La crisis que viene
Los banqueros panameños son profesionales muy exitosos. Lograron convencernos de que las repercusiones de la crisis financiera mundial, que ha devastado la economía de países enteros (como Islandia), o dañado gravemente las de Estados Unidos y los países miembros de la Unión Europea, no se sentirían en Panamá. Evitaron así las estampidas de cuentahabientes, el desplome del crédito a los proyectos de inversión, la quiebra súbita de muchas empresas, el alza abrupta del desempleo, la depresión del consumo, la crisis fiscal por baja recaudación, el déficit de las finanzas públicas, el cierre de programas sociales, por mencionar algunos de los efectos fatídicos que la crisis ha generado en otros países.
En Panamá la gente siguió ahorrando su dinero en los bancos sin reservas, y éstos siguieron prestando plata, aunque con un poco más de cautela; las empresas siguieron funcionando, y el desempleo se mantuvo en niveles bajos. Hasta ahora todo muy bien, pues. El problema está en que se ha hecho poco o casi nada para prever los efectos negativos de una eventual profundización de la crisis financiera.
Las disminuciones en el rubro de re-exportaciones de la Zona Libre de Colón son dramáticas, lo que atestigua que el vecindario está en dificultades. La actividad de los puertos también ha disminuido y todo ello está contribuyendo a contraer las finanzas públicas de modo preocupante. No debiera esperarse hasta que asuma el nuevo gobierno para hacer los ajustes correspondientes en el Presupuesto del Estado, pues algunas erogaciones pueden y deben evitarse.