La CSS o los jinetes del Apocalipsis
Muchos años han transcurrido desde que se predijera el derrumbe apocalíptico de la Caja de Seguro Social (CSS). Indudablemente que la misma ha crecido en extensión y profundidad, en tal dimensión que no guarda casi ningún paralelo con aquella forjada por Arnulfo Arias Madrid. Aquella que en otros tiempos fuera una sólida y orgullosa institución de seguridad social, se ha convertido en el muro de lamentos de los asegurados y también, huelga decirlo, de sus beneficiarios.
Uno de los problemas que, estoy segura, enfrenta es el resultado de los diversos saqueos que padeció durante la época de los militares, quienes además de politizarla (craso error) la convirtieron en el banco de reserva del Estado, hecho que aún perdura hasta nuestros días (recordemos los bonos recientemente emitidos). A partir de su politización se perdió el sano equilibrio que balanceaba su administración. Recuerdo que al igual que el director general, también los integrantes de la Junta Directiva se imponían de a dedillo.
Como en todo, algunas cosas positivas también se efectuaron, vale mencionar la incorporación del Programa de Riesgos Profesionales y la estructuración del Programa de Salud Ocupacional, (hoy titulado de otro modo) sólo que este último nunca logró la coerción necesaria para que fuese cumplido por empleadores y trabajadores, sobre todo los primeros que sobradamente eluden cumplir las normas de cuidado e higiene de los (as) primeros (as) . Desde entonces y hasta la fecha, los organismos estatales involucrados por la naturaleza de sus funciones: Ministerio de Salud, Trabajo y CSS, no han llegado, que yo sepa, a establecer mecanismos específicos que obliguen a los patrones a cumplir con las normas de seguridad inherentes al cuidado moderno y científico del recurso más importante dentro del proceso de trabajo: los y las trabajadoras.
Y así tenemos que aunque uno de los componentes fundamentales de la institución es el Programa de Riesgos Profesionales, el nivel de accidentabilidad y de enfermedades profesionales, sigue siendo el talón de Aquiles de la Seguridad Social panameña. ¿Cuántas pensiones de invalidez correspondientes a riesgos profesionales son diferidas a este Programa, que anuncian muy pronto a colapsar, por deficiencias en el diagnóstico o por muchas otras razones ?
Esta situación de los riesgos profesionales forma parte de la conciencia de la actual administración, pues he sabido que sobre el particular, encamina un programa tendente a prevenir las enfermedades y los accidentes de trabajo; no obstante si sólo se mantiene a nivel educativo, sin posibilidades coactivas quedaremos en las mismas, un poquito mejor si se cuidan de no politizarlo.
Cierto es que el aumento de la esperanza de vida es otra de las razones que influyen en la condición precaria del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte, pero también los costos que a título de la integración nunca pagó el Estado, pese a que diga lo contrario, así como el descabellado invento de una pensión anticipada de la cual usaron y abusaron Tirios y Troyanos, amén de la incorporación de un número pluralísimo de beneficiarios, incluidos padre y madre. Una cuota no puede multiplicar su rendimiento más allá de sus posibilidades reales, lo demás fue demagógico. Haga el ejercicio de establecer la relación entre cotizantes y beneficiarios, además del porcentaje de la cuota de la mayoría de los asegurados directos.
Tampoco hay que olvidar la manera tan descarada en que muchos empleadores evaden el pago de la cuota obrero patronal, inclusive descontado el porcentaje respectivo a los empleados (as); el decrecimiento económico y los constantes despidos, que abaten la estructura económica de este país, lo que representa la disminución de la incorporación de un mayor número de trabajadores (as) que cuando son contratados (as) los hacen por salarios muy bajos y por periodos interrumpidos, evadiendo de esa manera el pago de otras prestaciones implícitas en la estabilidad laboral.
Ahora bien, lo que me deja perpleja, y casi sin respiración, es la pretendida argucia de vender las acciones de Cables y Alambres, (por las que ya vienen engolosinados desde hace tiempo) para "salvar" a la CSS. Me opongo a la medida, igual que a que " nos vean la cara", como dicen los mexicanos. Las acciones no están en discusión, ni deben ser negociables, constituyen un patrimonio nacional al que no podemos permitir que se le meta mano, como se hizo con el Fondo Fiduciario, dizque para reactivar la economía, pero cada día vemos más empresas cerrar y más gentes quedar desempleada.
Tampoco creo que la solución sea aumentar la edad de jubilación de las mujeres (ya es suficiente con la triple jornada que realizamos) y mucho menos disminuir la licencia de maternidad, algo que en un programa radial me mencionó una autoridad gubernamental. ¿Acaso nuestros hijos se paran como los caballos a las pocas horas de haber nacido y nosotras debemos separarnos del trabajo momentos antes de los dolores de parto? ¿Es que saben los hombres lo que significa el peso de llevarlos en las entrañas y las incomodidades finales? No es suficiente ya el deterioro de la salud de la mayoría de nuestras congéneres, acosadas por condiciones inadecuadas de trabajo y de mala calidad de vida.
