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La crisis actual y sus causas


¿Qué es lo que está pasando en Panamá? En medio de quejas, lamentos y otestas, un creciente pesimismo parece estarse apoderando de los panameños. Se quejan desde los obreros hasta los industriales, al igual que comerciantes y agricultores. La industria de la construcción, los bienes raíces y los alquileres sufren un grave descenso. Los hoteles arrastran pérdidas millonarias como consecuencia de una bajísima ocupación. Los robos, crímenes y asaltos son el tema del día. ¿Cuánto tiempo podrá el país soportar esta situación? Ya no cabe la menor duda: Panamá ha caído en una severa recesión económica. Indicadores tan confiables como la venta de comestibles, gas de cocinar, cervezas y billetes de lotería, así lo confirman.
¿Qué será lo que nos ha llevado a esto? ¿Será posible que la crisis que atravesamos sea responsabilidad del actual gobierno? ¿Será posible que la amable señora que nos gobierna haya podido arruinar el país en tan poco tiempo? El resultado de las últimas encuestas parece indicar que así piensa un sector importante de la población. Esto me parece injusto, pues nuestra presidenta no es más que otra víctima de una situación que se ha salido de su control.
Especulaciones aparte, lo que sí es un hecho irrefutable es que gobernar exitosamente, resulta muy difícil, si no imposible, en medio de una crisis económica. El presidente Bush, que a raíz de la llamada guerra del golfo o del desierto, alcanzó una popularidad sin precedentes en su país; un año después en las elecciones presidenciales, caía derrotado por Clinton, por causa de una recesión económica, que no era de su incumbencia. Clinton a su vez, uno de los presidentes más controversiales que ha tenido los Estados Unidos, no tuvo ningún problema en reelegirse cuatro años después, gracias a la prosperidad que trajo al país el triunfo en la guerra fría y el colapso de la Unión Soviética.
Los políticos partidarios del actual gobierno en vez de denunciar encuestas y ver conspiraciones por todas partes, deberían empezar por explicarle al país cómo es que no anticiparon que la pérdida de los dos o tres cientos de millones de dólares anuales de las bases militares de Estados Unidos, causaría un serio descalabro económico. El propio viceministro de economía ha reconocido con ejemplar honestidad, que esta pérdida puede representar unos 450,000 dólares diarios y digo ejemplar honestidad porque este tema lo soslayan deliberadamente los personeros tanto del actual gobierno como los del anterior.
¿No se daban cuenta estos políticos que el Comando Sur y su personal de apoyo estaban manteniendo a flote a muchos de nuestros hoteles y restaurantes y que además ocupaban un número importante de apartamentos, pagando por ellos muy buenos alquileres? Cualquier humilde taxista se los hubiera podido decir. ¿O será que los que apuraban la partida de los norteamericanos se creyeron su propio cuento de que las bases militares en nuestras manos, se convertirían en una verdadera bonanza? El filósofo inglés Bertrand Russell consideraba una inmoralidad exigir sacrificios a cambio de beneficios futuros impredecibles.
Las antiguas bases militares y las áreas revertidas en general, lo único que están produciendo son gastos y más gastos y como ejemplo tenemos el fiasco de Fuerte Amador.
Lo triste es que lo que nos está pasando se ha podido evitar. En otra ocasión escribí que tantas reversiones en tan coro tiempo se nos estaban indigestando. ¿Qué daño nos hubiera hecho extender la permanencia de las bases unos diez años adicionales? Nos hubiéramos dado un respiro que tanto necesitábamos y las justificaciones sobraban. La crisis en que la dictadura militar sumió al país, dio al traste con todo el programa de transición tan necesario en este periodo de cambios trascendentales. Se perdieron más de diez años en que prácticamente nada se pudo hacer, ya que las relaciones de Panamá y Estados Unidos, llegaron a estar virtualmente interrumpidas.
En este tema cabe igual o mayor responsabilidad al gobierno de Pérez Balladares, que por sus afanes reeleccionarios, no quiso encarar el problema de las bases. Y que no se nos diga que el tratado no admitía enmiendas o cambios, porque de ambos tuvo. Prueba de ello es el caso del aeropuerto de Albrook, cuyo uso estaba terminante prohibido en dicho tratado por razones de seguridad aérea. No obstante, dicha prohibición fue levantada sin mayor problema, para dar paso al negociado de ICA, y el Corredor Sur. Cuando se quieren hacer las cosas, se hacen. Igualmente triste, es el hecho de que la mayoría del pueblo panameño, de acuerdo a todas las encuestas, aceptaba la presencia militar de Estados Unidos.
Hemos desperdiciado la oportunidad de establecer, en este siglo que se inicia con tantas promesas e interrogantes para los panameños, una relación provechosa y fructífera con la nación más importante del mundo. Esta oportunidad, podemos estar seguros, no la dejarán pasar nuestros países vecinos.
Desafortunadamente, se han logrado imponer los anacrónicos conceptos de los seudonacionalistas y los políticos pusilánimes a quienes el temor a las izquierdas los hace actuar contra sus propios intereses y los del sufrido pueblo a quien pretenden defender.

101 años de Panamá América

 
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