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La CSS y las hidroeléctricas


He escuchado dos veces a Juan Jované, Director de la Caja de Seguro Social (CSS), una vez en un programa de Julio Miller, y recientemente en el de Lucy Molinar, diciendo que buena parte de la crisis económica del Seguro Social obedece a la mala situación económica del país. El raciocinio de Jované es que mientras no haya más crecimiento económico y, por consiguiente, más empleados cotizantes de la CSS, la crisis financiera de dicha institución no podrá mejorar. En este sentido, Jované indicó que la CSS ya ha hecho esto con la Caja de Ahorros (aunque entiendo que ya han copado la capacidad de ésta para este tipo de financiamiento de segundo piso); y ha tenido conversaciones exploratorias con el Banco Nacional, en base a que el Seguro Social le facilitaría dinero a dicha entidad bancaria (no se definió, pero asumo que el dinero se pondría en un fideicomiso administrado por el Banco Nacional), para que a su vez este banco lo preste en actividades que generen crecimiento económico.
Así las cosas, sólo he escuchado a Jované hablar de que estos dineros se pueden otorgar para préstamos hipotecarios. Asumo que el raciocinio de Jované es que los préstamos hipotecarios irán acompañados de la construcción de nuevas viviendas, que implica empleo y movimiento económico. Sugiero que además de financiar proyectos de desarrollo habitacional, la dupla de la Caja de Seguro Social y el Banco Nacional de Panamá (o CSS y Caja de Ahorros, si esta última puede asumir este tipo de riesgo) debe estudiar la posibilidad de dar financiamientos a largo plazo para la construcción de hidroeléctricas.
Una de las actividades que más empleo genera y que deja más valor agregado en un país es la construcción de hidroeléctricas. Esto es porque la inversión de capital necesaria para construir una hidroeléctrica es sumamente alta (buena parte de la razón de por qué no se han construido más hidroeléctricas en Panamá), tanto en la construcción de la misma presa, sus túneles y trabajos de infraestructura conexos como caminos, líneas de transmisión, etc.
Conseguir financiamiento a largo plazo para un proyecto eléctrico panameño es sumamente difícil. Puedo hablar con conocimiento, porque me consta que a un cliente termoeléctrico mío le tomó año y medio suscribir financiamiento a largo plazo con una entidad multilateral de desarrollo para un proyecto de generación, y mi entender es que los esfuerzos de AES PANAMA, S.A., en financiar a largo plazo el proyecto Estí han demorado un período comparable.
En este sentido, al financiar dichos proyectos con dinero nacional a tasas atractivas para los desarrollistas beneficiaría al Seguro Social, porque incrementaría el rendimiento de sus reservas de capital (por lo menos en comparación con lo que pagan los depósitos que tiene el Seguro Social en el Banco Nacional), y permitiría diversificar las inversiones de la misma (entiendo que éste fue el argumento que utilizó la administración Jované para no adquirir más bonos del Estado en algún momento de 2002). Pero mejor aún, durante el período de construcción de las posibles hidroeléctricas, el Seguro Social tendría la ventaja de tener muchos más cotizantes, por la gran cantidad de empleos que se produce en la construcción de una hidroeléctrica.
Al terminar de construirse las respectivas hidroeléctricas, el Seguro Social empezaría a recibir el repago de su préstamo, y los panameños veríamos un beneficio adicional: al contar con más hidroeléctricas, debe estabilizarse el precio de la energía eléctrica. Enfatizo en lo importante que es estabilizar el costo de la electricidad en este país, ya que la misma fluctúa mucho a consecuencia de que la capacidad instalada hidráulica (porque en Panamá no tenemos generación eólica, solar o geotérmica), no es tan grande como quisiéramos (aunque de existir proyectos eólicos, solares o geotérmicos en el futuro, no veo porqué no se podrían amparar por préstamos como los que describo para hidroeléctricas).
Así las cosas, pareciera que construir más hidroeléctricas (para pasar de una relación 50-50 hidráulico-térmico a un 75-25) sería ideal porque ayudaría a mantener más estable el costo de la electricidad, ya que no estaríamos tan sujetos a las subidas y bajadas de los precios de combustible mundiales. Así, las únicas plantas termoeléctricas que se mantendrían en Panamá serían las más eficientes (que son necesarias, porque aquí sufrimos de sequías y del Niño, como el cruento período 1997-1998 en que el lago Fortuna y los del Canal estuvieron muy cercanos a secarse) y/o las que ya hayan pagado su financiamiento, que haría más competitivo nuestro mercado eléctrico.
Poner esta idea en práctica no es imposible, ya que la ventaja que tiene una hidroeléctrica es que por ser un proyecto físico tangible, un buen juego de garantías contractuales (hipoteca sobre la concesión hidroeléctrica y los activos de la generadora desarrollista; cesión de contrato de construcción y suministro que incluya las garantías del equipo; cesión de los contratos de generación que haya firmado la empresa, pignoración de sus acciones en garantía) garantiza el préstamo de la CSS.
Si esta idea se pone en práctica, podríamos ayudar a mitigar tres problemas que agobian a nuestra sociedad: el fluctuante costo de la energía eléctrica, los bajos rendimientos que tienen las inversiones de la CSS y el alto nivel de desempleo en Panamá; y aunque no pretendo que con esto se disipe el problema actuarial futuro del Seguro Social, estoy seguro que es más fácil lidiar con dicho déficit actuarial en la medida que el momento de crisis para la CSS esté más lejos que cerca.

101 años de Panamá América

 
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