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La democracia y el poder popular


No es ningún secreto que los países latinoamericanos llevan vidas paralelas; de forma que, por lo menos, desde la colonización, hemos sufrido fenómenos sociopolíticos muy similares.
Primero fue la llegada de los portugueses y españoles que conquistaron nuestras tierras e impusieron su cultura, con la consabida merma de la población nativa y la expoliación de cuanta riqueza pudieron tomar. Posterior a ello, llegó el período de la independencia, donde los propios descendientes de los colonizadores decidieron que nuestros países debían ser naciones independientes.
A la independencia siguió un período de inestabilidad política caracterizada por guerras civiles, situación a la que se unió la constante injerencia de Estados Unidos de América en los problemas internos, que se autoerigió como defensor de nuestras jóvenes naciones.
Ya entrado el siglo pasado, llegó el fenómeno de las dictaduras, que si bien no era nueva para los latinoamericanos (dictadores siempre hubo), éstas consiguieron a la fuerza ir imponiendo una paz que para las dos últimas décadas del siglo veinte terminaron por convertirse (con mayores o menores traumas) en las incipientes democracias que actualmente vivimos.
La instauración de las democracias ha traído como consecuencia la ascensión al poder de gobernantes provenientes del voto popular; situación que, además de novedosa, resulta contradictoria con la realidad histórica de nuestros países. Decirle hace 70 años a un campesino sin tierra, de cualquier país latinoamericano, que su opinión sobre quién debía gobernarlo valía igual que la del terrateniente de la zona (aparte de preocuparle muy poco), probablemente lo hubiera matado de la risa.
Sin embargo, esa es la realidad actual de nuestros países; y si bien es cierto que las democracias no son perfectas y el poder de influencia sobre la sociedad es mucho mayor para los poderosos que para los desposeídos, a la hora de depositar los votos todos valen exactamente lo mismo, aunque la influencia social de quien los deposite no sea la misma.
Resulta, entonces, que el pueblo ha descubierto ese poder y ha venido ejerciéndolo en muchos casos en contra de la voluntad de las oligarquías tradicionales. Ejemplos claros de esta situación los vemos en Venezuela, Ecuador, Brasil y Panamá. Hay, como es normal, casos en que la voluntad de los menos pudientes coincide con la de algunos de los más ricos, como es el caso de Colombia o de México.
El punto es que las mayorías en Latinoamérica (entiéndase los pobres) se han dado cuenta que sus votos valen y los están utilizando y, lastimosamente para quienes analizan y preparan la política tradicionalmente, en nuestros países los pobres no entienden de planes de gobierno elaborados, ni de gente preparada en Europa o Estados Unidos. El pueblo entiende que tiene problemas y que quiere que se los solucionen. No importa cuál sea el problema, puede ser la inseguridad, como en Colombia; el hambre, como en Brasil; o la pobreza generalizada en un país rico como Venezuela, lo importante es que el pueblo sienta que su gobernante lo puede solucionar.
Es mi criterio, por tanto, que el pueblo se decanta por la persona que más garantías le ofrezca y esas garantías no provienen de un plan de gobierno, ni de lo que se diga en un debate, éstas se derivan de aspectos mucho más terrenales como la procedencia social, la trayectoria y al credibilidad de quien se ofrece a solucionar los problemas.
222Hay, como es normal, casos en que la voluntad de los menos pudientes coincide con la de algunos de los más ricos...
Nadie podrá creer que una persona que jamás se ha enterado de los problemas del pueblo, ahora se los va a solucionar; sólo alguien que ya la gente sepa que tiene la voluntad, puede generar la esperanza en la mayoría de los votantes.
Con todo esto, espero que las personas que aspiren a gobernar nuestro país en el futuro entiendan esta realidad y actúen en consecuencia. Hay dos problemas fundamentales en el pueblo panameño: la pobreza y el desempleo. Quien tenga la capacidad de demostrarle a la mayoría pobre de nuestro país que tiene la voluntad de solucionarlos será, sin duda, quien gobernará nuestro país.
Ya ocurrió una vez y sin duda se repetirá.
*Agregado de Asuntos Jurídicos en la Embajada de Panamá en España.
(raderof@hotmail.com)

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