La creación de una tacita
En días pasados escuchamos conversación entre varios amigos en la que uno de ellos le dijo al otro, al referirse a su progreso, "lo que pasa es que tú eres un suertudo". Ciertamente son muchas las ocasiones en que se emplea esa terminología para justificarnos, es decir, para desmeritar las valías ajenas y justificar nuestra mediocridad.
En la vida son muchos los eventos a los que nos vemos abocados y que no comprendemos su razón. Algunas veces los aceptamos con pesar, como algo que está más allá de nuestras fuerzas y nos resignamos como si su realización no fuera responsabilidad directa de nosotros. Contrario a lo que muchos aseveran pienso que somos el resultado de nuestro pasado y hemos inventado "el destino" para encubrir la responsabilidad de los desórdenes causados por nuestra ineficiencia. Ya hace mucho tiempo Voltaire expresó que "lo que llamamos causalidad no es, ni puede ser, más que la causa ignorada de un efecto conocido".
Somos de creación Divina, pero el resto es todo nuestro. Somos los que disponemos qué hacer con nuestras vidas. Somos igual que la taza, un delicado trabajo de ingeniería artesanal, tal como se aprecia en este relato:
Se cuenta que alguna vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. "¿Me permite ver esa taza?" preguntó la señora. "¡Nunca he visto nada tan fino como eso!". En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó: "¡Usted no entiende!!! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo.
Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me moldeó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: "¡Por favor, ya déjame en Paz!!!" Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor. Me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toque la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Finalmente se abrió la puerta. Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. "¡Así esta mucho mejor!!!" me dije a mí misma.
Pero apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible!!! ¡Sentía que me ahogaría!!! "¡Por favor detente!!!" le gritaba yo a mi amo; pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Al fin mi amo dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero; sino que era mucho más caliente. Ahora si estaba segura que me sofocaría. Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara. Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." En ese momento me di cuenta que no había esperanza. Nunca lograría sobrevivir a ese horno. Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: "¡Mírate, esta eres tú!!!"
¡Yo no podía creerlo!!! ¡Esa no podía ser yo!!! ¡Lo que veía era hermoso!!! Mi amo nuevamente me dijo: "Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado.
También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú eres un producto terminado!!! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar. Ahora te corresponde a ti el resto, puedes llegar a ser parte de ostentosas o humildes mesas, ello no es lo importante. Lo que interesa es la forma como te desempeñarás, cualquiera que sean las circunstancias.
Es el desempeño en la vida objeto de nuestra voluntad y carácter. No nacemos con el mal llamado "destino" al que muchos suelen atribuir sus frustraciones y fracasos. El hombre ha demostrado, a través de la historia, muchos errores, pero también su espíritu de superación y así vemos cómo desde la época en que habitábamos en cavernas, la humanidad ha evolucionado logrando altos grados de confort. Los avances de la tecnología eran imaginables apenas el siglo pasado.
Tenemos el libre albedrío para escoger qué queremos ser, cuál es el protagonismo que ejerceremos en la vida, sin importar nuestra cuna. La voluntad férrea y el tesón nos conducirán a donde deseemos. Somos nosotros los forjadores de nuestro futuro. Por ello hay quienes han expresado que el futuro es el cambio del pasado y que aquél se lo debe todo al pasado y al presente.
Cobran así vigencia las palabras que en una ocasión nos expresó un sacerdote jesuita con el que conversábamos: "Dios es el artesano y nosotros somos el barro con el cual El trabaja. El nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza admirable, el resto, de allí para adelante, ya es responsabilidad nuestra".
En la vida son muchos los eventos a los que nos vemos abocados y que no comprendemos su razón. Algunas veces los aceptamos con pesar, como algo que está más allá de nuestras fuerzas y nos resignamos como si su realización no fuera responsabilidad directa de nosotros. Contrario a lo que muchos aseveran pienso que somos el resultado de nuestro pasado y hemos inventado "el destino" para encubrir la responsabilidad de los desórdenes causados por nuestra ineficiencia. Ya hace mucho tiempo Voltaire expresó que "lo que llamamos causalidad no es, ni puede ser, más que la causa ignorada de un efecto conocido".
Somos de creación Divina, pero el resto es todo nuestro. Somos los que disponemos qué hacer con nuestras vidas. Somos igual que la taza, un delicado trabajo de ingeniería artesanal, tal como se aprecia en este relato:
Se cuenta que alguna vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. "¿Me permite ver esa taza?" preguntó la señora. "¡Nunca he visto nada tan fino como eso!". En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó: "¡Usted no entiende!!! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo.
Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me moldeó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: "¡Por favor, ya déjame en Paz!!!" Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor. Me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toque la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Finalmente se abrió la puerta. Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. "¡Así esta mucho mejor!!!" me dije a mí misma.
Pero apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible!!! ¡Sentía que me ahogaría!!! "¡Por favor detente!!!" le gritaba yo a mi amo; pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." Al fin mi amo dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero; sino que era mucho más caliente. Ahora si estaba segura que me sofocaría. Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara. Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo "aguanta un poco más, todavía no es tiempo." En ese momento me di cuenta que no había esperanza. Nunca lograría sobrevivir a ese horno. Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: "¡Mírate, esta eres tú!!!"
¡Yo no podía creerlo!!! ¡Esa no podía ser yo!!! ¡Lo que veía era hermoso!!! Mi amo nuevamente me dijo: "Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado.
También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú eres un producto terminado!!! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar. Ahora te corresponde a ti el resto, puedes llegar a ser parte de ostentosas o humildes mesas, ello no es lo importante. Lo que interesa es la forma como te desempeñarás, cualquiera que sean las circunstancias.
Es el desempeño en la vida objeto de nuestra voluntad y carácter. No nacemos con el mal llamado "destino" al que muchos suelen atribuir sus frustraciones y fracasos. El hombre ha demostrado, a través de la historia, muchos errores, pero también su espíritu de superación y así vemos cómo desde la época en que habitábamos en cavernas, la humanidad ha evolucionado logrando altos grados de confort. Los avances de la tecnología eran imaginables apenas el siglo pasado.
Tenemos el libre albedrío para escoger qué queremos ser, cuál es el protagonismo que ejerceremos en la vida, sin importar nuestra cuna. La voluntad férrea y el tesón nos conducirán a donde deseemos. Somos nosotros los forjadores de nuestro futuro. Por ello hay quienes han expresado que el futuro es el cambio del pasado y que aquél se lo debe todo al pasado y al presente.
Cobran así vigencia las palabras que en una ocasión nos expresó un sacerdote jesuita con el que conversábamos: "Dios es el artesano y nosotros somos el barro con el cual El trabaja. El nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza admirable, el resto, de allí para adelante, ya es responsabilidad nuestra".