La diosa Constitución
La sociedad estadounidense consolidó el espíritu nacional, entre otras cosas, en torno a un principio basal: el respeto a las leyes. Sin duda, en ese sentimiento de acatar lo que es en definitiva una "norma de reconocimiento" (parafraseo a Hart), ellos supieron ubicar a la Constitución Nacional como norma primaria y fundamental, en el sagrado lugar que le corresponde: en el vértice de la pirámide jurídica (Kelsen). Ellos han endiosado a la norma de normas, a la pantonorma, y han sabido desde hace más de dos centurias guiar, dirigir, proyectar sus acciones y sus actos, tanto en lo individual como en lo colectivo, sobre la base de lo que señala la Constitución.
Ninguna autoridad, de la clase que sea, se le ocurriría pasar por encima de lo que prescriben los textos constitucionales, y por ello es muy costumbrista escuchar referir la defensa de alguien o de algo en acomodo a las enmiendas constitucionales. ¡Vaya, cosa admirable, que la diosa Constitución se venera, se idolatra!
Cuando un jurado, integrado por ciudadanos nobles, honrados, quienes actúan en nombre de toda la sociedad, juzgan a un ciudadano, cualesquiera sea el crimen o delito que se le atribuye, así sea el más atroz, encuentra conforme a los alegatos de las partes, sobre todo del defensor, que se ha violado una garantía constitucional y que la causa debe concluir con la declaratoria de no culpabilidad del acusado y así lo dictamina, y aun cuando ellos mismos o la sociedad esté convencida de la autoría o de la comisión del ilícito penal por parte del acusado, no se dubita en decidir favorablemente al acusado y la sociedad dispone acatar la decisión o el veredicto del jurado, dado que con tal conducta o acción se ha dado primacía o prioridad a la Constitución de la Nación.
Pero, vale la pena resaltar, explicar, determinar cuál es la causa que impulsa este casi perfecto acatamiento u obediencia de una sociedad a su Constitución. A nuestro juicio, tal causa hay que hallarla en lo siguiente: Se trata de una nación que sabe, no ignora, que si se destruye a la norma de normas, que si se violentan a diario las prescripciones de la Constitución, cada día que pase ellos serán menos nación y se perderá consiguientemente el equilibrio social, haciéndose tormentosa y penosa la convivencia de sus hombres y mujeres.
Acatar la Constitución es tarea de todos, primordialmente de los jueces y fiscales, en consecuencia, deben velar por la primacía de la Constitución. Nuestra sociedad debe madurar y adquirir conciencia jurídica, formar cultura legal, en torno a la importancia que ostentan los textos constitucionales para mantener el equilibrio social y saber advertir que el respeto a la norma fundamental permite la paz social. Ello, desde luego no excluye la crítica objetiva y el análisis científico constitucional, a fin de perfeccionar la aplicación y realización de sus mandatos en aras de perfeccionar el Estado de Derecho.