La economía es una ciencia oculta
Decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano en una entrevista. Y lo es, quizás por el uso indiscriminado de fórmulas mágicas o porque el estudioso se dedica detallar cifras esotéricas; lo es ya que el economista, con desdén a su juramento de científico, hoy en día se dedica a dar resultados y falsas esperanzas sin precisar nutridamente las causas de lo sucedido. Aún cuando el ministro Delgado señale que estamos en una contracción económica y que el crecimiento en vez de 4% ha sido de dos, aún mantiene que no estamos en una recesión. Y no lo estamos semánticamente, pero para allá vamos y eso nadie lo dice con lapidaria sinceridad. ¿Por qué? No es como lo pinta la APEDE, la CoNEP y el Gobierno: porque el panameño se la tira de sufrido cuando le preguntan "¿cómo anda la vaina?" Es por otras razones, menos hinchadas que aquella burbujita que soplan en cada entrevista.
Hace unos años, la Bolsa de Nueva York y en especial el índice Dow Jones, tuvo un crecimiento casi sin precedentes, llegando a tener más de 11 000 puntos por el boom de la industria de la informática, el creciente interés en la industria biomédica y las políticas fiscales del Presidente Clinton que le dio a la economía estadounidense un superávit billonario. Y así se repitió (con diferentes circunstancias) lo que ocurrió en el lapso 1922-1929, un boom económico que los corredores de bolsa angloparlantes le llaman un "bull market". Las razones de este boom, a principios del siglo XX, fue la Primera Guerra Mundial que inyectó vitales millones en la finanzas estadounidenses a través de las industrias armamentistas. El comercio, además creció en un 80% por la entrada a ese país de casi 900 millones en oro, hecho que se tradujo en 6 billones en efectivo. Las vainas andaban bien, hasta que...
Los especuladores empezaron a vender para cosechar sus ganancias, hasta que tiraron la casa por la ventana el 29 de octubre de 1929 cuando explotó la burbuja y se perdieron diez billones de dólares. Esto no causó la Gran Depresión de los 30", pero fue el preludio al desastre. Los historiadores le dan varias causas a la Gran Depresión: la sobre-expansión y el declive del poder adquisitivo masivo, la mala distribución de la riqueza (el 1% más rico de la sociedad tenía casi más de un tercio de la riqueza), el cambio climático que ocurrió entre 1932 y 1939 en el corazón agropecuario de Estados Unidos y por último, pero no rezagada: la ignorancia económica.
La analogía es evidente y se esta traduciendo en hechos concretos: el Fondo Monetario Internacional ha rebajado el índice de crecimiento global de 3.2% a 2.8%. Pero esto no es lo alarmante, lo que sí es son las declaraciones de Stanley Fisher, uno de los sub-directores de la entidad cuando dijo que: "Nosotros
Hace unos años, la Bolsa de Nueva York y en especial el índice Dow Jones, tuvo un crecimiento casi sin precedentes, llegando a tener más de 11 000 puntos por el boom de la industria de la informática, el creciente interés en la industria biomédica y las políticas fiscales del Presidente Clinton que le dio a la economía estadounidense un superávit billonario. Y así se repitió (con diferentes circunstancias) lo que ocurrió en el lapso 1922-1929, un boom económico que los corredores de bolsa angloparlantes le llaman un "bull market". Las razones de este boom, a principios del siglo XX, fue la Primera Guerra Mundial que inyectó vitales millones en la finanzas estadounidenses a través de las industrias armamentistas. El comercio, además creció en un 80% por la entrada a ese país de casi 900 millones en oro, hecho que se tradujo en 6 billones en efectivo. Las vainas andaban bien, hasta que...
Los especuladores empezaron a vender para cosechar sus ganancias, hasta que tiraron la casa por la ventana el 29 de octubre de 1929 cuando explotó la burbuja y se perdieron diez billones de dólares. Esto no causó la Gran Depresión de los 30", pero fue el preludio al desastre. Los historiadores le dan varias causas a la Gran Depresión: la sobre-expansión y el declive del poder adquisitivo masivo, la mala distribución de la riqueza (el 1% más rico de la sociedad tenía casi más de un tercio de la riqueza), el cambio climático que ocurrió entre 1932 y 1939 en el corazón agropecuario de Estados Unidos y por último, pero no rezagada: la ignorancia económica.
La analogía es evidente y se esta traduciendo en hechos concretos: el Fondo Monetario Internacional ha rebajado el índice de crecimiento global de 3.2% a 2.8%. Pero esto no es lo alarmante, lo que sí es son las declaraciones de Stanley Fisher, uno de los sub-directores de la entidad cuando dijo que: "Nosotros