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La dignidad de la toga


Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nominó a la Jueza Sotomayor para que ocupara un asiento en el tribunal supremo de ese país, hizo una manifestación que quizás haya pasado desapercibida en nuestro medio y que es bueno realzar en estos momentos en los que se debate en Panamá sobre las designaciones que hará próximamente el Ejecutivo para reemplazar a dos de los actuales 9 magistrados cuyo término de servicio se vence el 31 de diciembre. Al momento de la designación Obama hizo énfasis en las cualidades personales y profesionales de la Jueza Sotomayor y expresó su duradera admiración por el contenido justo de decisiones importantes y difíciles que emanaron de las sienes de la señora Jueza. Solo se puede manifestar admiración cuando se contempla una dignidad mayor que la que se identifica como la propia. Esa admiración es el sello de la independencia de la Corte Suprema de Estados Unidos y es la fuente de la salud de la democracia y el estado de derecho en ese país. ¿Estará dispuesto el señor Presidente a designar a personas que él admire como juristas, o por el contrario, los favorecidos con la designación vendrán del grupo de admiradores, cortesanos y acompañantes lisonjeros? No es garantía para la democracia que el Ejecutivo designe a gente de su confianza en el máximo tribunal. No sabemos si “el cambio” que predica el actual gobierno incluye abandonar las prácticas malsanas del pasado reciente. Esperemos que así sea.

101 años de Panamá América

 
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