La demagogia de Al Gore
Los Angeles (AIPE)- Una y otra vez Al Gore repite el viejo tema marxista de la lucha de clases, bajo una nueva vestimenta. Gore no se refiere a los ricos contra los pobres, los trabajadores contra los capitalistas, la burguesía y el proletariado. Lo que repite una y otra vez en su campaña es que quiere servir a la gente, no a los ricos; a la gente, no a los poderosos; a la gente, no a esos en Wall Street. Según la última vez que vi el diccionario, "la gente" incluye a todo el mundo en la sociedad. Cuando los próceres de la independencia hablaban de "los derechos de la gente" no se referían a ciertos grupos y a otros no. Eso es lo que tiene sentido tanto filosóficamente como lingüísticamente. La gente nos incluye a todos. Claro que eso no le cae bien a los demagogos y populistas como Al Gore, quien ha decidido que algunos no importan y que otros importan mucho, dadas sus ambiciones políticas.
La división de la humanidad entre los verdaderos humanos y quienes no lo llegan a ser es un legado marxista y nazi. Se utilizó también en tiempos de la esclavitud. Marx consideraba a los capitalistas como una especie de extraña tribu que explota a los débiles, por lo que merecían ser liquidados por la historia, mientras que Lenin pensaba que debían ser liquidados por el estado. Stalin arrasó con los kulaks (dueños de pequeñas fincas) y con los capitalistas como si fueran insectos. Hitler creía que los judíos eran menos que humanos y los dueños de esclavos pensaban que esa pobre gente formaba parte de sus posesiones.
Al Gore no llega a tales extremos. Simplemente le quiere arrebatar muchos derechos constitucionales a sus chivos expiatorios. Está dispuesto a violar sus derechos a la libertad, propiedad y libre asociación, prometiendo que los beneficiarios de todo eso será "la gente", la verdadera gente, aquellos que votarán por él. Pero "la gente" nos incluye a todos. Algunos, en diferentes etapas de nuestra vida, hemos sido ricos y pobres, poderosos y débiles, buenos y malos, independientes, demócratas, republicanos y hasta miembros de otros partidos. Los pobres no tienen que serlo toda la vida ni los ricos tampoco. Así como no somos jóvenes por mucho tiempo, nuestra situación económica y social fluctúa.
Es la obligación del gobierno servirnos a todos, no solamente a los pobres o a los ricos ni a los bellos o a los feos. La discriminación sólo tiene justificación para determinar quién es competente o incompetente para hacer cierto trabajo. En todos los demás casos es execrable e inmoral. Pero cuando el gobierno promueve la discriminación por razones de raza, religión o nivel económico no sólo es inmoral sino inconstitucional.
La campaña presidencial de Al Gore promueve ideas que han sido utilizadas por los campeones del odio y del genocidio, dividiendo la raza humana entre los que califican como "gente" y los que no. (c)
www.aipenet.com _ Profesor de Chapman University y asesor de Freedom Communications.
La división de la humanidad entre los verdaderos humanos y quienes no lo llegan a ser es un legado marxista y nazi. Se utilizó también en tiempos de la esclavitud. Marx consideraba a los capitalistas como una especie de extraña tribu que explota a los débiles, por lo que merecían ser liquidados por la historia, mientras que Lenin pensaba que debían ser liquidados por el estado. Stalin arrasó con los kulaks (dueños de pequeñas fincas) y con los capitalistas como si fueran insectos. Hitler creía que los judíos eran menos que humanos y los dueños de esclavos pensaban que esa pobre gente formaba parte de sus posesiones.
Al Gore no llega a tales extremos. Simplemente le quiere arrebatar muchos derechos constitucionales a sus chivos expiatorios. Está dispuesto a violar sus derechos a la libertad, propiedad y libre asociación, prometiendo que los beneficiarios de todo eso será "la gente", la verdadera gente, aquellos que votarán por él. Pero "la gente" nos incluye a todos. Algunos, en diferentes etapas de nuestra vida, hemos sido ricos y pobres, poderosos y débiles, buenos y malos, independientes, demócratas, republicanos y hasta miembros de otros partidos. Los pobres no tienen que serlo toda la vida ni los ricos tampoco. Así como no somos jóvenes por mucho tiempo, nuestra situación económica y social fluctúa.
Es la obligación del gobierno servirnos a todos, no solamente a los pobres o a los ricos ni a los bellos o a los feos. La discriminación sólo tiene justificación para determinar quién es competente o incompetente para hacer cierto trabajo. En todos los demás casos es execrable e inmoral. Pero cuando el gobierno promueve la discriminación por razones de raza, religión o nivel económico no sólo es inmoral sino inconstitucional.
La campaña presidencial de Al Gore promueve ideas que han sido utilizadas por los campeones del odio y del genocidio, dividiendo la raza humana entre los que califican como "gente" y los que no. (c)
www.aipenet.com _ Profesor de Chapman University y asesor de Freedom Communications.