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La debacle bancaria uruguaya


Consecuencia previsible de las crisis económicas de Argentina y Brasil, el flamante centro bancario de Uruguay, fuerte competidor del panameño y de otros emporios financieros latinoamericanos, completaba ayer su cuarto día de cierre forzado de operaciones por orden del gobierno. Uruguay era el banco predilecto de los sudamericanos de clase media. Su proximidad geográfica facilitaba operaciones de depósito en dólares, con los que los ciudadanos del área se protegían de eventuales fluctuaciones malsanas de sus monedas nacionales y de la inflación que como un fantasma pulula de cuando en cuando en la región devorando los ahorros, bienes y haberes de sus atribulados habitantes.
Proporciones guardadas, Uruguay era la Suiza bancaria de Sudamérica. Era un centro serio, robusto y ajeno a las acusaciones de lavado de dinero que tanto aflige a su similar panameño. En consecuencia, mientras el del hermano sureño crecía en depósitos extranjeros en relación con los locales, el nuestro se contraía paulatinamente a la inversa.
En general pues, el centro bancario uruguayo dependía mucho más del volumen de los depósitos extranjeros que el nuestro en el que los ahorros locales han venido creciendo en relación a depósitos exteriores, pero el prolongado cierre de la crisis política de 1987 y las acusaciones de lavado han dejado sus secuelas, manifestadas en reticencia a retornar a los volúmenes de antaño. Nuestra baja contribuyó a fortalecer así a los bancos uruguayos.
La situación ahora se invierte. El colapso de la economía y la corrida que barrió a los bancos de Argentina forzando al célebre "corralito" o restricción de retiro de depósitos, obligó a los ahorristas gauchos a echar mano de sus depósitos en Uruguay. Y en la medida que se prolongaba y profundizaba la crisis en Argentina, la presión sobre los bancos de Uruguay fue siendo mayor.
Uruguay resistió por meses, ansiando el salvavidas del Fondo Monetario Internacional, no para él sino para Argentina, para que no se hundieran sus bancos. Pero el hecho es que naufragó la banca gaucha. Luego vino el contagio a Brasil, que con mayores recursos y mejores administradores resiste, pero ¿por cuánto tiempo más? El dinero de las IFIS no llega y el gobierno norteamericano se niega a detener la debacle que atribuye a la ineptitud y corrupción de los gobiernos involucrados, y que parece dispuesto a dejar que ocurra como experiencia aleccionadora.
Es posible que Panamá saque en esta ocasión ventaja de la desgracia ajena, en la medida en que se cierne la incertidumbre en Uruguay, agravada por una veintena de saqueos que marcan el comienzo de un triste final: Ya ocurrió una vez con el registro de naves panameño, elevado al máximo sitial mundial, tras las guerras civiles en Liberia.
En este orden de ideas es importante mencionar que es obligación de los cónyuges dejarse acceder sexualmente por su media naranja, siempre y cuando el acceso sea con consentimiento, pero la conducta de poseer sexualmente la pareja contra su voluntad constituye un acto de violación sexual. De igual forma comete delito de violación el que obliga a la prostituta a realizar el coito sin su consentimiento.
La violación de una mujer deja marcada su vida, por lo que requiere apoyo y deben recibir atención afectiva, terapéutica, médica y jurídica. La víctima de un ataque sexual debería de ser atendida, por un profesional de la psicología que pueda orientar el curso de la relación en la labor investigativa, pues se ha atentado contra su dignidad y libertad sexual, que sin lugar a dudas afecta su integridad psíquica y física.
En este tipo de situación la víctima de violación desencadena en fuertes sentimientos de angustia, impotencia, miedo y culpa que incidirán negativamente en el desarrollo de su vida. Esta terrible experiencia puede traer entre otras consecuencias una contaminación venérea y hasta un embarazo que conlleva el trauma del aborto por violación sexual, el cual es permitido en nuestro derecho.
Considero que es posible prevenir en alguna medida los delitos contra la libertad sexual, adoptando por parte de los individuos acciones a nivel comunitario, tales como: Denuncia de toda expresión que conduzca al tratamiento de cuerpo femenino como un objeto de uso o placer, evitar transitar por calles solitarias y con poca iluminación de ser necesario hacerlo, procurar compañía. Y la más importante de todas es la educación a niños y niñas que le permita diferenciar los distintos tipos de caricias que pueden recibir; y en fin la educación sexual en general.
Ante el aumento de este tipo de delito, pienso que a nivel institucional se deben promover campañas en establecimientos educativos y centros laborales tendientes a estimular el respeto entre hombres y mujeres y la libre determinación en las relaciones interpersonales.
Concluyo con que la pena de 3 a 10 años debe ser aumentada, la víctima debe solicitar ayuda inmediata a personas cercanas como familiares, denunciar el hecho ante las autoridades competentes, concurrir lo más pronto posible al Instituto de Medicina Legal para que se le practique una valoración médica legal, previa remisión de la autoridad. La demora en la práctica de la prueba puede ocasionar la pérdida de algunas evidencias.

101 años de Panamá América

 
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