La desesperación por ganar
En los últimos días, he notado un aumento creciente en la desesperación de ciertos sectores de la oposición por ganar las elecciones generales de mayo de 1999. Dicho estado de ánimo me preocupa, pues hace difícil mantener la mente clara e imposibilita el análisis objetivo de los distintos aspectos de la realidad política nacional.
Todo el país ha escuchado las declaraciones de dirigentes opositores que basan su discurso en la necesidad de buscar un candidato que garantice el triunfo en las elecciones. En tal sentido, el argumento fundamental que se esgrime es que la persona escogida debe ser aquella capaz de aglutinar la mayor cantidad de partidos opositores en torno a su candidatura. Todo ello basado en las matemáticas de las elecciones generales de 1994.
Me permito disentir de quienes así piensan. Si algo demuestran las encuestas es que un amplio y mayoritario sector de la población panameña rechaza la política económica del Gobierno del Presidente Pérez Balladares. La anterior afirmación no se demerita por los resultados de esas mismas encuestas que indican una buena aceptación de su figura como Presidente. Sus aduladores pierden de vista que dichos resultados positivos, van en directa relación con la imagen que tiene el panameño del Presidente Endara, con quien tienden a comparar a Pérez Balladares. Es decir, sin lugar a dudas, para muchos compatriotas, el Toro tiene más estampa presidencial que Cuchungo, pero eso no significa que ellos estén de acuerdo con las acciones de la Administración perredista (v.g., privatizaciones, rebaja de aranceles, alto endeudamiento público).
Ello significa que el pueblo panameño votará no a la reelección, como una forma de decirle no a las recetas económicas que se aplican, hoy por hoy, con un fanatismo digno de mejor empeño. En tal sentido, coincido con Oranges (PRD) en que la reelección es un "disparate" que hará quedar en "ridículo" al Presidente, pues, pese a todo el dinero público que se ha gastado y pretende seguir gastándose en promover la reelección, se encontrará con la voluntad inquebrantable de un pueblo que ya tomó su decisión hace tiempo: votar NO. Los resultados de las consultas de opinión y del resultado empírico de las observaciones hechas por el suscrito, también indican que el votante espera de la oposición una propuesta de Gobierno más humana y cónsona con la problemática social, económica y política del país. En otras palabras, el país requiere y exige de una propuesta distinta, de una alternativa de cambio.
Quienes estamos en la oposición no podemos perder de vista dicha realidad. No se trata de ganar, por el solo placer de sentarse en el solio presidencial. La desesperación por ganar, puede hacernos olvidar las razones por las que queremos ganar en primera instancia. En mi opinión, un triunfo de la oposición sólo se justifica como una oportunidad de continuar la transición democrática que, con muchos obstáculos, llevábamos adelante hasta septiembre de 1994, fecha desde la cual hemos dado enormes retrocesos en la consolidación de las instituciones democráticas. Además, para muchos conciudadanos, la oposición debe ganar para cambiar la errónea política económica de Pérez Balladares y para llevar a cabo propuestas de desarrollo más equitativas y sensibles a las necesidades humanas y del ambiente que nos rodea. Y allí radica la principal deficiencia de la dirigencia opositora (la que es y la que aspira a ser), pues no ha sabido plantear y delimitar su propuesta y las diferencias de ésta con la propuesta gubernamental. En lo personal, a diario me encuentro con personas que me dicen estar cansadas del Gobierno, pero que no ven objetivos ni planteamientos en la oposición.
Todo esto se olvida, cuando el motor principal de nuestra acción es la obsesión por ganar. La misma puede llevarnos a buscar candidatos que sean tan solo una versión "lite" de lo que actualmente tenemos. No nos llamemos a engaño, un candidato así podría unificar a los sectores económicamente poderosos de los partidos políticos de oposición, pero difícilmente logrará levantar el entusiasmo de las bases de esos mismos partidos y de los cientos de miles de panameños que ven con incredulidad a los políticos. Y, aun cuando resultase vencedor, la pregunta que todos nos haríamos al final de los primeros cien días de su gobierno sería: ¿para qué fue que ganamos? Y les aseguro algo, yo no quiero ganar, para luego estar, al poco tiempo, nuevamente en la oposición.
En mi opinión, el ganar las elecciones es, sin duda, muy importante. Pero tan importante o más, es lo que queremos hacer después de ganar o, dicho en otras palabras, lo que nos impulsa a desear el triunfo electoral. Así terminaría esta reflexión, preguntando con mucha preocupación a quienes, desde la oposición a la que pertenezco, insisten en que la prioridad es ganar amigos(as), ¿para qué quieres ganar?
