default

La democracia fingida de Martín


UN MALESTAR recorre nuestro país desde la caída de la narcodictadura. Un malestar que, con el paso de los años y de los gobiernos, no cesa de aumentar producto de la democracia fingida. Un malestar que hoy día aumenta la ingobernabilidad, resta legitimidad y erosiona la credibilidad del gobierno de Martín, por mucho que las encuestas lo señalen como el rey de la popularidad.
La democracia fingida de Martín ha ido alcanzando todo tipo de expresiones y manifestaciones sociales, económicas y políticas que, difícilmente pueden ocultar ya con los antifaces de la demagogia, el populismo chabacano, el pseudoconstitucionalismo cotidiano o la burda manipulación de la información y de la casi totalidad de los medios de comunicación.
La democracia fingida de Martín se desnuda y se desenmascara más y más, a pesar de los ingentes esfuerzos que hacen –además de los del team- los exponentes máximos de los principales factores reales de poder, por hacernos creer que vivimos en un Estado de Derecho, que el país progresa o que el PRODEC (Proyecto de Desarrollo Comunitario) es el maná de la Patria Nueva.
La democracia fingida de Martín, cada vez permite menos que las decisiones que nos afecten a todos sean tomadas por todos.
La concentración de poder en el ultra-absurdo presidencialismo al que se nos empuja manu militari, desvirtúa de plano el valor de que pudiese tener el resultado electoral del voto popular.
Cada día se achica más la esfera de lo político para poder así incumplir, no sólo las promesas de campaña y el plan de Gobierno, sino también los mandatos ciudadanos.
La democracia fingida de Martín ha ido valiéndose de diversos mecanismos y personajes de la dictadura para pisotear los derechos ciudadanos y las garantías fundamentales de los mismos. Así tenemos cómo con las reformas al Código Penal, el proyecto 292 de seguridad ciudadana, la fusión de la PTJ con el DIIP, por ejemplo, se intenta desarmar a los ciudadanos de las garantías fundamentales, del derecho a la información y a la libertad de expresión, de garantías inmutables contra la opresión, de derechos políticos y sociales que nos pertenecen. Aquello de que "desarrollo humano es el proceso de expansión de las libertades reales que goza un pueblo", es hoy por hoy en Panamá una falacia que sólo le sirve a la democracia fingida de Martín y a su relacionista público número uno: el PNUD.
La democracia fingida de Martín se apresura a asestar golpes gravísimos a las libertades democráticas. Las mismas que aún no terminan de recuperarse de 21 años de trituración de parte del régimen golpista, del cual surgieron los principales exponentes de la denominada Patria Nueva. Dentro de su hoja de ruta, la democracias fingida de Martín intenta retrotraernos a las oscuras cavernas del autoritarismo y del totalitarismo en las cuales, tanto él como sus principales allegados y asesores, crecieron y se desarrollaron. Por eso imponen de la mano del Legislativo y de la complicidad del Judicial, limitaciones y obstáculos para que los ciudadanos no podamos discutir lo que nos molesta, para condenar las desigualdades económicas, políticas y sociales, para exigir se satisfagan nuestras urgencias, se resuelvan los problemas y no utilicen las riquezas nacionales y los impuestos para acrecentar sus arcas personales.
La democracia fingida de Martín se le ha ocurrido ir cerrando -y empezando por la Universidad- los espacios básicos para que podamos custodiar y perfeccionar nuestras libertades y nuestros derechos.
El miedo a la libertad y el miedo a la democracia son inoculados e inculcados para que no tengamos ciudadanos plenos, sino apasionados fanáticos del culto a la personalidad, del nepotismo y de la destrucción de lo político y de la política. La democracia fingida de Martín "podrá engañar a algunos durante algún tiempo, pero no podrá engañar a todos, todo el tiempo". Urge que los ciudadanos hagamos uso de nuestro poder constituyente y unificando nuestras reivindicaciones y nuestras demandas en torno a una plataforma de acción ciudadana democratizadora, exijamos hacer realidad el ideal de la democracia, a través del camino más participativo, más pacífico y más democrático: la Constituyente.
Sin embargo, asegura que nada ocurre, pues las personas siguen encontrando un servicio que los lleva a sus casas rápido.
  • El alcalde de Panamá, Juan Carlos Navarro, señaló que la situación del transporte en la capital y en las áreas aledañas es gravísimo, ya que la calidad no es la ideal y está muy lejos de serlo.

  • Dice que el usuario recibe un pésimo servicio de transporte y que eso lo reconocen los mismos transportistas y las personas.


¿Qué opina de este servicio de transporte?
Marco Moreno: "Lo que buscamos es llegar rápido a la casa sin perder tiempo. Pienso que es nuestro derecho porque es un país democrático y las autoridades no resuelven nada.
Juan Alberto: "Yo tengo derecho de transportarme como quiera, además el transporte del Oeste es deficiente. Las autoridades son injustas y atrevidas con los usuarios".
Isabel Acosta: "Yo pago con mi dinero el transporte que quiero. Pienso que hay que legalizar el servicio porque el transporte del Oeste no funciona, además ir a la Terminal me toma el triple de tiempo y es injusto".
Carolina Contreras: "La terminal está muy lejos, además, en una ocasión, por no tener el real me dejó el bus. Los buses demoran mucho y nos quieren obligar a ir allá. Las autoridades sólo ponen multas".
Melquiades Delgado: "Es una injusticia con los residentes del Oeste, ya que nos persiguen y nos bajan de los vehículos. Sólo queremos llegar a nuestras casas rápido, limpios y sin muchas vueltas".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América