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La encrucijada del alcalde Vallarino


Al igual que voté por el señor Martinelli, también voté por Bosco Vallarino. Mi decisión, la he explicado antes, fue consecuente, en uno y otro caso, con mi prioridad política, que era impedir que el PRD se perpetuara en el poder, fuera éste nacional o municipal. Por consiguiente, no me arrepiento del voto emitido; pero tampoco me considero limitado para expresar mis puntos de vista, con absoluta independencia, sobre las conductas que estimo equivocadas del denominado “gobierno del cambio”.

El alcalde Vallarino, no hay que llamarse a engaño, logró escalar al cargo que ostenta gracias a que sus aliados le allanaron el camino, electoral y legalmente; pero desde la campaña evidenciaba muchas fallas y carencias que el tiempo que lleva en el ejercicio del cargo han agudizado y que lo han convertido en blanco favorito de los medios, de adversarios políticos y, por lo que parece, hasta de antiguos aliados y defensores.

¿Es Bosco Vallarino el peor funcionario del gobierno del cambio, como se empeñan en señalar muchos medios? ¿Qué tanto han contribuido a fomentar esa imagen los disparos de “fuego amigo”, encubiertos por “las sanas preocupaciones” de sus antiguos aliados?

Consideradas las circunstancias en que le ha tocado ejercer el cargo, con un Concejo Municipal abrumadoramente controlado por el PRD, la tarea del Sr. Vallarino no era nada fácil. Pero creo que ha sido un error de su parte que en varias ocasiones haya considerado conveniente “transar, negociar o someterse al chantaje” de los concejales. En lugar de mejorar su situación, la ha empeorado y su “autoridad y valor políticos” se han mermado visiblemente.

Vallarino no es, desde luego, el peor funcionario del “gobierno del cambio”. Los hay peores, pero el protagonismo del alcalde como blanco predilecto de los medios les está sirviendo de escudo protector, al desviar la atención que debiera recaer sobre ellos. Funcionarios como el director del Tránsito o el director de la Policía, responsables directos del caos vehicular, que aumenta en vez de disminuir, y de la inseguridad, que igualmente crece de manera exponencial, a diferencia del alcalde han contado con recursos casi infinitos, pero los resultados no llegan sino que se alejan.

La “crisis” de la gestión alcaldicia ha alcanzado su punto más alto con el problema de la basura que, para ser justos, no es de la exclusiva responsabilidad del Sr. Vallarino. Acorralada por las deudas impagas, incluidas las enormes cantidades que debe el gobierno y la falta de equipos, la DIMAUD poco podía hacer.

Si el gobierno del Sr. Martinelli hubiera querido, el problema de la basura no hubiera alcanzado sus dimensiones actuales. Hace mucho tiempo pudo haber destinado los recursos para que la alcaldía lo enfrentara. Por eso, toda la alharaca que ahora se ha montado sobre las “enérgicas e inmediatas acciones” que ejecutará una “comisión de altísimo nivel del Órgano Ejecutivo” para solucionar el problema que “el alcalde fue incapaz de solucionar”, me parece demagógica. Como se trata de un problema que sufre y siente el mayor conglomerado de votantes del país, alguien o algunos, han visto la oportunidad de “ganar puntos políticos”. La encrucijada del Sr. Vallarino no es envidiable. Y de cómo la manejará, creo, dependerá, y no exagero, su permanencia en el cargo.

101 años de Panamá América

 
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