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La educación y el poder


La información es poder. Por eso quien controle su flujo tiene en sus manos un arma poderosísima. No es casual que cualquier aspirante a tirano, lo primero que intente hacer es controlar a los medios de comunicación masivos. Una vez alcanzado ese objetivo, la ciudadanía estará inerme frente a cualquier felonía.
El Premio Nobel de Economía Amartya Sen señaló, en su obra "Desarrollo y Libertad", que en aquellas regiones donde las libertades políticas son efectivas nunca hubo hambrunas. Los pobres tienen la posibilidad de hacer conocer sus necesidades. A partir de ello, la presión de la opinión pública obliga a sus gobernantes a tomar los recaudos necesarios.
Esto no lo dice a modo de opinión, sino avalado con rigurosas investigaciones. La "ideología" también es poder. Por lo tanto, quien tenga a su favor a las masas, es quien realmente "dirige" los asuntos comunitarios. Sea gobernante o no. Cualquiera que tenga experiencia política reconoce, que no se puede gobernar en contra de la voluntad ciudadana. Es así, que el verdadero campo de batalla político es en el terreno de las ideas. Incluso los dictadores deben acatar esa realidad.
Hasta el siglo XIX, esa contienda era transparente. Frente a grupos de personas o a través de los medios escritos, las diversas posiciones eran divulgadas. Cada uno trataba de convencer a la población de las "bondades" de su respectiva doctrina. La lucha era franca, aunque pudiera ser violenta.
Sin embargo, es en ese mismo siglo cuando la situación comienza a tomar un nuevo cariz. Varios pensadores, sobretodo los liberales, empiezan a plantear la necesidad de educar al pueblo. La aspiración era dotar a las personas con los resortes intelectuales necesarios para que pudieran formarse con "espíritu crítico". Condición indispensable, si se quiere hablar con propiedad de "libertad de conciencia". Y lo que empezó siendo un generoso concepto, sutilmente fue siendo absorbido por fuerzas extrañas a él.
Aunque no resulte tan evidente, la educación es una forma de transmitir información. Esa falta de claridad con respecto a ese crucial punto es lo que permite que sociedades democráticas no admitan la "intromisión" gubernamental en la libertad de expresión o prensa, pero vean con beneplácito el "control" estatal del sistema educativo. Porque seamos claros. Que consideremos algo deseable que nadie se vea privado de acceder a una buena educación y dispongamos de dineros fiscales para ello, no significa en modo alguno que el Estado debe brindarla. Mucho menos otorgar "habilitaciones", "permisos" o determinar los "programas" que han de dictarse obligatoriamente.
Los antiguos griegos se horrorizaban de tan solo pensar que alguien, ni aún los huérfanos, pudiera ser "formado" bajo la égida del poder político. Conocían cabalmente cuáles son los intereses que lo mueve: el perpetuar su influencia personal. No dudaban que bajo esa circunstancia sería muy difícil que la semilla de la libertad pudiera germinar.
Hasta ahora, al menos en democracia, no se había reconocido abiertamente el enfrentamiento sordo entablado entre facciones rivales, por controlar las mentes y los espíritus de sus conciudadanos.
Siempre resulta grato que por un desliz verbal, la "verdad" irrumpa caudalosamente sobre el escenario público. El desliz provino de Tabaré Vázquez, presidente electo uruguayo.
Durante una entrevista realizada en Argentina declaró que el país deberá tener un sistema educativo "que lo libere de la dependencia internacional" porque los "programas educativos fueron dictados desde afuera" y "no se condicen" con "la realidad social" de los uruguayos.
Agregó que "la educación es el elemento fundamental para darle a nuestra gente esas armas que nos liberen de situaciones de dependencia que no queremos". Coincidentemente, una prominente autoridad expresó en diciembre pasado que los orígenes de las críticas de docentes a la enseñanza están "más vinculados a la cuestión del poder que al tema educativo"
Lo exacto es que desde que tenemos al gobierno metido en la Instrucción Pública somos menos libres… y cada vez más subdesarrollados.
* Analista uruguaya.
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