La CSS requiere un estadista
CADA DÍA se hace más evidente, la urgente necesidad de afrontar con responsabilidad y sapiencia, la crisis de la Caja de Seguro Social.
No podemos seguir insistiendo en que el problema de esta institución de seguridad social, se debe única y exclusivamente a los dineros desfalcados hace varios años; en financiar urbanizaciones fantasmas, en la compra de bonos del estado, desaparecidos misteriosamente, además de otros métodos utilizados por funcionarios deshonestos, sin el más mínimo escrúpulo y consideración por la filosofía de protección social a los más débiles; como son, los ancianos, los enfermos, los niños.
La población asegurada y sus dependientes, siguen aumentando en número y en un alto porcentaje, quienes menos pagan, por recibir salarios más bajos, son los que más beneficiarios y dependientes tienen. Esto conlleva más visitas médicas, más medicinas, más hospitalizaciones.
Por otro lado, las expectativas de vida han aumentado considerablemente desde cuando se efectuaron los cálculos actuariales, al iniciarse el sistema de seguridad social en el país, hace varias décadas.
No podemos continuar con la tesis irresponsable de que a mí no me afecten, ni disminuyan mis derechos, ni los de mis dependientes y mucho menos, aumentar la edad de jubilación, las cuotas mensuales y el número de anualidades mínimas necesarias para tener derecho a una jubilación.
La institución del Seguro Social en Panamá, es una de las más amplias, comparándola con países similares, incluyendo a los industrializados.
No sólo se utiliza para cubrir mensualidades vitalicias para los jubilados y pensionados, sino para entregar medicinas, atención médica y hospitalización además de los asegurados, todos sus dependientes.
Todos estamos conscientes de que el Seguro Social está en crisis, a punto de colapsar, pero no aceptamos, bajo ningún punto de vista que, nos aumenten las cuotas, nos disminuyan los servicios, controlen el número de beneficiarios, ni aumenten las cuotas mínimas necesarias para tener derecho a la jubilación. ¿Entonces, qué solución queda para salvar la imprescindible seguridad social?.
Que el gobierno nacional, responsable directo de la administración del Estado, explique en forma diáfana, sin muchas arandelas, ni palabras rebuscadas, las medidas necesarias que se van a aplicar, para la salvaguarda de tan preciada institución.
No hay tiempo ni siquiera para pensar en el posible costo político; los estadistas actúan pensando en el futuro del país, los gobernantes actúan pensando en las próximas elecciones. El Seguro Social panameño reclama soluciones que sólo un estadista puede brindarle.
No más diálogos, no más pérdida de tiempo, todos sabemos que, a cada cotizante individual, a cada patrono particular y estatal, nos toca pagar una cuota de sacrificio, cónsona con nuestras posibilidades económicas.
No más dilación, el Seguro Social requiere una transfusión financiera que le permita vivir con comodidad.
Sólo los débiles rehusan aceptar las consecuencias de sus actos, un gobernante estadista acepta con honor las consecuencias de sus decisiones.
No podemos seguir insistiendo en que el problema de esta institución de seguridad social, se debe única y exclusivamente a los dineros desfalcados hace varios años; en financiar urbanizaciones fantasmas, en la compra de bonos del estado, desaparecidos misteriosamente, además de otros métodos utilizados por funcionarios deshonestos, sin el más mínimo escrúpulo y consideración por la filosofía de protección social a los más débiles; como son, los ancianos, los enfermos, los niños.
La población asegurada y sus dependientes, siguen aumentando en número y en un alto porcentaje, quienes menos pagan, por recibir salarios más bajos, son los que más beneficiarios y dependientes tienen. Esto conlleva más visitas médicas, más medicinas, más hospitalizaciones.
Por otro lado, las expectativas de vida han aumentado considerablemente desde cuando se efectuaron los cálculos actuariales, al iniciarse el sistema de seguridad social en el país, hace varias décadas.
No podemos continuar con la tesis irresponsable de que a mí no me afecten, ni disminuyan mis derechos, ni los de mis dependientes y mucho menos, aumentar la edad de jubilación, las cuotas mensuales y el número de anualidades mínimas necesarias para tener derecho a una jubilación.
La institución del Seguro Social en Panamá, es una de las más amplias, comparándola con países similares, incluyendo a los industrializados.
No sólo se utiliza para cubrir mensualidades vitalicias para los jubilados y pensionados, sino para entregar medicinas, atención médica y hospitalización además de los asegurados, todos sus dependientes.
Todos estamos conscientes de que el Seguro Social está en crisis, a punto de colapsar, pero no aceptamos, bajo ningún punto de vista que, nos aumenten las cuotas, nos disminuyan los servicios, controlen el número de beneficiarios, ni aumenten las cuotas mínimas necesarias para tener derecho a la jubilación. ¿Entonces, qué solución queda para salvar la imprescindible seguridad social?.
Que el gobierno nacional, responsable directo de la administración del Estado, explique en forma diáfana, sin muchas arandelas, ni palabras rebuscadas, las medidas necesarias que se van a aplicar, para la salvaguarda de tan preciada institución.
No hay tiempo ni siquiera para pensar en el posible costo político; los estadistas actúan pensando en el futuro del país, los gobernantes actúan pensando en las próximas elecciones. El Seguro Social panameño reclama soluciones que sólo un estadista puede brindarle.
No más diálogos, no más pérdida de tiempo, todos sabemos que, a cada cotizante individual, a cada patrono particular y estatal, nos toca pagar una cuota de sacrificio, cónsona con nuestras posibilidades económicas.
No más dilación, el Seguro Social requiere una transfusión financiera que le permita vivir con comodidad.
Sólo los débiles rehusan aceptar las consecuencias de sus actos, un gobernante estadista acepta con honor las consecuencias de sus decisiones.