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La encrucijada de América Latina y de Panamá


Enrique Iglesias, desde su privilegiada atalaya como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo es un observador de excepción del acontecer latinoamericano y un profundo conocedor de los problemas y posibilidades de la región. Además tiene, como pude comprobar durante el período que formé parte del Directorio Ejecutivo del banco, una extraordinaria capacidad para encontrar aristas positivas a las difíciles situaciones que día a día le presentan las naciones del continente, urgidas de soluciones rápidas. Por ello, precisamente, su más reciente evaluación de la realidad presente de América Latina debe ser objeto del más serio análisis y producir justificada preocupación.
En una reciente reunión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, convocada para examinar el "impacto socioeconómico de los actos terroristas del 11 de septiembre sobre los estados miembros y el daño causado especialmente a las economías más vulnerables y más pequeñas", el presidente del BID expresó que los efectos negativos de esos actos encuentran a la América Latina y el Caribe "en su peor coyuntura, quizás en décadas" y para ilustrar su afirmación aportó algunos indicadores, que recojo de su intervención.
Una disminución dramática del turismo dirigido, principalmente hacia el Caribe y Centroamérica, y también hacia Sudamérica; El costo de las exportaciones ha subido hasta cerca del 10% debido a las razones de seguridad; El precio de las materias primas, excluido el petróleo, ha caído un 26% desde 1997, lo que se traduce en una pérdida de ingresos para la región de entre 60,000 y 70,000 millones de dólares; La corriente de capitales hacia la región ha disminuido de un nivel de 100,000 millones a finales de 1997 y comienzos de 1998 a sólo 50,000 millones, en marzo de 2001; La inversión extranjera ha sufrido una reducción significativa, comparándola con los niveles de 1998 y 1999, pues ha descendido de 72,000 millones a 57,000 millones, en la actualidad.
Como resultado directo de esas nuevas circunstancias el BID, así lo expresó Enrique Iglesias, ha reducido al 1% su estimación del crecimiento de la región para el año 2001.
Cuando cifras tan contundentes, con su dramática crudeza, nos indican la gravedad de la encrucijada en que se debate nuestra región, resulta paradójico, por decir lo menos, que algunos de nuestros políticos locales, ciertamente desconectados del mundo en que vivimos, insistan en achacarle culpas al Gobierno por el estado de la economía panameña que, al igual que las demás, vive la coyuntura crítica descrita por el presidente del BID. Y es todavía peor que, además, adopten actitudes reticentes y hasta mezquinas para entorpecer, por ejemplo, que se pueda recurrir al Fondo Fiduciario para inyectar recursos a nuestra economía, recursos que no podemos esperar que vengan de ninguna otra parte.
Nuestros políticos, insisto, haciendo frente con altura de miras a una realidad que tiende a agravarse en los meses futuros, debieran comenzar a enviar señales positivas al resto del país, deponiendo algunos de los sectarismos que han aflorado en el diálogo que adelantan y concentrarse en la búsqueda de consensos que permitan poner en práctica a corto plazo medidas reparadoras, mediante un programa de inversiones públicas financiado con recursos del Fondo Fiduciario que, por lo menos, aminoren los efectos de la crisis sobre los sectores más pobres del país.

101 años de Panamá América

 
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