La disyuntiva de una esperanza
San Miguelito es un distrito con muchos problemas que a la fecha las pasadas y actuales autoridades que lo han administrado, no supieron o no quisieron resolver. Los índices de violencia, desempleo, pobreza, falta de salud, entre otros, manifiestan lo grave que es el asunto. Para el sector que una vez se le llamó "distrito especial", el futuro que le depara es muy incierto. Tres de los cuatro candidatos que pretenden tomarse la Alcaldía, ya tuvieron sus momentos y no hicieron nada; más bien permitieron la proliferaron de bares y cantinas en todos lados posibles, así como paradas de autobuses. No dictaron ninguna norma legislativa de provecho para San Miguelito, y el déficit presupuestario alcaldicio sigue a la deriva, esperando que un milagro lo salve.
La gente de San Miguelito, en su mayoría trabajadores honestos que luchan a brazo partido por su familia y hogares, no merece esta suerte, que sus necesidades estén en manos de personas que han demostrado incapacidad gubernamental que llegan a los puestos sin óptica de lo que harán, sin programas para enfrentar y superar los problemas. Pareciera que la improvisación es lo que reina en sus agendas de trabajo
Se hace alharaca de la democracia que se disfruta, del crecimiento económico que vive el país, de los beneficios que provee el Canal, pero el Distrito de San Miguelito, como el resto del país, vive en zozobra, aturdido por la delincuencia, el alto costo de la vida, por la ausencia de una mejor calidad de vida.
En fin, el día que la mezquindad, el egoísmo partidista, la corrupción, se hagan a un lado, se destierren para darle paso a lo positivo, a lo bueno, entonces se verán las bondades que ofrece el país, la utilidad de sus recursos, lo valioso que es Panamá.