La Cumbre de Sauípe
Al final de la cumbre latinoamericana realizada recientemente en el balneario de Sauípe, Brasil, en el mundo quedó sembrada una importante interrogante: ¿Estamos acaso asistiendo a la gestación de un nuevo Sur que intentará cumplir su agenda política sin la clara intervención de Estados Unidos y Canadá (OEA), España y Portugal (cumbres iberoamericanas)? Los analistas más conservadores señalan que tales aspiraciones no son más que "delirios integracionistas". Consideran que mientras Cuba y Venezuela no den indicios de hacer prevalecer el imperio de la ley y las libertades públicas por encima de las "antojadizas" voluntades de sus representantes, referencia clara a Castro y Chávez, la declaración final de la Cumbre no es honrada ni sensata.
No obstante, es posible que lo que yace en el fondo de la Cumbre de Sauípe es una inteligente maniobra diplomática del mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, para que sea esta enorme nación (Brasil) la que, a partir de ahora, y basándose en su poderosa economía y el significativo e influyente mercado que representa para le región y el mundo, empiece a arrebatarle espacios a la influencia tradicional ejercida (durante siglos) por los portugueses, españoles y estadounidense. Razonables dudas cuestionan los anhelos de Lula en la región, pero sólo el tiempo lo dirá. Sin embargo, rara vez Latinoamérica había tenido la oportunidad de crear un discurso más entusiasta sobre la unidad latinoamericana y un nuevo organismo ha surgido de la Cumbre, una plataforma común para enfrentar la crisis financiera y un consenso para llevar próximamente a la ONU. Así, entre vieja retórica y nuevos vientos de cambio que soplan en el sur del continente, la región procura afianzar su independencia en tiempos muy difíciles.