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La disyuntiva panameñista


Después del humillante resultado electoral del 2 de mayo, no creo que haya persona inscrita en el Partido Arnulfista que no considere que se necesita una reestructuración profunda de dicho colectivo.
Así mismo, diría que hay una amplia mayoría a favor de una pronta renovación de todas las instancias de gobierno del Partido.
Ahora bien, si existe tal grado de consenso, ¿dónde reposan las diferencias entre los distintos grupos que se agitan a lo interno del partido? Además de las lógicas diferencias que surgen de los intereses individuales de quienes aspiran a ocupar la presidencia del mismo, considero que las principales divergencias tienen que ver con la estrategia a emplear para realizar la reestructuración deseada. Por un lado, el Directorio Nacional ha convocado la Convención Nacional Extraordinaria para el domingo 16 de enero de 2005.
La convocatoria ya formalizada, plantea dos puntos: la reforma a los Estatutos y la definición de un cronograma para la renovación adelantada de los distintos cargos de los órganos de gobierno del arnulfismo.
En cuanto a la reforma, ya existe un borrador de propuesta, que incluye el cambio de nombre del colectivo (a Panameñismo), primarias para escoger a los candidatos a puestos de elección popular, proporcionalidad en la escogencia de los convencionales, entre otras cosas. En cuanto al cronograma, da la oportunidad a los convencionales de definir una transición ordenada que permita renovar la dirigencia desde el Directorio Nacional hasta los Comités de Corregimiento, pasando por los propios convencionales.
En otras palabras, la convocatoria lleva implícita la aceptación de recortar el período de las actuales autoridades.
Por otro lado, el ex Legislador Ameglio ha iniciado un proceso de recolección de firmas para adelantar la Convención Extraordinaria para el 28 de noviembre de 2004, con el propósito de reformar los Estatutos (no se conoce cuál es la redacción que propone) y para escoger un nuevo Directorio Nacional. Ameglio plantea que no hay que renovar todas las autoridades del Partido, solamente su dirigencia nacional. El Directorio que propone escoger en noviembre, terminaría el mandato del actual, es decir, estaría a cargo hasta septiembre del 2006.
Finalmente, la otra corriente visible, la de Varela, parecía inicialmente de acuerdo con la convocatoria para el 16 de enero, aunque aparenta estar radicalizando su posición ante la alternativa planteada por Ameglio. Ellos consideran que además de reformar los Estatutos y definir un cronograma, el Directorio Nacional en pleno debe renunciar y los convencionales deben entonces escoger, no un nuevo Directorio, sino una especie de Comité de Transición. Tampoco se conoce, en blanco y negro, qué propuesta tiene Varela con respecto a los nuevos Estatutos.
Como se puede apreciar, si hay diferencias, pero también muchas coincidencias. Por ejemplo, el hecho de que sólo exista un documento con propuestas concretas de modificación a los Estatutos, parece ilustrar que hay consenso en cuanto a esa parte. Así mismo, hay una aceptación mayoritaria dentro del Partido al concepto de renovación de la dirigencia.
En consecuencia, las diferencias no radican en el objetivo final, sino en el cómo. En lo personal, creo que poco importa si la Convención es en noviembre o en enero. Lo trascendental aquí no es el cuándo, sino el cómo. Ese "cómo" es vital para determinar si el partido saldrá democratizado, modernizado, fortalecido y por encima de todo, unido. Un "quítate tu, para ponerme yo" que termine con un partido dividido, será una victoria pírrica para quien se alce vencedor.
La tarea por delante es complicada. Requerirá de mucha madurez, de mucho pragmatismo, pero también de una voluntad firme e inequívoca de realizar cambios profundos.
Una nueva dirigencia con los mismos Estatutos o unos nuevos Estatutos con la misma dirigencia, son escenarios ambos que debemos evitar.
Debemos aspirar a unos Estatutos más democráticos y modernos y a escoger una nueva dirigencia dentro de un proceso de transición plenamente participativo e incluyente.
Hacer ambas cosas o priorizar una en detrimento de la otra, allí está la disyuntiva que enfrentan hoy los panameñistas.

101 años de Panamá América

 
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