La crisis boliviana
La asunción de la Jefatura del Estado por el historiador y periodista Carlos Mesa Gisbert, vicepresidente de la república, luego de la renuncia del presidente Sánchez de Lozada ha superado, al menos temporalmente, a la cruenta crisis que ha vivido Bolivia en las últimas semanas. Es importante que la salida haya sido constitucional. Sin embargo, es sólo el comienzo del difícil camino para devolver al país la paz y la estabilidad internas y resolver las demandas urgentes de una población que ha demostrado que su capacidad de espera ya llegó al límite.
Hace sólo unos días, el entonces vicepresidente vino a Washington y tuvimos la oportunidad de escucharlo en el consejo Permanente de la OEA. La suya fue una de las mejores disertaciones que se ha escuchado en ese foro. Con amplitud aceptó las preguntas de los miembros del Consejo y las respondió con claridad para completar una clase magistral sobre la coyuntura política boliviana. El presidente Mesa conoce a su país y sus problemas. Evidencia vocación y voluntad de resolverlo, pero también reconocer los obstáculos que enfrentará.
Bolivia no podrá salir adelante, a menos que concurran tres factores imprescindibles: 1. La creación de un espacio para la concertación política y social, que el nuevo presidente demandó en su discurso inaugural, 2. La comprensión y ayuda de la comunidad financiera, especialmente de los organismos financieros internacionales. Estos tendrán que flexibilizar su demanda de ajustes macroeconómicos cuya aplicación es inviable en estos momentos y provocaría la caída del incipiente gobierno. Además, deberán facilitarle al nuevo gobierno los créditos blandos y rápidos que le permitan dar respuestas inmediatas, para que no disminuya su credibilidad y 3. El apoyo de la comunidad política internacional para que Bolivia pueda comenzar a exportar, sin que se lesione su soberanía, sus enormes reservas de gas natural.
En el primero de esos aspectos, por las noticias que recibimos pareciera que todos los sectores de la sociedad boliviana han comprendido que deberán anteponer el interés nacional a los sectarios para permitirle gobernar al nuevo gobierno. Ellos han comprendido que sin paz y estabilidad interna sucumbirá el gobierno, y ellos también.
En el segundo aspecto, es de esperar que la comunidad financiera responda pronta y efectivamente, antes de que se desate una tragedia social de proporciones incalculables. De ella depende que Bolivia pueda superar su presente crisis, mientras se logran los acuerdos políticos para que el gas boliviano comience a exportarse. Pero como ese momento no llegará sino en dos o tres años, mientras tanto se requiere un puente financiero que permita al país subsistir.
De acuerdo a todas las expectativas, de la concreción de los arreglos que permitirían a Bolivia exportar sus vastas reservas de gas natural y recibir los recursos que tanto necesita depende su futura estabilidad y desarrollo. Para que ello sea posible tendrá que darse un entendimiento entre Bolivia y sus vecinos. El entonces vicepresidente, cuando habló en la OEA apeló a la comprensión de esos vecinos, especialmente de Chile. Y recientemente el presidente lagos ha expresado buena disposición a explorar vías para un entendimiento. Por su parte, la comunidad americana de naciones deberá estar dispuesta a brindar su concurso de la manera más constructiva, ya que la superación de la crisis boliviana ha dejado de ser un problema interno de ese país para convertirse en un reto para todo el continente y en una prueba para la solidaridad hemisférica.
Los políticos de hoy pueden buscar sumarse a ese liderazgo ciudadano o rivalizar ante el público. Lo que no pueden hacer es darse el lujo de ignorarlo.
Hace sólo unos días, el entonces vicepresidente vino a Washington y tuvimos la oportunidad de escucharlo en el consejo Permanente de la OEA. La suya fue una de las mejores disertaciones que se ha escuchado en ese foro. Con amplitud aceptó las preguntas de los miembros del Consejo y las respondió con claridad para completar una clase magistral sobre la coyuntura política boliviana. El presidente Mesa conoce a su país y sus problemas. Evidencia vocación y voluntad de resolverlo, pero también reconocer los obstáculos que enfrentará.
Bolivia no podrá salir adelante, a menos que concurran tres factores imprescindibles: 1. La creación de un espacio para la concertación política y social, que el nuevo presidente demandó en su discurso inaugural, 2. La comprensión y ayuda de la comunidad financiera, especialmente de los organismos financieros internacionales. Estos tendrán que flexibilizar su demanda de ajustes macroeconómicos cuya aplicación es inviable en estos momentos y provocaría la caída del incipiente gobierno. Además, deberán facilitarle al nuevo gobierno los créditos blandos y rápidos que le permitan dar respuestas inmediatas, para que no disminuya su credibilidad y 3. El apoyo de la comunidad política internacional para que Bolivia pueda comenzar a exportar, sin que se lesione su soberanía, sus enormes reservas de gas natural.
En el primero de esos aspectos, por las noticias que recibimos pareciera que todos los sectores de la sociedad boliviana han comprendido que deberán anteponer el interés nacional a los sectarios para permitirle gobernar al nuevo gobierno. Ellos han comprendido que sin paz y estabilidad interna sucumbirá el gobierno, y ellos también.
En el segundo aspecto, es de esperar que la comunidad financiera responda pronta y efectivamente, antes de que se desate una tragedia social de proporciones incalculables. De ella depende que Bolivia pueda superar su presente crisis, mientras se logran los acuerdos políticos para que el gas boliviano comience a exportarse. Pero como ese momento no llegará sino en dos o tres años, mientras tanto se requiere un puente financiero que permita al país subsistir.
De acuerdo a todas las expectativas, de la concreción de los arreglos que permitirían a Bolivia exportar sus vastas reservas de gas natural y recibir los recursos que tanto necesita depende su futura estabilidad y desarrollo. Para que ello sea posible tendrá que darse un entendimiento entre Bolivia y sus vecinos. El entonces vicepresidente, cuando habló en la OEA apeló a la comprensión de esos vecinos, especialmente de Chile. Y recientemente el presidente lagos ha expresado buena disposición a explorar vías para un entendimiento. Por su parte, la comunidad americana de naciones deberá estar dispuesta a brindar su concurso de la manera más constructiva, ya que la superación de la crisis boliviana ha dejado de ser un problema interno de ese país para convertirse en un reto para todo el continente y en una prueba para la solidaridad hemisférica.
Los políticos de hoy pueden buscar sumarse a ese liderazgo ciudadano o rivalizar ante el público. Lo que no pueden hacer es darse el lujo de ignorarlo.