La delincuencia y los derechos humanos
Hace tiempo me referí a la cacareada posición de los Comités de Derechos Humanos, que siempre salen a defender a los delincuentes. Tomando en cuenta lo que ha venido aconteciendo con la vida de los ciudadanos decentes de este país, no es justo que los derechos de éstos estén por encima de los demás.
Hemos visto a través de los años, como se asesina a sangre fría a meritorios ciudadanos, profesionales de todas las ramas productivas, inclusive a taxistas que muchas veces no quieren conducir a un pasajero a ciertos lugares, por temor a perder la vida.
Es necesario apoyar la disposición del Jefe de la Policía Nacional, en el sentido de hacer uso de armas para defendernos y es conveniente brindarle nuestro apoyo para que no ceje en su determinación. Si un delincuente entra en una residencia o un negocio no va a dialogar, como pretenden los que representan los derechos humanos, ni va a comprar confites a los negocios donde incurre. Va dispuesto a matar y hay que recibirlos en la misma forma que ellos llegan. La alternativa es: o te mueres o acabas con él. Cierto es que son humanos, pero hay que recordar que muchas veces andan drogados y su condición no les permite razonar. La iglesia nuestra pide que haya comprensión y no se abuse. Desgraciadamente lo que hago referencia no se puede manejar con paños tibios.
Hace pocos días un grupo de policías fue a hacer un allanamiento a uno de los populosos barrios pobres de la ciudad de David y los recibieron a tiros. ¡A qué situación se ha llegado!.
La delincuencia hay que tratarla con manos duras y hacer que se respete la autoridad. Muchos problemas se vienen acrecentando con las leyes de protección a los menores y con las limitaciones que se vienen poniendo a los padres de familia y los maestros en las escuelas.
Si se desconoce la autoridad de los padres, ¿cuál es el procedimiento recomendable para corregir los hijos? Así mismo, si se menoscaba la autoridad del maestro que pasa muchas horas al cuidado del alumno, pretender levantar niños estudiosos obedientes y disciplinados, es una utopía. No es que esté de acuerdo con los abusos que a diario publican en los diarios de padres desalmados. Quizá la falta de censura a los programas de televisión donde proliferan los crímenes, novelas de mal gusto con escenas pornográficas y gente de mal vivir, amén de las emisoras con discos vulgares que incitan al consumo de drogas y al sexo y con ejemplos de perversión que se ven hasta en las esferas gubernamentales, ¿a dónde iremos a parar?.
Urge una campaña de moralidad, mediante la cual se promueva el respeto a las autoridades, comenzando por la Presidenta de la República, que representa la majestad de la patria y que se trata de ridiculizarla, lo mismo que a altos funcionarios de los poderes del Estado y que volvamos a épocas pretéritas en la cual un policía nos llamaba la atención de buenas maneras y lo considerábamos nuestro amigo, que sabíamos que defendería nuestra vida, si fuese necesario.
Tal vez sea ingenuo pensando en cambios difíciles, pero mientras no haya mano fuerte la delincuencia seguirá dominando la nación.
Adelante con su plan señor Director de la Policía Nacional.
Hemos visto a través de los años, como se asesina a sangre fría a meritorios ciudadanos, profesionales de todas las ramas productivas, inclusive a taxistas que muchas veces no quieren conducir a un pasajero a ciertos lugares, por temor a perder la vida.
Es necesario apoyar la disposición del Jefe de la Policía Nacional, en el sentido de hacer uso de armas para defendernos y es conveniente brindarle nuestro apoyo para que no ceje en su determinación. Si un delincuente entra en una residencia o un negocio no va a dialogar, como pretenden los que representan los derechos humanos, ni va a comprar confites a los negocios donde incurre. Va dispuesto a matar y hay que recibirlos en la misma forma que ellos llegan. La alternativa es: o te mueres o acabas con él. Cierto es que son humanos, pero hay que recordar que muchas veces andan drogados y su condición no les permite razonar. La iglesia nuestra pide que haya comprensión y no se abuse. Desgraciadamente lo que hago referencia no se puede manejar con paños tibios.
Hace pocos días un grupo de policías fue a hacer un allanamiento a uno de los populosos barrios pobres de la ciudad de David y los recibieron a tiros. ¡A qué situación se ha llegado!.
La delincuencia hay que tratarla con manos duras y hacer que se respete la autoridad. Muchos problemas se vienen acrecentando con las leyes de protección a los menores y con las limitaciones que se vienen poniendo a los padres de familia y los maestros en las escuelas.
Si se desconoce la autoridad de los padres, ¿cuál es el procedimiento recomendable para corregir los hijos? Así mismo, si se menoscaba la autoridad del maestro que pasa muchas horas al cuidado del alumno, pretender levantar niños estudiosos obedientes y disciplinados, es una utopía. No es que esté de acuerdo con los abusos que a diario publican en los diarios de padres desalmados. Quizá la falta de censura a los programas de televisión donde proliferan los crímenes, novelas de mal gusto con escenas pornográficas y gente de mal vivir, amén de las emisoras con discos vulgares que incitan al consumo de drogas y al sexo y con ejemplos de perversión que se ven hasta en las esferas gubernamentales, ¿a dónde iremos a parar?.
Urge una campaña de moralidad, mediante la cual se promueva el respeto a las autoridades, comenzando por la Presidenta de la República, que representa la majestad de la patria y que se trata de ridiculizarla, lo mismo que a altos funcionarios de los poderes del Estado y que volvamos a épocas pretéritas en la cual un policía nos llamaba la atención de buenas maneras y lo considerábamos nuestro amigo, que sabíamos que defendería nuestra vida, si fuese necesario.
Tal vez sea ingenuo pensando en cambios difíciles, pero mientras no haya mano fuerte la delincuencia seguirá dominando la nación.
Adelante con su plan señor Director de la Policía Nacional.