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La democracia exige más que elecciones


Platón en su tratado sobre la República define el sentido de la democracia como el poder del pueblo. Desde el ágora ateniense, pasando por el senado romano y por las formas de gobierno de las ciudades del Renacimiento hasta la Constitución de los Estados Unidos y la revolución proletaria de Rusia, la democracia, como poder del pueblo, ha estado presente como ideal. Sin embargo, parece como si la democracia fuera una especie de blanco móvil. Algo que se logra en un momento histórico, pero que se aleja día a día y tiene que volverse a ganar permanentemente.
Los países latinoamericanos constituyeron sus repúblicas a comienzos del siglo XIX, y ese proceso fue considerado como el comienzo de los sistemas democráticos en la región, el ideal que forjaron grandes visionarios como Simón Bolívar, José de San Martín y otros. Es, por lo tanto, válido preguntar en dónde está el poder del pueblo. ¿Acaso sólo por el hecho de que se da la posibilidad de elegir a los gobernantes de acuerdo a nuestros preceptos constitucionales, sé está logrando un ejercicio real y eficiente de la democracia? ¿Acaso el verdadero ejercicio no implica también una permanente y activa participación del pueblo no sólo entendida como la posibilidad de acceder a los maltrechos servicios públicos sino, principalmente, como esa posibilidad y capacidad de decidir sobre los temas y las determinaciones que nos afectan?
Podemos alcanzar una democracia duradera, pero hay que cumplir con una serie de condiciones antes y después de las elecciones. Esa libertad y la participación no pueden ejercerse solamente en el momento de depositar un voto. En un Estado verdaderamente democrático, su ejercicio es constante y cotidiano.
En el ejercicio de la democracia rebasa la función puramente electoral; no sólo hay que crear canales permanentes y continuos de intercomunicación entre los gobernantes y la ciudadanía en general, hay que acabar con el mal intencionado gobierno fuerte, aquel que no puede rebajarse para discutir temas que grupos legítimos quieren enfrentar. La fortaleza de los gobiernos está en encarar día a día al pueblo.
Si no se establecen esos canales de intercomunicación social y de no prevalecer la transparencia y la honestidad en la política, se verá coartado el ejercicio mismo de la democracia en su base de libertad y participación y, posiblemente, se regrese a situaciones de gobiernos verticales y a altos grados de ingobernabilidad. *Secretario de Finanzas de la CGTP

101 años de Panamá América

 
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