La educación en primera línea
En unos meses o años más, tendremos cinta costera, autopistas nuevas, sistema de transporte, saneamiento de la bahía, ampliación canalera y otras obras, pero es deplorable que la educación nacional no se ha transformado como la gente de este país se merece y la sociedad necesita.
¿No es acaso una población integralmente preparada a través de una educación de calidad y equidad uno de los mayores logros que puede esgrimir un país? Un país libre de analfabetismo, universalizada en la educación inicial, con una educación pública pertinente, gratuita y de calidad que eche las bases de una nueva ciudadanía.
Nadie puede decir que no sabe cómo se hace. La situación de la educación está sobre diagnosticada, pues una pluralidad de estudios, concertaciones y recomendaciones señalan el camino de los necesarios cambios educativos que permitan superar los bajos niveles de calidad y las grandes desigualdades, que lo hacen un sistema sin equidad y con poca eficacia y eficiencia en la gestión administrativa.
Es un error sólo mirar la educación electoralmente, en función de cuántos votos rinde comparado con otras inversiones políticamente "más rentables" en las urnas. Porque, aunque la educación no es una panacea que remediará todos nuestros males, pero bien concebida y desarrollada, es un arma formidable contra la pobreza, el subdesarrollo, la alienación y es un derecho humano fundamental, pues es la llave para la puesta en escena de todos los otros derechos humanos. Ahora bien, cambiar la educación también supone realizarla en el marco de un conjunto de cambios ineludibles de la sociedad toda; lo que supone la afirmación de que la educación no constituye sólo un proceso técnico, sino también social, cultural y político.
El derecho a la educación es un derecho no sólo de niños y niñas, sino de toda persona. Es derecho no sólo a la escuela, sino a la educación. Es derecho no sólo a la educación, sino a la buena educación. Es derecho no sólo a la educación, sino al aprendizaje. Es derecho no sólo al aprendizaje, sino al aprendizaje a lo largo de toda la vida. Es derecho no sólo al acceso, sino a la participación.
La educación necesita ser mirada como propuesta de cambio, y no sólo como una adecuación de lo existe. Debe ser una política de Estado que oriente y dé coherencia y continuidad de procesos, y no una acción coyuntural de gobiernos sin mirada estratégica.
Es necesaria la existencia de mecanismos permanentes de rendición de cuentas y alcance de metas que muestren los efectos de su gestión y se sometan a la auditoría social y ciudadana.
Las políticas educativas deben ser producto del diálogo y de la construcción colectiva y permanente entre gobiernos y sociedad civil en base a un nuevo contrato social y político por la educación que incorpore gestiones de Estado de largo plazo. Este debe ser un tema central del debate pre electoral y electoral. Debemos exigir a los precandidatos, a todos los niveles, sus planes y compromisos concretos con el tema educativo. Si nuestro candidato no sabe cómo cambiar la educación, entonces cambiemos de candidato.
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