraciones del medio ambiente bio-psico-social que poseen los mayores impactos negativos sobre la salud y calidad de vida de los ciudadanos y por último, los componentes básicos del sistema, como son la infraestructura, los insumos críticos, los recursos humanos y tecnológicos y los sistemas informáticos y de soporte técnico.

En consecuencia, lo que conviene ahora es señalar claramente la ruta que pasa por el desarrollo en línea o en paralelo, dependiendo de la realidad de cada región sanitaria, de las etapas concertadas de coordinación, integración y unificación. Todo esto teniendo en cuenta las evaluaciones indispensables y pertinentes de cada fase y la Reforma Constitucional que habrá que realizarse para llegar al Sistema Único o Unificado, con un sólo proveedor de servicios de carácter público y estatal. Todo en la premisa que los gobiernos de turno asumen su deber irrenunciable de asegurar la atención sanitaria del ciudadano de la cuna a la tumba.

101 años de Panamá América

 
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