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La crisis financiera y Panamá, ¿cuestión de tiempo o de suerte?


Si bien a principios del 2008 los informes internacionales registraron un fuerte pesimismo respecto a la estabilidad de la economía panameña, a final de año los pronósticos repuntaron: En octubre del 2008, el Banco Mundial señaló que Perú y Panamá serían los dos países con mayores recursos para hacerle frente a la debacle financiera. En diciembre, el informe de cierre de la CEPAL reconoció que Panamá sería uno de los tres países que experimentaría una mayor tasa de crecimiento.

No obstante, un hecho pasó inadvertido en la discusión del impacto de la crisis financiera en Panamá -la falta de profundidad del mercado bursátil local. "El no tener un mercado profundo, y no tener una cultura en este tipo de productos hizo que los inversionistas panameños no se metieran en este tipo de productos", me reconoció el Comisionado Presidente de la Comisión Nacional de Valores, Juan Manuel Martans en una entrevista concedida a Panamá América sobre este tema. "Sí se ofrecieron en Panamá, pero los bancos, que son muy conservadores en el manejo de su riesgo, tuvieron como práctica no meterse en estos asuntos".

Hasta ahora, Panamá ha logrado sobrellevar la tormenta. El epicentro de la crisis, la "bursatilización" o el empaquetamiento de pasivos hipotecarios de dudosa credibilidad como valores para el respaldo de transacciones bancarias, no despertó mayor interés en la plaza local. Y si bien aquélla cuenta con otros problemas, sin duda relacionados al crédito fácil y la permisividad que caracterizaron los años antes de la crisis -como por ejemplo, aquellos esquemas de pirámides regionales (DMG) e internacionales (el caso Madoff), el gobierno panameño apartó preventivamente casi 1,110 millones de dólares para contingencias.

No obstante, aquel fondo no es una vacuna. Si bien la compra descuidada de productos riesgosos no tuvo acogida generalizada entre inversionistas locales vista la existencia de una plaza bancaria muy desarrollada, la alta volatilidad en el mercado hoy atemoriza a muchos e incentiva la fuga de capitales. Por ello debemos estar atentos, especialmente cuando la captación de depósitos de nacionales y extranjeros es sostén importante para el flujo de crédito en Panamá.

Y nuestra suerte depende de nuestra prudencia -por eso no podemos tomar a la ligera la propuesta del "flat tax" para Panamá. Si bien este impuesto podría simplificar la captación fiscal, sin cuidado al diseño de las deducciones y dentro un marco de legislación "off-shore", aquél podría convertirse en un gravamen regresivo. Los países del Báltico, en su momento modelos para este impuesto, con empresas sobrecapitalizadas y en medio de ajustes presupuestarios draconianos, deberán recurrir a la devaluación para exportar. Por otro lado, Islandia, con un sistema impositivo análogo, sufrió en gran medida los embates de la crisis financiera porque esta sobrecapitalización aceleró el incentivo para recurrir a inversiones más riesgosas y con ello, a la compra de activos tóxicos.

Pero por ahora en Panamá todavía hay motivos para ser optimistas: "Yo creo que hay algo de oportunidad en todo esto", me reconocía el Comisionado Martans en su entrevista sobre la crisis. Y así, depende de nosotros actuar con prudencia en los años venideros.

eloyfish@epasa.com

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