La escuela imbecilizadora
Si mis cuentas sobre el paso del tiempo no se equivocan, creo que llevó un cuarto de siglo de lamentar y de escribir lamentaciones sobre la dirección imbecilizadora que lleva la educación en Panamá desde hace décadas, puesto que ni siquiera conduce ya al nivel de formación necesaria para que el ser humano entre en la sociedad.
Las grandes naciones europeas decidieron inventar la educación obligatoria alrededor de 1880 dentro del proceso del nacimiento del estado nacional y gigantescos cambios en la economía y en la sociedad. Fue entonces también, por cierto, cuando apareció el imperialismo en su manifestación más voraz, como lo prueba la famosa frase de Cecil Rhodes que, mirando el cielo nocturno de su feudo en Rodesia, se dijo: "Si pudiera, anexaría las estrellas".
La meta de esa educación universal era, pues, que todo ciudadano hablara el mismo idioma, y que la población, en su natural renovación de muertes y nacimientos, se viera alimentada constantemente por individuos que, por lo menos, supieran leer, escribir y hablar.
Aunque el lenguaje había sido el propósito principal de la escuela hasta el Renacimiento, lo cierto es que, alarmadas por la Revolución Francesa, las grandes monarquías europeas decidieron establecer dos niveles de educación: la instrucción de las élites y la educación de las masas, pero actualmente es fácil comprobar que ambas están sufriendo un deterioro cada vez mayor. Incluso las élites de las primeras potencias han comenzado ya a llenarse de lo que llamaría yo "educados superficiales", dado que, por encima de ese interés de ilustración básica, ha prevalecido el miedo de que las masas aspiren a más bienestar. El primer corolario es la aparición de ingentes masas irracionales.
¿Será posible que, en este gobierno o en el que sigue, alguien con poder reconozca que, si el niño no ha adquirido la sintaxis básica antes de los diez años, posiblemente nunca podrá aprender a hablar y a escribir bien? Hace dos siglos, Thomas Hobbes escribía que lo primero que había que hacer en la universidad de su tiempo era eliminar la frecuencia del uso de palabras y de frases que no significaban nada. Ahora, en Panamá y en muchas otras partes, esa recomendación se aplica a la primaria, a la secundaria, a la universitaria y, quién sabe qué vendrá después de la imbecilización general.