default

La crisis de los misiles


Desde hace casi 40 años, el mes de octubre ha producido una verdadera vorágine de reuniones y notas periodísticas que evocan la "crisis de los misiles" -el enfrentamiento entre Washington y Moscú por los cohetes intercontinentales que los soviéticos emplazaron en Cuba.
En tiempos más recientes, algunos de los sobrevivientes que jugaron algún papel, no importe cuál remoto, del drama que conmovió al mundo suelen reunirse con académicos ajenos a la materia para ver si aún puede salir a luz algún ángulo o documento confidencial que pudiera iluminar un aspecto recóndito que permanece a oscuras. Los resultados a veces son informativos, a veces un poco absurdos.
Al absurdo contribuyen este año las versiones publicadas en Alemania, alegando que la cancillería de ese país fue la primera en recibir información gracias a su embajada en Cuba, que anticipó el descubrimiento de los emplazamientos por el gobierno del presidente John F. Kennedy en octubre de 1962. "Nuestros hombres en La Habana informaron con sorprendente antelación sobre la manera en que los soviéticos armaban a la isla", escribe el popular semanario alemán, Der Spiegel. "A la cabeza de esta pequeña brigada", recuerda, se encontraba el embajador Karl Graf von Spreti. "El experto arquitecto, proveniente de una aristocrática familia de Baviera detestaba al régimen de Castro".
Conocí muy bien a Spreti en mi capacidad de jefe de la oficina de la United Press en La Habana durante 1960-1961, y puedo confirmar que "detestaba" al régimen cubano. Pero de que hubiera sido capaz de advertir a su gobierno de cualquier cosa que no fuera algo estrictamente protocolar, superficial y efímero me parece fuera de discusión. Porque von Spreti, un hombre elegante, de modales exquisitos y con un aire de representante europeo del Ancien Regime fue un clásico ejemplo del dicho "el peor hombre en el puesto equivocado".
222 ...los sobrevivientes que jugaron algún papel...del drama que conmovió al mundo suelen reunirse con académicos ajenos a la materia para ver si aún puede salir a luz algún ángulo o documento confidencial...
Sé de primera mano que así lo pensaron los expertos alemanes de esos años. Era público y notorio que la información que le llegaba de Cuba a la cancillería durante esos tensos meses, por lo general, carecía de substancia. Esta fue razón suficiente para que el gobierno de Bonn decidiera despachar al ministro Hans Koester, uno de sus funcionarios más experimentados de Washington, a La Habana para poner las cosas en orden.
Un ejemplo del mundo de von Spreti lo viví de cerca a través de una llamada telefónica suya citándome "urgentemente" a la embajada en medio de la alarma que cundió en La Habana a pocas horas antes de la invasión de Bahía de Cochinos del 17 de abril de 1961. A la madrugada de ese día, seis aviones habían bombardeado a tres aeropuertos en Cuba que el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Raúl Roa, denunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU como "el preludio de una invasión", pero que Washington ridiculizó como una "fabricación", insistiendo que los aviones despegaron de aeropuertos cubanos con pilotos adversos al régimen, cuando en realidad partieron de un aeropuerto guatemalteco en manos de la CIA.
Evidentemente, el embajador debía tener alguna información fidedigna sobre el incidente, pensé al salir corriendo de la oficina que quedaba a pocas calles del edificio en el Vedado donde la embajada ocupaba dos pisos. Al llegar a la embajada encontré a von Spreti en un estado de extrema agitación, caminando incesantemente de lado a lado en la sala de su amplio escritorio. "Usted no puede imaginarse lo que acaba de ocurrir" fueron sus primera palabras. "Me hicieron esperar dos horas en el Ministerio de Relaciones Exteriores para transmitirme un comunicado que dieron a todos los gobiernos acreditados en Cuba. Dos horas de espera para el embajador de la Alemania Federal". Al comienzo pensé que ésta era una broma, y que el embajador me tenía reservada una importante primicia. Pero en breves minutos me di cuenta que la cosa iba en serio. "Esto no sólo es un insulto a mi persona, sino es una ofensa protocolar contra mi gobierno" gritó sin un ápice de ironía.
