La delicada labor de administrar justicia
Una de las más excelsas aspiraciones de todos los pueblos del mundo ha sido la prevención de la injusticia y en defecto la realización de la justicia como fin último y trascendental del Derecho. En torno a ese anhelo universal ha surgido en la historia la figura del Juez que como delegado del monarca, e incluso de Dios, se le encomendaba la altísima misión de impartir justicia; sin embargo, con el devenir del tiempo, especialmente en Panamá, la delicada labor de administrar justicia ha venido siendo cuestionada, muchas veces injusta, por parte de la sociedad en general.
Ahora que se ha abierto la convocatoria para aquellos interesados que reúnan los requisitos para ocupar las dos vacantes que se producirán dentro de dos meses y medio en la Corte Suprema de Justicia, sobresale la exigencia de la sociedad respecto a que los futuros Magistrados no sólo cumplan fríamente con requisitos que exige la Constitución para ello, sino también el de requisitos como rectitud, honestidad y su compromiso con la justicia en beneficio de la sociedad; pero, ¿cómo podemos conocer de este tipo de perfil si todavía algunos no han demostrado desde algún cargo de administrar justicia ese irrestricto cumplimiento sólo a la Constitución y la Ley, sin que estén sometidos a la presión de otro Poder del Estado, incluso, de la presión política en un determinado momento. De ahí la importancia de esta convocatoria pública con el objeto que los aspirantes puedan ser cuestionados o examinados públicamente por el hecho que para administrar justicia se requiere sabiduría jurídica, vocación con responsabilidad social y sentido de imparcialidad.
El Presidente Martinelli tiene un gran reto por delante en cuanto al nombramiento de los futuros magistrados, ya que a este juzgador le incumbe ser el defensor del principio de juridicidad como elemento esencial de la democracia por el hecho que ejerce el control de la legalidad en cada caso concreto que se someta a su competencia preservando la efectividad real del Derecho y la confianza popular en la impartición de la justicia fortaleciendo así el régimen democrático en que vivimos.
No se trata de escoger a un profesional del derecho que se ha pasado buscando notoriedad en los medios o que sus actuaciones, ya sea en su vida privada o pública, han sido cuestionadas por contravenir principios de moralidad y ética.
La delicada función jurisdiccional requiere de una orientación preponderantemente social en quienes la desempeñan. Exige que se respete y privilegie la dignidad Jumana, sobre todo la de aquellas personas que por su debilidad económica, social o cultural, requieren de un trato que equilibre su situación en la sociedad para hacer imperar las relaciones humanas y el sentido de equidad.
La eficacia y el perfeccionamiento de la impartición de justicia implica contra con los mejores elementos en esta importante disciplina del saber jurídico. De aquí la importancia fundamental que significa contar con jueces honorables, imparciales, probos y con auténtica vocación de hacer justicia.
*Ex Asistente de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.