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La crisis de Indonesia


La combinación de problemas económicos dentro del contexto de la crisis asiática y la larga dictadura de Suharto, resulta un cóctel explosivo para el futuro inmediato de Indonesia. La intensidad de los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes, determinó que Suharto no solamente redujera su agenda en la reunión del Grupo de los 15 en El Cairo, sino que por primera vez manifestara en público la opción de retirarse del poder que detenta desde hace más de tres décadas.
Cuando los dictadores hablan de sacrificarse por la tranquilidad del país, es que han entendido que agonizan los días de su reinado. De los desórdenes estudiantiles se ha pasado al saqueo de tiendas generalmente regentados por chinos y hay señales claras que el régimen está perdiendo el control de la situación.
Indonesia es el primer estado asiático en acusar grandes trastornos políticos por la crisis asiática. Si en Japón y Corea del Sur la crisis se activó por los excesos del sistema financiero, en Indonesia las calamidades económicas registran el matiz del nepotismo del clan Suharto. Se afirma que buena parte del comercio y la industria, así como el régimen de concesiones petroleras a consorcios foráneos es controlado por hijos y familiares de Suharto.
No se puede obtener una licencia para explotar yacimientos u operar refinerías, sin pasar con la chequera por las oficinas privadas de la familia Suharto, heredera de las malas prácticas del déspota anterior Sukarno. Como la ineptitud administrativa es secuela directa de la corrupción en Indonesia, se presentan características singulares para el estallido de la crisis asiática. Por añadidura, los inversionistas extranjeros palpan la ausencia de garantías para los negocios y algunos hacen maletas.
A los analistas internacionales les preocupa no solamente el vacío de poder generado por Suharto, sino las perspectivas inmediatas abiertas por la posible asunción al poder de elementos del movimiento musulmán contestatario Muhammaidiyah que encabeza la rebelión. Por sus raíces musulmanas la organización tiene nexos con otros movimientos similares de países árabes, algunos de los cuales responden a lineamientos de un fundamentalismo que se rige por el Corán y rechaza el occidentalismo modernista.
La posibilidad de convocar a elecciones generales tras la salida del régimen se ve obturada por la precariedad del sistema político y por la carencia de organismos electorales confiables. La hipótesis de que Indonesia se vea inmersa en un régimen de tipo autoritario fundamentalista, impermeable al modernismo financiero, ha empezado a levantar especulaciones en la región, a los efectos de ayudar a la búsqueda de una salida política cónsona a la de los estados asiáticos democráticos.

101 años de Panamá América

 
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