La cultura organizacional del sector público panameño
Panamá no cuenta con esferas gubernamentales, refiriéndonos a las instituciones del estado, con un alto grado de proyección y perspectiva de planificación a largo plazo que pueda traducirse en realizaciones concretas con procesos continuos que se conviertan en resultados tangibles, focalizada a un verdadero desarrollo sostenible; por supuesto que al no existir esa condición sine qua non para un auténtico desarrollo y eficiencia en el servicio que debe prestar el servidor público, menos podemos hablar de seguimiento a un plan estratégico quinquenal, programa o estrategia que pueda diseñarse para lograr un objetivo delimitado.
A todo lo descrito, que se debe considerar como básico, en la estructura administrativa de cualquier estado moderno, hay que agregar lo imperativo de una cultura organizacional definida, una preparación asociativa del servidor público, la lealtad, la definición del sentido de pertenencia a una institución, a la organización para la que labora, la propia valoración de trabajo que realiza, y la inequívoca conciencia que la función que emprende es en bien de la comunidad, que retribuye con sus impuestos el esfuerzo que adelanta. Sin embargo, descubrimos con pesar las falencias de las instituciones públicas panameñas y como emergen pensamientos en los colaboradores de percibir el trabajo como una simple y llana instrumentalización de trabajar por los quince y los treinta, es decir, un salario que les garantice la justificada subsistencia.
Las instituciones públicas son la expresión de una realidad cultural, que están llamadas a vivir y producir en un mundo de permanente cambio, tanto en lo social como en lo económico y tecnológico, o por el contrario, como cualquier organismo, encerrarse en el marco de sus límites formales. En ambos casos, esa realidad cultural refleja un marco de valores, creencias, ideas, sentimientos y voluntades de una comunidad institucional.
Dentro de esta línea de pensamiento, debemos puntualizar, que el poco o ningún respeto que se tiene por el servidor del estado, (que por derecho le corresponde), lo desmotiva y desalienta a prestar un mejor servicio, por que tiene presente que como tal es parte de un botín político, sin garantía alguna de estabilidad ni posibilidades de superación laboral, desarrollo profesional y social que avale la salud mental que requiere para un mejor desempeño de su responsabilidad, afectando de manera sensible la buena marcha del engranaje estatal.
De todo esto se colige que esta situación endémica no permite avizorar por lo menos a mediano plazo una cultura organizacional donde Panamá, al igual que otros países, padece el mismo mal sin dejar de lado la descomposición social a todos los niveles que se propaga cada día.