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La esperanza del panameño


Los que crean, tirios y troyanos, que nosotros estamos ansiosos porque el gobierno de Mireya Moscoso se mantenga o aumente en su desastre, están muy equivocados. Tenemos la suficiente capacidad política para entender muy bien que en democracia unos pierden y otros ganan, y que el que pierde tiene que reconocer en el ganador el derecho de gobernar a su estilo y manera sólo respetando las normas del derecho vigente, que no es otra cosa que vivir en orden la convivencia de los pueblos.
Mireya Moscoso ganó, por las razones que fueren, con un amplio margen de ventajas para que sea reconocida como la Presidenta de todos los panameños.
Con una inscripción de lectores que no llegaba a la mitad siquiera de su contendor, la votación presidencial la catapultó casi a cinco veces más que lo que tenía registrado en el Tribunal Electoral. El pueblo votó seguro por la presidenta Moscoso e hizo un reparto distinto para los legisladores. Ese título legítimo de mando, no nos queda la menor duda, hay que acatarlo respetándolo.
Pero cuando un gobierno o una presidenta comienza a incumplir sus promesas de campaña, a hundir al país cada día más en el desempleo y la miseria, el pueblo tiene todo el derecho de rebelarse y de llegar a los extremos si la tragedia cunde en la vida cotidiana del pueblo, y cuando esto va acompañado con la pérdida de la credibilidad administrativa, entonces, la impotencia se convierte en reacción viva de rechazo.
Esto lo decimos porque Panamá entero, no sólo los arnulfistas desterrados, suplantados y destituidos en sus acervos de lucha, lo saben y buscan en desesperación que su gobierno arnulfista salga del marasmo, rectifique y ponga a marchar al país por senderos de esperanza. Y decimos todo esto, que hemos repetido en el pasado, porque hoy vamos a hacer un reconocimiento en materia vital para Panamá. Queremos creer que el gobierno de la Presidenta ha tenido un gran acierto.
Si las personas no cambian, la designación del ingeniero Laurencio Guardia para dirigir al IDAAN ha sido uno de los aciertos más oportunos que ha tenido esta administración.
Laurencio Guardia es un hombre probado. Ha estado en importantes y delicadas posiciones de gobierno. De ellas ha salido ileso su profesionalismo, su capacidad de trabajo, su honestidad y su suave discreción, que no por suave es menos firme para tomar decisiones, es decir para saber decir que no cuando su integridad está de por medio. El problema del agua es un problema para la existencia del panameño. Es deber del Estado proveer de agua potable limpia y sana a todos. Es una responsabilidad inalienable del gobierno de turno; enfermedades mortales pueden venirnos si se nos da agua contaminada.
El Estado no puede rehuir, mediante privatizaciones directas o indirectas, su obligación de administrar, procesar y suministrar este líquido vital. El trabajo para Laurencio Guardia será un trabajo monstruoso. Todas sus facultades se pondrán a prueba y todos los panameños tenemos la obligación de ayudarlo a salir adelante. Moscoso está a prueba. Dijo no privatizar el IDAAN y lo está cumpliendo, pese a que piratas de abordo presionan para que lo haga; dijo que no privatizaría la Caja de Seguro Social y lo está cumpliendo. Juan Jované es una garantía en ese sentido, además de que ante el espanto de la crisis contribuye con sería responsabilidad a paliarla, ayudando al gobierno y también al Seguro Social en los intereses que deben devengar su dinero.
Para nosotros hubo una falla cuando Mireya despojó a Alejandro Posse del MIDA. Este ministro arnulfista no hizo otra cosa que cumplir la promesa de campaña de Mireya a los productores nacionales y con lo cual siempre nosotros estuvimos de acuerdo, que era ayudar a los productores con posibilidades dentro de las imposiciones de la globalización a salir adelante.
Necesitamos concretar una esperanza de recuperación nacional. La Presidenta y su gobierno, con pasos como los dados para el IDAAN, dejan un respiro a esas esperanzas.

101 años de Panamá América

 
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