La diferencia entre políticos y servidores públicos
Desde hace varios meses ha llamado mucho la atención la forma poco tradicional e innovadora como se ha estado manejando el alcalde de nuestra ciudad capital. Y llama la atención porque es casi un milagro ver, salvo durante el período previo a las elecciones, a nuestras autoridades en las calles trabajando hombro a hombro con la comunidad.
Tal vez lo que más llama la atención es ver a un miembro de la clase pudiente embarrándose de lodo y basura, sudando como un obrero más por las calles de la ciudad. Que sepamos, no hemos visto a otro funcionario realizando con ese ímpetu y frecuencia tal labor, fuera de sus oficinas cómodas y muy bien aclimatadas.
Hay que ser honestos: se necesita que todos los funcionarios adopten esta actitud de trabajo y desempeño, en vivo y en directo, desde las calles; mezclándose con la gente, palpando de cerca lo que a ellos les afecta, caminando con ellos, sudando con ellos, fatigándose como ellos, para que tengan una verdadera visión de que eso se debe cambiar, modificar o integrar en los programas de gobierno para brindar soluciones prontas a los problemas de siempre, problemas permanentes como la pobreza misma.
Las noticias de segunda y tercera mano, aunque sean de fuentes especializadas, no tienen el mismo impacto que cuando se atrapan en el aire por cuenta propia. Es decir, sabemos que cada miembro del gobierno panameño cuenta con personal e instancias que desde distintas esferas le informan cómo marchan las cosas que atañen a su jurisdicción, de modo que se puedan tomar luego cartas en el asunto. Pero, no es lo mismo hablar del hambre del pueblo desde la confortabilidad de un vientre satisfecho, que padecería con ellos en carne propia y así describirla y entenderla con propiedad.
En pocas palabras, un funcionario que reciba de sus colaboradores noticias de cómo marchan las cosas desde el pueblo, a esa distancia, no pensará, sentirá y actuará igual, que si se enterara por boca del pueblo mismo cuáles son sus necesidades más apremiantes. Ello sólo se logra mezclándose y diluyéndose con ellos.
Creemos que ha sido, precisamente, este factor el que ha hecho que el Alcalde se haya ganado una enorme simpatía y apoyo de parte de la gente, y que, por lógica y añadidura, haya logrado un altísimo puntaje en las recientes encuestas que miden el sentir del ciudadano sobre la gestión y la efectividad de sus gobernantes.
Nos atrevemos a juzgar su gestión por los cambios positivos que vemos en la ciudad, por las noticias de su labor alcaldicia que se generan en los medios, por el respaldo que recibe de la opinión pública, y ahora por su informe de primer año de gestión. Claro que con el tiempo y los resultados trascendentales es que se sabrá si ha sido o no una buena administración alcaldicia.
Personalmente hemos ojeado este informe, sencillo y con cifras precisas y como ciudadanos de este país, con deberes y derechos, podemos decir muy conscientemente que tenemos todo el derecho a saber en qué gastan el dinero nuestros gobernantes (que sale de nuestros bolsillos a través de los impuestos que pagamos) y el deber de decir que es esta la manera correcta como se deben manejar todos los funcionarios; codeándose con el pueblo y rindiéndole cuentas de qué, cómo, cuánto, dónde y por qué se hace lo que se está haciendo con nuestro dinero y con la confianza que hemos depositado en ellos a través del voto.
No es nuestro interés resaltar la figura personal del Sr. Navarro ni de cualquier otro, sino su actuación como hombre público ante la comunidad, que es lo que todos debemos criticar constructivamente o apoyar abiertamente mediante nuestra opinión.
Desde hace muchos años, salvo escasas excepciones, solo hemos escuchado y leído diatribas hacia los funcionarios públicos, tal vez porque muy pocos han actuado con toda la transparencia debida. Ya es hora, también, de felicitar y apoyar con ese mismo ímpetu a aquéllos que se atreven a hacer las cosas como la comunidad quiere y demanda que se hagan en beneficio de todos.
Escuchamos hace algunas semanas que tildaban al alcalde Navarro como a un "pampers" en política; pues creemos que este pueblo prefiere y le conviene un "pampers" político que sea un buen servidor público que a políticos expertos, pero legendariamente incapaces y pésimos servidores de su país. Eso sí, el tiempo dirá si la simpatía que tiene Navarro se la merece. Todo depende de que siga dando buenos ejemplos, de que se aleje del estereotipo del político tradicional.
