La cultura de la trampa y otros poemas
Con frecuencia se escucha de viva voz y en los más disímiles segmentos de la sociedad civil: lo cultural no interesa, no vende, no mueve gente, carecemos de cultura, todo menos cultura, y así se va aislando la palabra como si fuera una leprosa, en un paraíso contaminado por la vulgaridad.
Inclusive personas promotoras de cultura, agentes, burócratas, se juegan la carta de lo inútil que es hacer cultura, motivar y llevar arte a la gente común y corriente, que somos todos, sin excepción o condición.
La palabra cultura se va por la cañería rota del agua contaminada, y en buena medida contribuye a este pesimismo, la falta de autenticidad, carencia de políticas, objetivos y en no pocas ocasiones, la escasa formación y voluntad real de los agentes que creen estar haciendo cultura y viajan equivocadamente por el zaguán de la mediocridad.
Cada día la cultura es una invitada de piedra más patética, alumna segundona, una retrasada mental en la sociedad del espectáculo, de la imagen sin arraigo, pertenencia, raíz, ni voluntad, porque donde ella quiere instalarse reina la chabacanería y el choteo.
La cultura vaga de un espacio a otro, como la loca de la casa, sin norte, ni sur, desprovista de toda motivación, ausente de creatividad e imaginación, porque el llamado promotor, asalariado de ella, no la cultiva, ya que nada ha sembrado.
No obstante, en abono del otro lado de la moneda, está la Academia Panameña de la Lengua, que preside la poeta y profesora, Dra. Elsie Alvarado de Ricord, que ha realizado un acto conmemorativo del III aniversario de nacimiento de la escritora chilena, Gabriela Mistral, y que ha contado con una extraordinaria, diversificada y selecta concurrencia.
Ha borrado la Academia Panameña la leyenda negra que vivimos en un desierto cultural, porque su convocatoria, ha sido no sólo escuchada, sino atentamente seguida por profesores universitarios, empresarios, profesionales, estudiantes y público en general, atento a esta manifestación casi secreta que es la poesía.
¿Pero para qué sirve la poesía en estos tiempos, se pregunta la gente, pública y privadamente? Un periodista kuna me preguntó recientemente por qué en Chile hay tantos y buenos poetas. Preguntas, no fáciles de responder.
Acaba de pasar un aniversario del día del trabajador en el mundo, sin cuyos oficios, la vida sería mucho más difícil, y no estaríamos escribiendo en esta civilizada computadora. El trabajo y sus productos, hubiesen quedado sin historia y muchas veces desconocido, borrado por el viento del tiempo. La poesía griega fue la primera en alertarnos, con lujo de detalles, sobre la marcha de su civilización. William Shakespeare, desde hace 400 años, nos recuerda y relata con singular maestría, los cambios de una sociedad feudal, hacia una más compleja. La poesía ha trabajado desde tiempos inmemoriales con la Historia y nada le ha sido ajena, donde quiera que intervenga el hombre, soplando con él los vientos de los cambios sociales, donde el amor, la política, la naturaleza, la tecnología y sobre todo, la vida cotidiana, no han estado exentos de su temática.
Mientras se olvide que la cultura es una actividad creadora y que es el resultado del quehacer del hombre individual y comunitariamente, -y que involucra la ciencia, la tecnología, las expresiones artísticas, y se promueva la cultura de la trampa, se aplauda el fraude y se promueva el desprecio por el esfuerzo académico- la cultura y la sociedad en su conjunto-, continuarán postradas, sobrevivirán, en el mejor de los casos, pero no serán capaces de construir una nación próspera, estable y con oportunidades para las grandes mayorías.
La simulación, el engaño, el fraude, el chantaje, se han transformado en la otra cara de la verdadera Cultura, aunque son expresiones cada día más alarmantes, por lo repetitivas y porque tienden a transformarse en patrones de vida y comportamiento, naturales y aceptados.
Esta es la cultura de la trampa, aunque existen otras paralelas que crecen como pequeñas diosas de la orfandad, carentes de sentido común, imaginación, creatividad y que se diseminan como hongos en pantallas, medios, cines, impresos y en agentes de comunicación diversos. Las llaman cultura de la imagen, aunque la más preocupante por la masiva, es la cultura de la pobreza y, no olvidemos que en el plato de la cultura-cultura, también existe la cultura de la hamburguesa, que refleja el modo de vida del americano medio.