Entendí, entonces, por qué la cancillería alemana había decidido enviar a Koester para poner al día las informaciones de la embajada. Pero para ese entonces, el genial Koester ya había regresado a Washington y otros funcionarios de la embajada habían sido declarados personas non gratas por el régimen cubano, así que von Spreti quedó virtualmente solo. Por eso dudo profundamente las ufanas aseveraciones de los periódicos alemanes pretendiendo que el gobierno de Bonn fue advertido casi antes que nadie de los acontecimientos que se avecinaban en la agitada isla caribeña. Uno de los informes que el embajador envió en ese tiempo fue contundente, "Este régimen", anotó refiriéndose al gobierno del presidente Fidel Castro, "se mantiene sólo a través del terror".
La cancillería alemana contribuyó a la tragedia de este hombre decente, algo ingenuo y totalmente fuera de su tiempo, al enviarlo como embajador a Guatemala, donde poco después de su llegada fue raptado por un grupo de guerrilleros y sentenciado a muerte cuando el gobierno se negó a pagar el dinero requerido para su rescate.
Un trabajador social de turno toma el caso y programa la visita domiciliaria. Cada caso tiene un informe social, evaluaciones psicológicas, si lo amerita; información de la persona afectada, de los miembros de la familia, de los vecinos y de quienes sean necesarios para establecer una evaluación social por parte del ministerio, aseguró.
Cuando la evaluación está completa, con las sugerencias y recomendaciones del ministerio, se remite al fiscal de los juzgados de Familia. "Cuando vemos que es un padre que se ha dedicado a sus hijos, los ha educado y después los hijos dicen: ´yo no puedo porque ya me casé´ y no se hacen responsables, allí en las sugerencias somos severos y solicitamos que se establezca una pensión", asegura la Dra. Sucre.
La Dra. Sucre explica que la mayoría de los que acuden a pedir ayuda, no tiene jubilación ni plan de seguridad social. Los adultos mayores jubilados denuncian algún tipo de violencia o expropiación de bienes.
También sucede que hay hijos que, al igual que sus padres, no tienen ningún tipo de ingreso. "Esto es complejo. Cada caso tiene su propia naturaleza. No te puedo decir que hay una receta de cocina, dependiendo de la evaluación, así es el plan de acción", aseguró
Como estos procesos legales muchas veces se extienden, el Ministerio de la Juventud tiene varios programas para atender a esta población. Menciona la Dra. Sucre que los hay para resolver la necesidad alimenticia, de vivienda, medicamentos u de otra índole.
Los comedores San Vicente de Paúl y Luz y Vida, garantizan el desayuno y almuerzo de los adultos mayores. Con el subsidio que les da el Ministerio de la Juventud los comedores deben referirles un 30% de los cupos.
"Si la persona no tiene a nadie, o si el nivel de pobreza no se los permite, los ingresamos al Hogar Bolívar, subsidiado por el Ministerio, y es el que nos está dando la mayor cantidad de cupos", explicó. Allí le garantizan alojamiento, atención médica, comida, así como programas socio recreativos y deportivos, que incluyen natación, fisioterapia acuática, terapia ocupacional, juegos de cartas y de mesa. Esta es una labor coordinada entre el ministerio, el Instituto Nacional de Deporte (INDE) y el Hogar Bolívar.
Hay casos de señores que se les ha ingresado por bajo peso y a los meses se les ve muy recuperados porque tienen la atención, pero hay otros en los que el estado de abandono y maltrato es tan extremo, que se les interna en un hospital y una vez recuperados se les ingresa en el Hogar Bolívar.
Uno de esos casos es el de la señora Marta, a quien dejaban 36 horas sin comer. Aquí al ministerio han llegado personas acompañando a un abuelito y lo abandonan. Los dejan sentados con la excusa de que van al baño y se esfuman. Ha ocurrido que a las cuatro de la tarde han encontrado abuelos en las sillas de espera y ellos no saben quiénes son, ni siquiera dónde están, afirma la Dra. Sucre.
