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La estructura administrativa


La discusión sobre la estructura administrativa de la educación en los planos nacional y local, durante los últimos años, ha sido rica en enseñanza. Han quedado de manifiesto las gravísimas deficiencias de la actual estructura: falta de continuidad, de integración, de coordinación y de correlación entre las múltiples unidades que dirigen los diversos sectores, niveles y aspectos del sistema; duplicación y repetición de esfuerzos como resultantes naturales de la tendencia de cada servicio a la autarquía y a una mal entendida independencia; lamentable indefinición y confusión de las funciones consultiva, técnica y ejecutiva; debilidad y escaso desarrollo de las dos primeras, agravados, si cabe, por el mal aprovechamiento de los limitados recursos técnicos disponibles, debilidad de la última por la interferencia sistemática de las presiones partidistas; falta de comunicación efectiva entre los diversos elementos y niveles del sistema; excesivo, casi exclusivo, centralismo que, por un lado, retarda innecesariamente el cumplimiento de las tareas administrativas y rutinarias y, por otro, abruma a los funcionarios superiores, empezando por el Ministro (a), con la atención de problemas de detalle que deberían ser resueltos con mayor prontitud y economía a otros niveles.

Como correlato de la parcelación y de la desintegración de las tareas administrativas y las fallas de la comunicación, se destaca la tendencia al autoritarismo, al personalismo, y a la decisión arbitraria, al viejo concepto de cumplir y hacer cumplir sin tener siempre bien claro el por qué y el para qué, que solo provoca frustraciones y desalienta el espíritu creador sin el cual la administración se convierte en un castillo kafkiano de trámite y rutina.

Ha quedado de manifiesto, también, y hay que decirlo francamente, que aun percibiendo, por haberla sufrido en carne propia, las principales deficiencias de nuestra maquinaria administrativa, la mayoría de los educadores y personal administrativo tiene un conocimiento muy general de las complejas características de la actual organización y de su funcionamiento, y muchos de ellos no han tenido la oportunidad de apreciar el papel decisivo de la estructura administrativa en la eficiencia del sistema escolar. Ello revela un serio vacío en la formación de los maestros, sobre todo en el nivel medio, que se ha concentrado en los principios teóricos del proceso educativo, en el dominio de las materias y de los métodos de enseñanza, y ha descuidado, tal vez por suponerlo obvio o de conocimiento simple, lo relativo a la administración y gobierno del sistema escolar.

Tenemos maestros de aula capaces de trabajar en buenas condiciones con los alumnos, pero en general no tenemos administradores competentes, ni maestros con una adecuada comprensión de lo que significa, para la eficiencia misma de su trabajo con los alumnos, el que éste esté respaldado por una buena administración. ¡Es hora de actuar!

101 años de Panamá América

 
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