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La crisis del neo-liberalismo en América Latina


Las cotidianas caídas de las bolsas de valores de Brasil, Argentina, México y otros países latinoamericanos por los abruptos y considerables retiros de valores desde los principales centros financieros, resaltan una vez más la dependencia de las economías latinoamericanas y la sombra ilusoria de una prosperidad estimulada a la luz del neo-liberalismo.
Presionadas por las instituciones financieras internacionales, las naciones latinoamericanas se han insertado en la globalización económica que permite la circulación de capitales extranjeros sin restricciones ni barreras, en beneficio supuesto del comercio mundial.
Como carnada se usó el señuelo de una afluencia caudalosa de capitales a los países emergentes del Tercer Mundo para llevarlos a los lugares privilegiados del Primer Mundo. Deslumbrados por tan seductoras luces, los gobiernos latinoamericanos, entre ellos el panameño, no vacilaron en abrir sus mercados a los exportadores de las grandes potencias, sacrificando sin miramientos a los productores autóctonos, desde industriales a ganaderos y agricultores, inhabilitados para competir con los productores foráneos.
Asimismo las corporaciones estatales monopólicas se han privatizado bajo el objetivo de la búsqueda de eficiencia, que tuvo como contrapartida inmediata la pérdida de empleos, el encarecimiento de los servicios públicos y una calidad a la espera de mejores niveles.
Pero la prosperidad prometida no es sino el reflejo de luces que se desvanecen bajo la presión de fuerzas que aparecen fuera del esquema. Las inversiones se desnudan, mostrando al descubierto sus propósitos especulativos de orden bursátil; y así se alejan con la misma o mayor velocidad con que llegaron, tal como se comprueba en México, Brasil y Argentina.
Deslumbrantes juegos de bolsas nos dieron la impresión de que, por fin, había llegado la prosperidad, y con ella la secuela de compra de bancos, compañías estatales, modernización de los sistemas de producción y comercialización.
Sin embargo, en los hechos se demuestra que lo que América Latina requiere es la inversión productiva de alcance social, que se radique en el país a largo plazo, que cree empleos y eleve de manera permanente la calidad de vida de los nacionales. Esa sería la alternativa al camino fácil y volátil de la especulación de bolsa que adquiere valores locales a bajo precio, los infla después artificialmente, para luego retirarse en estampida al primer síntoma de agotamiento de la ola de ganancias efímeras.
Algunas naciones, como Chile, fijan limitaciones a la inversión especulativa, pero aun así el país sureño no se ha librado de los efectos del tifón asiático. Ante las proporciones de la crisis globalizada debemos repensar en otras fórmulas de desarrollo menos traumatizantes y más compatibles con nuestras genuinas necesidades socio-económicas.

101 años de Panamá América

 
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