default

La "Educación Sexual y Reproductiva"


ESTAS ÚLTIMAS semanas han surgido una serie de controversias en torno de un proyecto de Ley propuesto por el Ministerio de Salud (MINSA) y unas "Guías" para docentes propuestas por el Ministerio de Educación (MEDUCA), para promover la educación, información y atención de la salud sexual y reproductiva. A la primera vista parece ser una tormenta en un vaso de agua; sin embargo, la situación merece toda nuestra atención, ya que se trata de la educación de nuestros hijos y nietos e incluso del "Desarrollo Humano Integral". Ambos documentos no sólo son controversiales, sino revelan también algunos supuestos bien preocupantes.
1. Tanto el proyecto de ley como la Guía tiene como trasfondo una antropología; o sea, una visión sobre el ser humano reducida. En el fondo es un reduccionismo peligroso que tiende a transmitir una visión deshumanizante de la sexualidad humana.
La existencia humana se desarrolla en tres niveles: el biológico, el psico-social y el espiritual. La dimensión biológica tenemos en común con todos los entes que existen, la psico-social tenemos en común con los animales, pero es en la dimensión espiritual donde reside lo que es realmente humano. Cuando nos referimos a lo espiritual no nos referimos específicamente a la religión. La religión tiene sus bases en la dimensión espiritual y no al revés. En este sentido la dimensión espiritual es mucho más que religiosidad.
Entre los pseudos-científicos existe la tendencia muy común de reducir al ser humano a sus dimensiones bio-psico-sociales. Tanto el biologismo como psicologismo y el sociologismo trabajan con una antropología reduccionista donde no hay cabida para realidades y valores que no son verificables con los instrumentos "científicos" propios de su ciencia. Valores como responsabilidad, libertad, solidaridad, lealtad, amor, etc., no son verificables, ni por la biología, ni por la psicología, ni por la sociología. Además, estas ciencias explican todo a base de condicionamientos ya sean de tipo biológico, psicológico o sociológico. Sin ignorar el impacto que pueden tener estos condicionamientos, la verdadera ciencia, sin embargo, no pone límites al conocimiento, ni a las posibilidades del hombre. La verdadera ciencia no excluye a priori, el impacto que puede tener la dimensión espiritual en la conducta humana. Es precisamente en esta dimensión espiritual donde se ubican los recursos que permiten al ser humano, ser realmente "humano". No es que la dimensión espiritual elimina o reprime la dimensión biológica, psicológica y sociológica, sino que las humaniza y las da su verdadero sentido humano. Lo verdadero "Humano" trasciende infinitamente al ser humano.
2. Las políticas propuestas tanto en el proyecto de ley como en la Guía, hacen mucho énfasis en los "derechos" de todas las personas sin ninguna exclusión, sobre todo de los menores. Algo que debemos aplaudir. Pero, en ningún momento habla de los deberes. No puede haber derechos sin deberes, como no puede haber libertades sin responsabilidades.
Todos tenemos el Derecho a la salud y la educación, como un "Derecho Humano" fundamental, pero todos tenemos también el "Deber" de cuidar la salud y la educación. Cuando se trata de menores de edad, el asumir responsabilidades y cumplir con los deberes competa ante todo a los padres de familia. Es lo que conocemos por "Patria Potestad". Desde este punto de vista, se debe recalcar no solo el derecho, sino también el deber de los padres de familia a asumir su responsabilidad de ser los primeros educadores de sus hijos. Forma parte de la "Paternidad Responsable". Es una responsabilidad intransferible; a menos que los padres de familia no estén en condiciones de ejercer sus derechos y deberes. En vez de apoyar y ayudar a los padres de familia en su tarea, aparentemente, tanto el MINSA como el MEDUCA quieren sustituirlos.
Los programas educativos no sólo deben promover a los derechos y las libertades sino también a los deberes y las responsabilidades.
Ambos documentos promueven los derechos y la libertad de los menores de experimentar y de vivir su sexualidad, prácticamente sin cortapisas. Sin embargo, no promueven con el mismo interés, los deberes ni la responsabilidad en cuanto a la vivencia de la sexualidad. Aparentemente, la única responsabilidad que se promueve es el uso del condón. Según este concepto, la promiscuidad está permitida siempre y cuando se utiliza un condón. Eso es lo que se llama "sexo sano y seguro".
3. Además de pasar silenciosamente por encima de los deberes y las responsabilidades, todo parece indicar que lo mismo sucede con la vertiente "formativa", de la educación. Ésta queda prácticamente reducida a la "información": "Es deber del Estado promover la orientación e información científica sobre la sexualidad y la reproducción, de manera sencilla, precisa y veraz, en todas las etapas del ciclo vital humano" (Art. 9 del Proyecto de Ley).
Una vez más, nos encontramos frente a un reduccionismo peligroso. Limitar la educación a una mera información tiende fácilmente a una imposición de un solo punto de vista, el del programa o del educador, o a una "permisividad a-critica": "Todo es bueno y todo está permitido... pero utilizando un condón".
4. Justifican la "educación sexual y reproductiva" desde la negatividad, para combatir las infecciones de transmisión sexual, el VIH/SIDA y el embarazo precoz. Aparentemente, el MEDUCA y el MINSA se han convertido en un cuerpo de bomberos para apagar el fuego.
La sexualidad no es algo negativa, no es un "problema". Nosotros, los mismos seres humanos y sobre todo los y las adulto(a)s, la hemos convertido en un problema. Y las políticas propuestas por el proyecto de ley y la Guía tienden a profundizarlo aún más.
La educación es, ante todo, "humanización"; es integrar y fortalecer cuerpo, mente y espíritu con sentido de libertad y responsabilidad. Es dentro de este contexto que se debe considerar la sexualidad humana, no como algo negativo sino como un valor positivo y una potencialidad muy rica, pero que requiere ser humanizada. Dentro del proceso del "Desarrollo Humano Integral", la humanización de la sexualidad debe ocupar el espacio que la corresponde.
Queda entendido que no debemos ignorar las realidades e, incluso, los peligros de unas conductas sexuales desordenadas. Es también evidente que frente a éstas y otras realidades se debe tomar las medidas pertinentes, sobre todo, en el campo de la educación y la salud. Pero, las medidas a tomar deben promover el verdadero "Desarrollo Humano Integral", tanto de las personas como de la sociedad. En este sentido, tanto el proyecto de ley como la Guía quedan cortos. Ambos están inspirados en una antropología reduccionista y demuestra un desconocimiento total del verdadero "Desarrollo Humano", y del proceso de "Humanización".
proyectoseducativos@ymcapanama.org

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América