"A esa hora tenemos que llamar a las monjitas. Son cosas muy duras. Tienes que poner ese abuelo en los hogares", exclamó. En los pasillos de la institución ha visto caminar con dificultad a abuelitos en busca de ayuda. Cuenta el caso de un señor que salió de su hogar porque ya no soportaba el trato. Su hija se burlaba de él y le decía "que quién le iba hacer caso a un viejo loco".
El señor, con una pierna amputada, contaba que no le daban comida. Con insistencia decía que ya no podía regresar a esa casa. El trabajador social fue con él a su casa y el señor firmó una nota, recogió sus pertenencias y hoy está en un hogar, recuperado y feliz.
Una llamada telefónica alertó sobre la situación de maltrato de una señora. Las descripciones de lo que le hacían a la abuelita requirió de la intervención de un corregidor. Este era un caso que no podía esperar, afirma Sucre.
Se buscó una orden del corregidor para abrir la casa porque la señora estaba encerrada y hubo que allanar la vivienda. Cuando la sacaron, sin conocer al funcionario, dijo: "Yo me voy con usted". Las pertenencias cabían en una pequeña bolsa; no tenía zapatos. La evaluación médica reveló que padecía tuberculosis e insuficiencia cardiaca. Era Marta, una mujer alta, pero su peso promediaba las 90 libras, inferior a su talla, comenta la Dra. Sucre.
Estuvo hospitalizada y ahora está en el Hogar Bolívar. "¡Gracias a Dios! que se le pudo ayudar porque difícilmente, en esas condiciones, hubiera soportado más tiempo", exclamó. Cuando llegó el funcionario la señora dijo: "usted es un ángel que Dios me lo mandó de tanto yo rezar".
La doctora hace un alto en medio del relato. Frente a su escritorio, tiene unos archivadores. En uno de ellos está la imagen de Cristo Jesús. Su mirada cada vez que recordaba estas historias se dirigía hacia ese rincón. En señal de que las acciones de muchos hijos son inconcebibles, coloca sus manos sobre su frente, seguidas de un gesto desaprobador viendo al Cristo.
"Por eso lo tengo allí. Yo lo miro y le digo: ¿por qué pasan estas cosas?, no lo entiendo". Como la acción produciría una reacción, al día siguiente el hijo de la señora llegó a su despacho y le preguntó que ¿quién le iba a pagar su cerradura? "Nunca me preguntó por su madre, sino quién le iba a pagar su cerradura", afirmó desconcertada.
La acusaron de haberles violado sus derechos cuando ellos son los que han violado la integridad de la señora. "Ustedes son unos delincuentes", les respondió la doctora esa mañana en su despacho. La esposa del señor le dio las gracias a ella y al ministerio porque le habían quitado una carga, iba a tener bienestar porque la señora era un estorbo.
Los vecinos denunciaron la situación porque un día la señora se escapó y el hijo la fue a buscar en su auto. La llevó amarrada en plena lluvia, él en el auto y la señora amarrada. Según los vecinos, la bañaban desnuda, amarrada en el patio. Ahora está feliz y recuperada... Le afecta escuchar el nombre de su hijo.
La situación del adulto mayor "es difícil, es compleja", no sólo por la pobreza, sino por la falta de valores familiares, del respeto a los padres y a los abuelos. Se necesita una campaña de valores. Es un problema complejo, recalcó la fuente.
"Creo que es la crisis de valores que está viviendo la sociedad", porque hay hijos que pueden y no ayudan a sus padres; en cambio hay hogares pobres que son modelo y vienen aquí a solicitar algún tipo de ayuda que ellos no pueden suplir, afirmó.
Entre esas peticiones están leche, silla de ruedas, medicamentos, camas, pañales desechables, entre otros. También se reciben denuncias de maltrato de parte de uno de los hermanos que acusa al otro de maltratar a sus padres. En esta situación se investiga y se comprueba la denuncia.
La mayoría de las veces, el denunciante no quiere hacerse cargo de sus padres. La doctora Sucre considera que el presupuesto asignado es muy pobre para los problemas que se atienden, y aunque tratan de divulgar más los servicios que prestan para beneficio de los adultos mayores, se tropiezan con la carencia de fondos para ello.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América