Todo el país ha escuchado las declaraciones de dirigentes opositores que basan su discurso en la necesidad de buscar un candidato que garantice el triunfo en las elecciones. En tal sentido, el argumento fundamental que se esgrime es que la persona escogida debe ser aquella capaz de aglutinar la mayor cantidad de partidos opositores en torno a su candidatura. Todo ello basado en las matemáticas de las elecciones generales de 1994.
Me permito disentir de quienes así piensan. Si algo demuestran las encuestas es que un amplio y mayoritario sector de la población panameña rechaza la política económica del Gobierno del Presidente Pérez Balladares. La anterior afirmación no se demerita por los resultados de esas mismas encuestas que indican una buena aceptación de su figura como Presidente. Sus aduladores pierden de vista que dichos resultados positivos, van en directa relación con la imagen que tiene el panameño del Presidente Endara, con quien tienden a comparar a Pérez Balladares. Es decir, sin lugar a dudas, para muchos compatriotas, el Toro tiene más estampa presidencial que Cuchungo, pero eso no significa que ellos estén de acuerdo con las acciones de la Administración perredista (v.g., privatizaciones, rebaja de aranceles, alto endeudamiento público).
Ello significa que el pueblo panameño votará no a la reelección, como una forma de decirle no a las recetas económicas que se aplican, hoy por hoy, con un fanatismo digno de mejor empeño. En tal sentido, coincido con Oranges (PRD) en que la reelección es un "disparate" que hará quedar en "ridículo" al Presidente, pues, pese a todo el dinero público que se ha gastado y pretende seguir gastándose en promover la reelección, se encontrará con la voluntad inquebrantable de un pueblo que ya tomó su decisión hace tiempo: votar NO. Los resultados de las consultas de opinión y del resultado empírico de las observaciones hechas por el suscrito, también indican que el votante espera de la oposición una propuesta de Gobierno más humana y cónsona con la problemática social, económica y política del país. En otras palabras, el país requiere y exige de una propuesta distinta, de una alternativa de cambio.
Quienes estamos en la oposición no podemos perder de vista dicha realidad. No se trata de ganar, por el solo placer de sentarse en el solio presidencial. La desesperación por ganar, puede hacernos olvidar las razones por las que queremos ganar en primera instancia. En mi opinión, un triunfo de la oposición sólo se justifica como una oportunidad de continuar la transición democrática que, con muchos obstáculos, llevábamos adelante hasta septiembre de 1994, fecha desde la cual hemos dado enormes retrocesos en la consolidación de las instituciones democráticas. Además, para muchos conciudadanos, la oposición debe ganar para cambiar la errónea política económica de Pérez Balladares y para llevar a cabo propuestas de desarrollo más equitativas y sensibles a las necesidades humanas y del ambiente que nos rodea. Y allí radica la principal deficiencia de la dirigencia opositora (la que es y la que aspira a ser), pues no ha sabido plantear y delimitar su propuesta y las diferencias de ésta con la propuesta gubernamental. En lo personal, a diario me encuentro con personas que me dicen estar cansadas del Gobierno, pero que no ven objetivos ni planteamientos en la oposición.
Todo esto se olvida, cuando el motor principal de nuestra acción es la obsesión por ganar. La misma puede llevarnos a buscar candidatos que sean tan solo una versión "lite" de lo que actualmente tenemos. No nos llamemos a engaño, un candidato así podría unificar a los sectores económicamente poderosos de los partidos políticos de oposición, pero difícilmente logrará levantar el entusiasmo de las bases de esos mismos partidos y de los cientos de miles de panameños que ven con incredulidad a los políticos. Y, aun cuando resultase vencedor, la pregunta que todos nos haríamos al final de los primeros cien días de su gobierno sería: ¿para qué fue que ganamos? Y les aseguro algo, yo no quiero ganar, para luego estar, al poco tiempo, nuevamente en la oposición.
En mi opinión, el ganar las elecciones es, sin duda, muy importante. Pero tan importante o más, es lo que queremos hacer después de ganar o, dicho en otras palabras, lo que nos impulsa a desear el triunfo electoral. Así terminaría esta reflexión, preguntando con mucha preocupación a quienes, desde la oposición a la que pertenezco, insisten en que la prioridad es ganar amigos(as), ¿para qué quieres ganar?