La distracción del Mundial
En Grecia y Roma, los gobernantes sabían del tremendo poder de distracción del deporte. Mientras las multitudes, encerradas en el foro, o esparcidas al borde de la ruta de una maratón, se imbuían de la pasión de la competencia o de la incertidumbre de un duelo, no había fuerza externa capaz de hacerla volver a los problemas cotidianos de la casa o la ciudad o del país entero. "Al pueblo, pan y circo", decían los Maquiavelos de entonces. Y aun hoy sobreviven los portentosos edificios de los siglos idos, que aún permanecen, multiplicados a la infinita potencia, ahora con la ayuda de los medios electromagnéticos y digitales.
"La religión, el opio del pueblo", decían los marxistas. En la práctica, les fue más útil cambiar el adagio, al "deporte, el opio del pueblo". Casi todas las tiranías comunistas lo hicieron en su tiempo. Según ellos, la superioridad deportiva reflejaba también las bondades de su sistema. En realidad era un enmascaramiento de miserias. Aunque sus pueblos oprimidos padecieran hambrunas, se las arreglaban para volcar todos sus recursos en excelentes representaciones deportivas imbatibles.
Pero no nos equivoquemos, el deporte es sano. Las sociedades modernas que aspiren a contar con ciudadanos con un pleno desarrollo, saben que tienen que forjar igual el cuerpo, como el alma y el conocimiento. Nada gana, por ejemplo, el Estados Unidos de hoy, con una población opulenta y consumista, plagada de colesterol, obesidad y enfermedades cardiovasculares. El deporte masivo forja ciudadanos sanos, productivos y felices. La educación física es tan importante como aprender matemáticas, y hasta más. Sin salud, no tenemos vida, no tenemos nada.
Pero, en el otro extremo, no caigamos en el juego de nuestros gobernantes. No permitamos que eventos magníficos como el Mundial de Fútbol nos distraiga de los problemas domésticos e internacionales.
Sí, gocemos el mundial. Gritemos, celebremos y lloremos al fragor de la competencia, con las victorias y derrotas, el accionar de nuestros equipos y jugadores favoritos. Pero hagámoslo sin distraernos de las realidades que nos rodean. No vaya a ser que, al despertar del letargo, nos amanezca una pesadilla.