La discoteca Congo, la moral y los difuntos
Lo que ha ocurrido en la discoteca Congo, ubicada en el Corregimiento Betania no es casual. Los jóvenes buenos y malos, ingenuos o avezados, drogos o no, que por muchos fines de semana han colmado el local referido en busca de diversión, son el resultado de lo poco que hemos hecho por nuestra sociedad. Peor aún, la defensa que se hace del también joven propietario del negocio Congo, cuando anuncia demandar a la profesora Minerva Jiménez de Batista por cuatro millones de dólares, es el resultado del parvo caletre que distingue a muchos comerciantes en este caluroso país.
Con qué facilismo se desconoce el principio del derecho panameño que insta a seguir la moral cristiana, tomando como fundamento que ésta es totalmente aceptada por la sociedad como necesaria y buena. Claro, los negocios que venden diversión y licor como la discoteca Congo, en su dinámica no pueden sobrepasarse del amplio campo que les da la ley para desarrollarse económicamente y darle a sus dueños el estilo de vida que les plazca.
Una buena prueba para los que trabajan en la justicia en este país oloroso a mandarinas, sería observar en dónde recaerá la justicia, si a favor de la búsqueda del bienestar económico bajo cualquier circunstancia, o en el respeto por la moral cristiana y las buenas costumbres.
Los jóvenes heridos y difuntos relacionados con tal sitio, son también culpa de nuestra sociedad. La profesora Minerva Jiménez de Batista como representante, está en la obligación al igual que cualquier ciudadano de procurar el sano esparcimiento sin que ello sea atentatorio de la moral y las buenas costumbres que tenemos todos los seres humanos.
La comunidad de Betania, que respeta a la profesora Minerva Jiménez de Batista, tiene razón en la actitud asumida. El país entero debe apoyar este gesto. En todo Panamá es necesario evitar los lugares que atraen balaceras, traficantes, heridos y difuntos. Esta es una buena oportunidad.
Con qué facilismo se desconoce el principio del derecho panameño que insta a seguir la moral cristiana, tomando como fundamento que ésta es totalmente aceptada por la sociedad como necesaria y buena. Claro, los negocios que venden diversión y licor como la discoteca Congo, en su dinámica no pueden sobrepasarse del amplio campo que les da la ley para desarrollarse económicamente y darle a sus dueños el estilo de vida que les plazca.
Una buena prueba para los que trabajan en la justicia en este país oloroso a mandarinas, sería observar en dónde recaerá la justicia, si a favor de la búsqueda del bienestar económico bajo cualquier circunstancia, o en el respeto por la moral cristiana y las buenas costumbres.
Los jóvenes heridos y difuntos relacionados con tal sitio, son también culpa de nuestra sociedad. La profesora Minerva Jiménez de Batista como representante, está en la obligación al igual que cualquier ciudadano de procurar el sano esparcimiento sin que ello sea atentatorio de la moral y las buenas costumbres que tenemos todos los seres humanos.
La comunidad de Betania, que respeta a la profesora Minerva Jiménez de Batista, tiene razón en la actitud asumida. El país entero debe apoyar este gesto. En todo Panamá es necesario evitar los lugares que atraen balaceras, traficantes, heridos y difuntos. Esta es una buena oportunidad.