Vivimos la cultura del instante, de lo inmediato, del presente cautivo como el pájaro en un reloj cucú. Es tiempo que usted se pregunte y lo haga también con sus hijos: ¿qué cultura practica?
Inclusive personas promotoras de cultura, agentes, burócratas, se juegan la carta de lo inútil que es hacer cultura, motivar y llevar arte a la gente común y corriente, que somos todos, sin excepción o condición.
La palabra cultura se va por la cañería rota del agua contaminada, y en buena medida contribuye a este pesimismo, la falta de autenticidad, carencia de políticas, objetivos y en no pocas ocasiones, la escasa formación y voluntad real de los agentes que creen estar haciendo cultura y viajan equivocadamente por el zaguán de la mediocridad.
Cada día la cultura es una invitada de piedra más patética, alumna segundona, una retrasada mental en la sociedad del espectáculo, de la imagen sin arraigo, pertenencia, raíz, ni voluntad, porque donde ella quiere instalarse reina la chabacanería y el choteo.
La cultura vaga de un espacio a otro, como la loca de la casa, sin norte, ni sur, desprovista de toda motivación, ausente de creatividad e imaginación, porque el llamado promotor, asalariado de ella, no la cultiva, ya que nada ha sembrado.
No obstante, en abono del otro lado de la moneda, está la Academia Panameña de la Lengua, que preside la poeta y profesora, Dra. Elsie Alvarado de Ricord, que ha realizado un acto conmemorativo del III aniversario de nacimiento de la escritora chilena, Gabriela Mistral, y que ha contado con una extraordinaria, diversificada y selecta concurrencia.
Ha borrado la Academia Panameña la leyenda negra que vivimos en un desierto cultural, porque su convocatoria, ha sido no sólo escuchada, sino atentamente seguida por profesores universitarios, empresarios, profesionales, estudiantes y público en general, atento a esta manifestación casi secreta que es la poesía.
¿Pero para qué sirve la poesía en estos tiempos, se pregunta la gente, pública y privadamente? Un periodista kuna me preguntó recientemente por qué en Chile hay tantos y buenos poetas. Preguntas, no fáciles de responder.
Acaba de pasar un aniversario del día del trabajador en el mundo, sin cuyos oficios, la vida sería mucho más difícil, y no estaríamos escribiendo en esta civilizada computadora. El trabajo y sus productos, hubiesen quedado sin historia y muchas veces desconocido, borrado por el viento del tiempo. La poesía griega fue la primera en alertarnos, con lujo de detalles, sobre la marcha de su civilización. William Shakespeare, desde hace 400 años, nos recuerda y relata con singular maestría, los cambios de una sociedad feudal, hacia una más compleja. La poesía ha trabajado desde tiempos inmemoriales con la Historia y nada le ha sido ajena, donde quiera que intervenga el hombre, soplando con él los vientos de los cambios sociales, donde el amor, la política, la naturaleza, la tecnología y sobre todo, la vida cotidiana, no han estado exentos de su temática.
Mientras se olvide que la cultura es una actividad creadora y que es el resultado del quehacer del hombre individual y comunitariamente, -y que involucra la ciencia, la tecnología, las expresiones artísticas, y se promueva la cultura de la trampa, se aplauda el fraude y se promueva el desprecio por el esfuerzo académico- la cultura y la sociedad en su conjunto-, continuarán postradas, sobrevivirán, en el mejor de los casos, pero no serán capaces de construir una nación próspera, estable y con oportunidades para las grandes mayorías.
La simulación, el engaño, el fraude, el chantaje, se han transformado en la otra cara de la verdadera Cultura, aunque son expresiones cada día más alarmantes, por lo repetitivas y porque tienden a transformarse en patrones de vida y comportamiento, naturales y aceptados.
Esta es la cultura de la trampa, aunque existen otras paralelas que crecen como pequeñas diosas de la orfandad, carentes de sentido común, imaginación, creatividad y que se diseminan como hongos en pantallas, medios, cines, impresos y en agentes de comunicación diversos. Las llaman cultura de la imagen, aunque la más preocupante por la masiva, es la cultura de la pobreza y, no olvidemos que en el plato de la cultura-cultura, también existe la cultura de la hamburguesa, que refleja el modo de vida del americano medio.
Vivimos la cultura del instante, de lo inmediato, del presente cautivo como el pájaro en un reloj cucú. Es tiempo que usted se pregunte y lo haga también con sus hijos: ¿qué cultura practica?