La decencia de un candidato a la presidencia
El candidato presidencial Juan Carlos Varela, desde un principio de su campaña, se compromete con la decencia en su recorrido por convertirse en el funcionario de más alta jerarquía de nuestro país, reservándose el derecho de responder al sarcasmo y desahogos de sus adversarios.
El mensaje (palabras más, palabras menos) de Juan Carlos Varela a sus seguidores y colaboradores es: "No nos dejemos guiar por rumores, por juicios precipitados de otras personas, que nunca emitamos un juicio negativo sobre personas o instituciones -no ser inquisidores y verdugos de vidas ajenas-. Procuremos estar bien informados, e informar a la ciudadanía sobre la verdad de la trayectoria y reputación de quienes son nuestros adversarios. La ciudadanía merece estar bien informada".
Bajo esa perspectiva, me voy a referir a la tolerancia que conviene distinguirla del respeto a la legítima variedad de las opiniones y de los comportamientos. Hay muchas cosas opinables, en las que de hecho los hombres y mujeres juzgamos y actuamos diversamente. La convivencia con quienes nos rodean, la verdadera convivencia, que no consiste en vivir al lado de otros, como extraños, sino que pide el diálogo y la comprensión y requiere no soportar, sino respetar positivamente esa variedad: aceptar que hay otros que piensan de distinta manera, y tienen otra visión de las cosas. Todos en esta vida tenemos opositores por sus distintas ideas, o porque chocan los respectivos intereses, o porque aspiran a un mismo puesto. Pero ninguno de esos motivos -ni otro alguno- debe ser obstáculo para el diálogo y la amistad.
De ahí nace en nosotros los que conformamos el movimiento de Fuerza Independiente una de las preocupaciones por hacer que desaparezca cualquier forma de intolerancia, de coacción y de violencia en la campaña presidencial 2009. Lamentablemente, en nuestro país pareciera no existir una real cultura política.
La honra del prójimo es un tesoro que todos debemos respetar, pues es la estima de la propia dignidad. A nadie le agrada que se hable mal de él, ni se le calumnie o injurie.
Sin embargo, a la hora de emitir juicios sobre Juan Carlos Varela -¡con qué facilidad, y frivolidad se falta a la verdad con sentidos temerarios usando palabras desafiantes permitiendo no sólo la calumnia -la acusación falsa-, sino también la difamación, para disminuir su consideración social, profesional y humana.
Señores candidatos: También la calumnia, la maledicencia, la murmuración constituyen una verdadera y flagrante injusticia, la palabra mal intencionada puede hacer mucho daño, si no hay un empeño decidido en no hablar nunca mal de nadie. Lo importante es que se hable y se edifique con la verdad, la rectitud y la justicia.
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