La CSS: La tormenta que no cesa
El panorama de la Caja de Seguro Social (CSS) continúa deteriorándose, según las propias palabras de quien la dirige en estos momentos. Al narrar el estado financiero de la misma, desvela que existe una crisis profunda. De la propia oficina del planificador de la institución, demagógicamente, ahora muestran un panorama para olvidar. Siempre nos ofrecen "más de lo mismo". No hay cambios, sino movidas para lo contrario. Es el resultado de su gran incompetencia.
Desde el inicio, la escogencia de la persona para la dirección recibió oposición de diferentes sectores del oficialismo. Sin embargo, las autoridades del gobierno entrante claudicaron ante la llamada dirigencia de "los piqueteros y cierra calles" que dicen ser vanguardias de los trabajadores, como también de políticos con gran influencia política y económica de quien triunfó en las elecciones recién concluidas.
Hay políticos, dentro y fuera del gobierno, que consideran como máximo responsable de los males actuales por los que atraviesa la institución al director de turno. Dicho señor con su proceder ha sido incapaz de intentar una transformación profunda. Su gestión y administración, lejos de ofrecer soluciones razonables, han ahondado en los problemas mal resueltos que tiene la CSS. Sabemos que la gravedad de la institución es extraordinaria; que este año será un año de recortes significativos, el deterioro de programas, así como también de la urgencia notoria de solicitar créditos extraordinarios.
Quien practique el arte de curar dirá, sin miedo a equivocarse, que la Caja de Seguro Social se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos. Esperemos que no haya necesidad de que solicitemos la extremaunción como indiciario de una muerte que ha venido siendo anunciada por administradores, actuarios nacionales y por organizaciones foráneas.
Como forma dilatoria de lo que ocurrirá, los actuales directores de la institución de la avenida Bolívar, con su director a la cabeza y su legión de asesores, por cierto muy bien remunerados, estarán elucubrando un probable dictamen jurídico para poner en marcha una nueva tragicomedia de la que nos tienen acostumbrados.
Con preocupación somos participantes de esta historia, seguimos de cerca la evolución de esta olla hirviente que es la Caja. Esta crisis profunda probablemente sea irreversible, y más pronto que tarde se privatice lo más preciado por el pueblo panameño.
Aunque algo tarde, parece ser que hay un grupo disidente dentro de los grupos sindicales. El cacareado monolitismo sindical hace grietas y se cuestiona al actual representante ante la Junta Directiva, aduciendo tener un parentesco con la señora presidenta. Esta realidad era de su conocimiento y ahora es esgrimida, porque parece ser que el citado ciudadano ha tomado la opción de independencia de la eterna dirigencia sindical.
Los incapaces, a quienes les ha tocado estar en posición administrativa por circunstancias e indicaciones emanadas de fuentes monetaristas foráneas, han disfrazado los remedios de curación de la enfermedad económica, de planificación y gestión que padece la institución.
Los asegurados, y médicos no adeptos al establishment les consta que no existen medicamentos. Los anunciados inicios de actividades se han dilatado, y corren el peligro de que debido a la mala administración y planificación de quienes cobran jugosos y exorbitantes salarios por poner sus conocimientos al servicio de la institución, se interrumpan a mediados del presente año. No se ha resuelto el problema de las citas médicas. Esto por decir lo más sencillo. El resultado va a ser que, a pesar de la demagogia y los discursos de la mentira, el resultado final es el fracaso estruendoso.
El maquillaje de buena gente que algunos utilizan ante los medios, desaparecerá y aparecerán retratados tal como lo son en realidad " unos verdaderos farsantes".
Mi abuelo, que era ciego, me decía antes de fallecer, lo siguiente: "A los hombres se les conoce por sus actos". Sabias sus afirmaciones, aunque carecía de títulos académicos, y nunca pisó la Universidad como docente universitario. Las palabras de aquel anciano ciego fallecido hace muchos años tienen validez hoy, y en lo que nos atañe.
Así, las cosas que ocurren en la institución, que he venido denominando una Caja de Pandora, llegará a ser un infierno, y sus llamas nos devorarán a todos.
Desde el inicio, la escogencia de la persona para la dirección recibió oposición de diferentes sectores del oficialismo. Sin embargo, las autoridades del gobierno entrante claudicaron ante la llamada dirigencia de "los piqueteros y cierra calles" que dicen ser vanguardias de los trabajadores, como también de políticos con gran influencia política y económica de quien triunfó en las elecciones recién concluidas.
Hay políticos, dentro y fuera del gobierno, que consideran como máximo responsable de los males actuales por los que atraviesa la institución al director de turno. Dicho señor con su proceder ha sido incapaz de intentar una transformación profunda. Su gestión y administración, lejos de ofrecer soluciones razonables, han ahondado en los problemas mal resueltos que tiene la CSS. Sabemos que la gravedad de la institución es extraordinaria; que este año será un año de recortes significativos, el deterioro de programas, así como también de la urgencia notoria de solicitar créditos extraordinarios.
Quien practique el arte de curar dirá, sin miedo a equivocarse, que la Caja de Seguro Social se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos. Esperemos que no haya necesidad de que solicitemos la extremaunción como indiciario de una muerte que ha venido siendo anunciada por administradores, actuarios nacionales y por organizaciones foráneas.
Como forma dilatoria de lo que ocurrirá, los actuales directores de la institución de la avenida Bolívar, con su director a la cabeza y su legión de asesores, por cierto muy bien remunerados, estarán elucubrando un probable dictamen jurídico para poner en marcha una nueva tragicomedia de la que nos tienen acostumbrados.
Con preocupación somos participantes de esta historia, seguimos de cerca la evolución de esta olla hirviente que es la Caja. Esta crisis profunda probablemente sea irreversible, y más pronto que tarde se privatice lo más preciado por el pueblo panameño.
Aunque algo tarde, parece ser que hay un grupo disidente dentro de los grupos sindicales. El cacareado monolitismo sindical hace grietas y se cuestiona al actual representante ante la Junta Directiva, aduciendo tener un parentesco con la señora presidenta. Esta realidad era de su conocimiento y ahora es esgrimida, porque parece ser que el citado ciudadano ha tomado la opción de independencia de la eterna dirigencia sindical.
Los incapaces, a quienes les ha tocado estar en posición administrativa por circunstancias e indicaciones emanadas de fuentes monetaristas foráneas, han disfrazado los remedios de curación de la enfermedad económica, de planificación y gestión que padece la institución.
Los asegurados, y médicos no adeptos al establishment les consta que no existen medicamentos. Los anunciados inicios de actividades se han dilatado, y corren el peligro de que debido a la mala administración y planificación de quienes cobran jugosos y exorbitantes salarios por poner sus conocimientos al servicio de la institución, se interrumpan a mediados del presente año. No se ha resuelto el problema de las citas médicas. Esto por decir lo más sencillo. El resultado va a ser que, a pesar de la demagogia y los discursos de la mentira, el resultado final es el fracaso estruendoso.
El maquillaje de buena gente que algunos utilizan ante los medios, desaparecerá y aparecerán retratados tal como lo son en realidad " unos verdaderos farsantes".
Mi abuelo, que era ciego, me decía antes de fallecer, lo siguiente: "A los hombres se les conoce por sus actos". Sabias sus afirmaciones, aunque carecía de títulos académicos, y nunca pisó la Universidad como docente universitario. Las palabras de aquel anciano ciego fallecido hace muchos años tienen validez hoy, y en lo que nos atañe.
Así, las cosas que ocurren en la institución, que he venido denominando una Caja de Pandora, llegará a ser un infierno, y sus llamas nos devorarán a todos.