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La doble moral y el atentado de Lockerbie


Suele uno ver en el mundo de las relaciones internacionales las políticas de doble rasero, o sea aquella políticas exteriores llevadas a cabo por los Estados, donde ciertos principios filosóficos, morales y éticos, usados para legitimar en teoría las citada políticas. Terminan chocando con la praxis real que esos mismos estados como actores principales de las relaciones internacionales, ejecutan a través de sus políticas exteriores. Esta premisa básica y elemental de la praxis realista de las relaciones internacionales no ha sido privativa en mayor o menor grado, de ningún estilo de régimen político, sea democrático, teocrático de cualquier tendencia confesional. O en su defecto autoritario o totalitario, se han de derecha o izquierda.

El caso Lockerbie, que vuelve a la palestra de la opinión pública mundial, por la decisión del gobierno escocés de, Alex Salmond, de dejar en libertad por razones "humanitarias", a Abdel Basset al Megrahi, el único condenado por el atentado de 1988 contra el vuelo 103 de Pan Am, cuando éste sobrevolaba la localidad escocesa de Lockerbie, y en el cual (murieron 270 personas).

Esta decisión, generó una cadena de críticas provenientes de diferentes países. Los familiares de las víctimas estadounidenses del ataque reaccionaron con indignación a la liberación, y el presidente Barack Obama, la describió como censurable.

En una carta enviada al gobierno escocés, el director del FBI, manifestó que la liberación de Al-Megrahi dejaría satisfechos a terroristas de todo el mundo. Expresando que "Sus acciones son un burla al dolor de las familias que perdieron a sus miembros el 21 de diciembre de 1988", escribió Mueller.

Tal vez lo peor de esta decisión no haya sido las críticas y el mensaje de aliento moral, que se le envía al mundo del terrorismo árabe. Sino la paradójica posición del gobierno de Gordon Brown, de apoyar inicialmente la decisión del gobierno escocés, y luego condenar junto a los Estados Unidos, el caluroso e inmoral recibimiento que Al-Megrahi recibió al llegar a la capital Libia, cuando cientos de libios, sarda de marionetas ignorantes, del pintoresco presidente de esa nación, se reunieron para darle la bienvenida al liberado terrorista, ondeando banderas. Para después ser acogido con bombas y platillos por Moamar Kadafi en una de sus lujosas mansiones.

La decisión de Gran Bretaña de reevaluar la programada visita a Libia del príncipe Andrés, que viajaría en calidad de enviado especial. No es más que una reacción risible, frente a la burla e inmoralidad del gobierno libio, al decidir darle semejante recibimiento de héroe a un connacional acusado de haber sido autor, de uno de los mayores atentados terroristas ocurridos antes de los atentados del 11 septiembre, en los Estados Unidos.

Tanto la decisión del gobierno escocés de dejar en libertad a este terrorista árabe, y la consiguiente burla hacia occidente, realizada por parte del gobierno Libio, que al parecer levanto ciertas simpatías en el resto de las sociedades árabes. A puesto en evidencia la fragilidad moral, que sustenta las acciones, tanto políticas, como militares que el mundo occidental, lleva en contra la barbarie inmoral del terrorismo árabe a nivel mundial.

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