Busquen otras soluciones para detener los Cuatro Jinetes del Apocalipsis que amenazan la integridad de la CSS, pero que ninguna pase por el sacrificio de los hombres y mujeres que con su aporte mantienen con vida a la institución, mucho menos por la dilapidación de nuestra riqueza social. ¿Hasta cuándo ...? Si piensan que eso le salva la cara al partido en el poder, me atrevo a vaticinar que se están equivocando.
Uno de los problemas que, estoy segura, enfrenta es el resultado de los diversos saqueos que padeció durante la época de los militares, quienes además de politizarla (craso error) la convirtieron en el banco de reserva del Estado, hecho que aún perdura hasta nuestros días (recordemos los bonos recientemente emitidos). A partir de su politización se perdió el sano equilibrio que balanceaba su administración. Recuerdo que al igual que el director general, también los integrantes de la Junta Directiva se imponían de a dedillo.
Como en todo, algunas cosas positivas también se efectuaron, vale mencionar la incorporación del Programa de Riesgos Profesionales y la estructuración del Programa de Salud Ocupacional, (hoy titulado de otro modo) sólo que este último nunca logró la coerción necesaria para que fuese cumplido por empleadores y trabajadores, sobre todo los primeros que sobradamente eluden cumplir las normas de cuidado e higiene de los (as) primeros (as) . Desde entonces y hasta la fecha, los organismos estatales involucrados por la naturaleza de sus funciones: Ministerio de Salud, Trabajo y CSS, no han llegado, que yo sepa, a establecer mecanismos específicos que obliguen a los patrones a cumplir con las normas de seguridad inherentes al cuidado moderno y científico del recurso más importante dentro del proceso de trabajo: los y las trabajadoras.
Y así tenemos que aunque uno de los componentes fundamentales de la institución es el Programa de Riesgos Profesionales, el nivel de accidentabilidad y de enfermedades profesionales, sigue siendo el talón de Aquiles de la Seguridad Social panameña. ¿Cuántas pensiones de invalidez correspondientes a riesgos profesionales son diferidas a este Programa, que anuncian muy pronto a colapsar, por deficiencias en el diagnóstico o por muchas otras razones ?
Esta situación de los riesgos profesionales forma parte de la conciencia de la actual administración, pues he sabido que sobre el particular, encamina un programa tendente a prevenir las enfermedades y los accidentes de trabajo; no obstante si sólo se mantiene a nivel educativo, sin posibilidades coactivas quedaremos en las mismas, un poquito mejor si se cuidan de no politizarlo.
Cierto es que el aumento de la esperanza de vida es otra de las razones que influyen en la condición precaria del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte, pero también los costos que a título de la integración nunca pagó el Estado, pese a que diga lo contrario, así como el descabellado invento de una pensión anticipada de la cual usaron y abusaron Tirios y Troyanos, amén de la incorporación de un número pluralísimo de beneficiarios, incluidos padre y madre. Una cuota no puede multiplicar su rendimiento más allá de sus posibilidades reales, lo demás fue demagógico. Haga el ejercicio de establecer la relación entre cotizantes y beneficiarios, además del porcentaje de la cuota de la mayoría de los asegurados directos.
Tampoco hay que olvidar la manera tan descarada en que muchos empleadores evaden el pago de la cuota obrero patronal, inclusive descontado el porcentaje respectivo a los empleados (as); el decrecimiento económico y los constantes despidos, que abaten la estructura económica de este país, lo que representa la disminución de la incorporación de un mayor número de trabajadores (as) que cuando son contratados (as) los hacen por salarios muy bajos y por periodos interrumpidos, evadiendo de esa manera el pago de otras prestaciones implícitas en la estabilidad laboral.
Ahora bien, lo que me deja perpleja, y casi sin respiración, es la pretendida argucia de vender las acciones de Cables y Alambres, (por las que ya vienen engolosinados desde hace tiempo) para "salvar" a la CSS. Me opongo a la medida, igual que a que " nos vean la cara", como dicen los mexicanos. Las acciones no están en discusión, ni deben ser negociables, constituyen un patrimonio nacional al que no podemos permitir que se le meta mano, como se hizo con el Fondo Fiduciario, dizque para reactivar la economía, pero cada día vemos más empresas cerrar y más gentes quedar desempleada.
Tampoco creo que la solución sea aumentar la edad de jubilación de las mujeres (ya es suficiente con la triple jornada que realizamos) y mucho menos disminuir la licencia de maternidad, algo que en un programa radial me mencionó una autoridad gubernamental. ¿Acaso nuestros hijos se paran como los caballos a las pocas horas de haber nacido y nosotras debemos separarnos del trabajo momentos antes de los dolores de parto? ¿Es que saben los hombres lo que significa el peso de llevarlos en las entrañas y las incomodidades finales? No es suficiente ya el deterioro de la salud de la mayoría de nuestras congéneres, acosadas por condiciones inadecuadas de trabajo y de mala calidad de vida.
Busquen otras soluciones para detener los Cuatro Jinetes del Apocalipsis que amenazan la integridad de la CSS, pero que ninguna pase por el sacrificio de los hombres y mujeres que con su aporte mantienen con vida a la institución, mucho menos por la dilapidación de nuestra riqueza social. ¿Hasta cuándo ...? Si piensan que eso le salva la cara al partido en el poder, me atrevo a vaticinar que se están equivocando.