Tal vez lo que más llama la atención es ver a un miembro de la clase pudiente embarrándose de lodo y basura, sudando como un obrero más por las calles de la ciudad. Que sepamos, no hemos visto a otro funcionario realizando con ese ímpetu y frecuencia tal labor, fuera de sus oficinas cómodas y muy bien aclimatadas.
Hay que ser honestos: se necesita que todos los funcionarios adopten esta actitud de trabajo y desempeño, en vivo y en directo, desde las calles; mezclándose con la gente, palpando de cerca lo que a ellos les afecta, caminando con ellos, sudando con ellos, fatigándose como ellos, para que tengan una verdadera visión de que eso se debe cambiar, modificar o integrar en los programas de gobierno para brindar soluciones prontas a los problemas de siempre, problemas permanentes como la pobreza misma.
Las noticias de segunda y tercera mano, aunque sean de fuentes especializadas, no tienen el mismo impacto que cuando se atrapan en el aire por cuenta propia. Es decir, sabemos que cada miembro del gobierno panameño cuenta con personal e instancias que desde distintas esferas le informan cómo marchan las cosas que atañen a su jurisdicción, de modo que se puedan tomar luego cartas en el asunto. Pero, no es lo mismo hablar del hambre del pueblo desde la confortabilidad de un vientre satisfecho, que padecería con ellos en carne propia y así describirla y entenderla con propiedad.
En pocas palabras, un funcionario que reciba de sus colaboradores noticias de cómo marchan las cosas desde el pueblo, a esa distancia, no pensará, sentirá y actuará igual, que si se enterara por boca del pueblo mismo cuáles son sus necesidades más apremiantes. Ello sólo se logra mezclándose y diluyéndose con ellos.
Creemos que ha sido, precisamente, este factor el que ha hecho que el Alcalde se haya ganado una enorme simpatía y apoyo de parte de la gente, y que, por lógica y añadidura, haya logrado un altísimo puntaje en las recientes encuestas que miden el sentir del ciudadano sobre la gestión y la efectividad de sus gobernantes.
Nos atrevemos a juzgar su gestión por los cambios positivos que vemos en la ciudad, por las noticias de su labor alcaldicia que se generan en los medios, por el respaldo que recibe de la opinión pública, y ahora por su informe de primer año de gestión. Claro que con el tiempo y los resultados trascendentales es que se sabrá si ha sido o no una buena administración alcaldicia.
Personalmente hemos ojeado este informe, sencillo y con cifras precisas y como ciudadanos de este país, con deberes y derechos, podemos decir muy conscientemente que tenemos todo el derecho a saber en qué gastan el dinero nuestros gobernantes (que sale de nuestros bolsillos a través de los impuestos que pagamos) y el deber de decir que es esta la manera correcta como se deben manejar todos los funcionarios; codeándose con el pueblo y rindiéndole cuentas de qué, cómo, cuánto, dónde y por qué se hace lo que se está haciendo con nuestro dinero y con la confianza que hemos depositado en ellos a través del voto.
No es nuestro interés resaltar la figura personal del Sr. Navarro ni de cualquier otro, sino su actuación como hombre público ante la comunidad, que es lo que todos debemos criticar constructivamente o apoyar abiertamente mediante nuestra opinión.
Desde hace muchos años, salvo escasas excepciones, solo hemos escuchado y leído diatribas hacia los funcionarios públicos, tal vez porque muy pocos han actuado con toda la transparencia debida. Ya es hora, también, de felicitar y apoyar con ese mismo ímpetu a aquéllos que se atreven a hacer las cosas como la comunidad quiere y demanda que se hagan en beneficio de todos.
Escuchamos hace algunas semanas que tildaban al alcalde Navarro como a un "pampers" en política; pues creemos que este pueblo prefiere y le conviene un "pampers" político que sea un buen servidor público que a políticos expertos, pero legendariamente incapaces y pésimos servidores de su país. Eso sí, el tiempo dirá si la simpatía que tiene Navarro se la merece. Todo depende de que siga dando buenos ejemplos, de que se aleje del estereotipo del político tradicional.